ANATOMÍA DE BOLONIA

Muchas virtudes genera la ciudad de Bolonia. Aparte de su deliciosa y variada pasta fresca, de la estupenda salsa boloñesa y de ser considerada una de las ciudades más influyentes de Italia, esconde maravillas inesperadas. Además, y no es poca cosa, su Universidad es la más antigua de Europa, en activo desde el siglo XI. En ella se llevaron a cabo los estudios más prestigiosos de Jurisprudencia y de Filosofía, Matemática, Medicina, Ciencias físicas y Ciencias Naturales.

Precisamente hacia el edificio que albergaba la originaria sede de los estudios universitarios dirigimos nuestra mirada de hoy. En la actualidad funciona como biblioteca pública, pero fue erigido en pleno casco antiguo boloñés con el fin de acoger en una única ubicación todos las disciplinas que la Universidad impartía y que, desde su creación, estaban dispersas en diferentes lugares de la ciudad.

Bolonia, Archiginnasio, Anatomía

Edificio del Archiginnasio de Bolonia visto desde el patio con pórticos de su interior

Este nuevo emplazamiento, cuya construcción finalizó en 1563, fue nada más y nada menos que un encargo papal. Pío IV ordenó su construcción bajo la supervisión del cardenal Carlo Borromeo, es decir, el futuro San Carlos Borromeo. Estas eminentes personalidades pensaron que un buen arquitecto para sacar adelante el proyecto sería Antonio Morandi, y no se equivocaron. El edificio es imponente, elegantísimo y adecuado a sus funciones. El arquitecto creó una nueva fachada y reorganizó su proyecto constructivo sobre edificaciones anteriores. Bajo los cánones renacentistas, la construcción responde a las características edilicias que dictó el arquitecto romano Vitruvio y que serían, sobretodo en el Renacimiento, las directrices seguidas por cualquier arquitecto que se preciara. Hablamos de la Solidez (Fortitudo), la Funcionalidad (Utilitas) y la Belleza (Venustas). La nueva edificación se bautizó con el nombre de Archiginnasio, denominación que todavía mantiene actualmente.

Entramos por el patio porticado y subimos las escaleras que vemos a nuestra izquierda. No podemos dejar de observar el hecho de que paredes, bóvedas y techos están completamente decoradas con escudos heráldicos y inscripciones en honor a insignes personajes de la casa. Se cuentan más de siete mil escudos que inmortalizan el paso por la Universidad boloñesa tanto de alumnos como de profesores, desde el siglo XVI hasta principios del XIX, cuando el edificio dejó de funcionar como sede de los estudios por nuevas necesidades prácticas.

Bolonia, Archiginnasio, Escudos heráldicos

Pared con escudos heráldicos en el Archiginnasio boloñés

Una de las disciplinas que se estudiaba en el Archiginnasio era la medicina y para el aprendizaje de la misma era imprescindible, como lo es hoy, el estudio de la anatomía. Para enseñar a los alumnos la disección de cadáveres y todo lo que conlleva se construyó, en 1637, el alucinante Teatro Anatómico de la Universidad de Bolonia. Totalmente elaborada en madera y con forma de anfiteatro, la sala se nos presenta como un mundo aparte. Entramos en ella y no podemos escapar a la sensación de ser transportados directamente al seno de la curiosidad estudiantil ambientada en el siglo XVII: escalpelo en mano, nos viene a la memoria el famosísimo cuadro de Rembrandt y, de paso, un escalofrío al ponernos en situación…

Teatro Anatómico: Bolonia, madera, anatomía, medicina

Teatro Anatómico de Bolonia. Realmente espectacular.

El artífice del Teatro fue el arquitecto Antonio Paolucci llamado Il Levanti y responde a los gustos intelectuales del momento y a la erudición que una sala de estas características debe desprender. De este modo, en lo alto y rodeando el anfiteatro, distinguimos bustos en madera de médicos anatomistas reputados que estudiaron en la Universidad boloñesa, mientras que a media altura contemplamos doce estatuas de médicos importantes, tanto antiguos como de la historia italiana conocida hasta entonces (Hipócrates, Galeno, Sbaraglia, Aranzio, Varignana,…). En medio de la sala, la sobrecogedora mesa de disección, con su blanco y duro mármol…
Otro elemento que requiere nuestra atención, sin duda es la Cátedra del Lector:

Archiginnasio, Bolonia, Cátedra, desollados, madera

Cátedra del Teatro Anatómico

Las estatuas que podemos ver son absolutamente magníficas. Impresionan sobremanera, ya que salta a la vista que son dos desollados esculpidos en madera (en el año 1734) y cuyo realismo no es apto para impresionables. Coronando la Cátedra: la personificación de la Anatomía.
Incluso el techo es digno de admiración. Observamos al dios Apolo (protector de la medicina) en el centro, acompañado por las personificaciones de catorce constelaciones: Géminis, Hidra, Perseo, Orión, Sagitario, Acuario, Andrómeda, Serpiente, Bootes, León, Auriga, Virgo, Hércules y Centauro. En la época, como en la Antigüedad, se relacionaba la astrología con el cuerpo humano. En tiempo de los primeros médicos conocidos, las predicciones astrológicas eran tenidas en cuenta antes de abordar las operaciones medicinales, los diagnósticos o los remedios a aplicar.

Archiginnasio, Teatro Anatómico, Bolonia, techo, constelaciones, Apolo

Techo del Teatro, donde contemplamos a Apolo en el centro, rodeado de las Constelaciones

Como se puede constatar, ir a Bolonia y no disfrutar de este encuentro con la ciencia del pasado sería una verdadera lástima. Añadir que la capacidad destructiva humana propició, durante la Segunda Guerra Mundial, que un bombardeo en 1944, destruyera buena parte del Teatro Anatómico. Pero recalcar también que, gracias a la tenacidad constructiva humana, los boloñeses recogieron astilla a astilla y pedazo a pedazo de este extraordinario anfiteatro y lo reconstruyeron con todos los elementos originales. Casi nada.

Anuncios

LÁGRIMAS DE MONTEVERDI

Vamos a situarnos a principios del siglo XVII, en una de las ciudades más bellas, únicas e insólitas del mundo: Venecia. En agosto de 1613, y después de pasar lo que nosotros denominaríamos unas oposiciones, Claudio Monteverdi es elegido, por unanimidad, maestro de capilla de la basílica de San Marco de Venecia. Desde 1590 y hasta 1612, el compositor había estado al servicio de los Gonzaga en la corte de Mantua. Una relación profesional llena de desacuerdos y de fricciones, las cuales no afectaron en lo más mínimo, ni la inmensa y extraordinaria producción musical de esos años, ni la calidad indiscutible de la misma. Lo cierto, y las cartas personales escritas por el propio Monteverdi nos lo certifican, es que en Venecia es feliz. Puede trabajar serenamente, componer a su ritmo y ser pagado regularmente, además de tener a sus órdenes a un ayudante con el cargo de vicemaestro, a dos organistas, a más de treinta cantores y a más de veinte instrumentistas de cuerda y viento, lo que supone un número de músicos profesionales absolutamente elevado para las formaciones de la época.

Monteverdi, Sestina, 1614, Sexto Libro de Madrigales

Claudio Monteverdi según un retrato de Bernardo Strozzi realizado en 1640

Es en 1614, en este favorable ambiente, y cuando Monteverdi tiene cuarenta y siete años, cuando publica su Sexto Libro de Madrigales. Pongámonos en antecedentes. El madrigal será el tipo de composición poético-musical escogida mayoritariamente para dar rienda suelta a la música vocal profana del momento. Surge del interés, a finales del Renacimiento, por recuperar la importancia y el entendimiento del texto que se canta, frente a la complejidad de la polifonía renacentista, donde la música es la protagonista, en detrimento de la palabra. El origen del madrigal en Italia viene dado por composiciones como las frottole (de moda desde finales del siglo XV hasta mediados del XVI), es decir, canciones estróficas donde voces e instrumentos suenan a la par, con armonías sencillas, en las que aquello que se dice es lo interesante. No obstante, esta simplicidad se verá superada rápidamente, sobre todo si tenemos en cuenta que el madrigal se cultivará en ámbitos cultos, refinados, y de una intelectualidad al alcance de pocos. Por este motivo, estos pensadores humanistas irán más allá en la búsqueda de la pureza de la palabra y recurrirán a las tragedias griegas antiguas donde el texto era lo fundamental aunque fuera recitado con música. El madrigal necesitará entonces una forma mucho más rica e interesante que la de la frottola. Habitualmente será escrito a cinco voces cantadas, con la posibilidad de ser dobladas, o no, por instrumentos, a elección de los intérpretes.

Monteverdi, madrigales, Sexto Libro

Portada de la publicación en Venecia del Sexto Libro de Madrigales de Monteverdi

Y utilizará poesía no basada en una estructura de innumerables estrofas, sino en formas poéticas más breves y concentradas, como los sonetos, las octavas, etc., de manera que si una poesía, por ejemplo, se compone de cuatro partes, cada una de ellas será un madrigal. Añadiremos a todo esto el hecho de que Monteverdi escoge poesías de primer nivel. Desde Petrarca y Boccaccio hasta los mejores poetas contemporáneos como son Rinuccini, Guarini o Tasso, entre otros. Una suma de excelencias que procurará a nuestros oídos una música que mueve directamente las pasiones del alma.

Es a este llamamiento directo de los sentimientos al que apelamos cuando dirigimos nuestra atención a una de las obras que contiene el citado Sexto Libro de Madrigales. Se trata de la Sestina, subtitulada: Lagrime d’amante al sepolcro dell’amata (Lágrimas del amante sobre el sepulcro de su amada). La constatación de que el libro se publicara en 1614 no quiere decir que sus composiciones fuesen de ese año.

Es el caso de la Sestina, elaborada seguramente en 1608, cuando el compositor todavía trabajaba en Mantua. Es en febrero de ese año cuando ocurre una desgracia inesperada en la corte del duque Vincenzo Gonzaga. La joven y competentísima cantante romana Caterina Martinelli, también al servicio de la corte mantuana, enferma y fallece. La muerte de Caterina, muy apreciada por el duque Vincenzo y por Monteverdi -ya que probablemente tomó clases de canto con la esposa del compositor-, entristece enormemente a todo su entorno. El duque encarga al poeta Scipione Agnelli los versos de la Sestina y a Monteverdi su puesta en música.

Monteverdi, notación, facsímil

Partitura de una Salve Regina de Monteverdi, donde vemos la notación musical del siglo XVII y la misma pieza en notación musical de nuestros días

Llamamos Sestina a la composición, precisamente porque consta de seis partes que a su vez están constituidas por seis versos cada una de ellas, más un breve epílogo de tres versos. La temática y la dedicación de estas poesías nos la podemos imaginar: dolor, desesperación, impotencia, desgarro, tristeza extrema ante lo que ya no tiene marcha atrás: la muerte de la persona amada. Glauco, nuestro pastor enamorado, llora y se lamenta sobre la tumba de Corinna, el amor de su vida que yace en un frío sepulcro. Monteverdi es capaz de mostrarnos, con su talento, tal sentimiento, tal fuerza y tal dimensión de la tristeza hecha música que no puedo explicaros con palabras todo lo que llega a transmitir. Debéis escuchar la obra para comprender y dejaros llevar por los contrastes anímicos, viscerales y sublimes que ahondan de manera magistral en el sentimiento de cada uno de nosotros. Veréis en la Sestina, el naturalismo de Caravaggio, el cromatismo de Rubens, la perfección de las formas de Bernini… Experimentaréis el amor explicado musicalmente. Y si sois cantantes y alguna vez tenéis la oportunidad de interpretarla, notaréis como el dolor transformado en materia sonora fluye sin remedio por vuestras venas.

Podemos entender todavía mejor esta composición fuera de lo común si pensamos que Monteverdi la escribe para esta joven malograda, pero, según mi opinión, pensando y sintiendo otra muerte: a finales de septiembre de 1607 muere su esposa. Su amada esposa. Nos consta que el compositor estaba muy enamorado de ella y que jamás se recuperó de su falta. Escuchando, sintiendo, viviendo el universo musical completamente adaptado a las palabras que Monteverdi nos ofrece en la Sestina, creo que no nos equivocamos si pensamos que estamos llorando su pérdida con él.

Darà la notte il sol lume alla terra,

splenderà Cintia il di, prima che Glauco

di baciar, d’honorar lasci quel seno

che fu nido d’Amor, che dura tomba preme.

(Dará la noche el sol y la luz a la tierra,

resplandecerá Cintia (la Luna) en el día, antes que Glauco

deje de besar y de honrar ese seno

que fue nido de su Amor, y que la dura tumba aplasta.)

Sólo con leer estos conmovedores versos de la Sestina podemos figurarnos su increíble belleza total. Una recomendación: escuchad la versión del grupo Concerto Italiano publicada por Opus 111 en 1992.

 

LA CELDA DE PEDRALBES

Apartada del centro de la ciudad, en la zona alta de Barcelona, se ubica una joya muy especial: el monasterio de Pedralbes. Su austeridad arquitectónica exterior, nada tiene que ver con la riqueza de obras de arte que alberga entre sus muros. El nombre Pedralbes, proviene de la suma de dos términos piedra y blanca, en referencia a la palidez de las piedras con las que fue construido, originarias de la zona.

Pedralbes: monasterio, clarisas, celda

Claustro e iglesia del monasterio de Pedralbes

Su creación tiene origen en una fundación real. Jaime II el Justo y Elisenda de Montcada son los artífices de la misma, en el año 1326. La orden religiosa encargada de dar vida al monasterio fueron las Clarisas. Evidentemente, al tener la fundación una génesis real, las monjas de la comunidad eran básicamente hijas de nobles, lo que facilitó al monasterio contar con grandes dotes y generosas posibilidades económicas, sobre todo si tenemos en cuenta que la propia reina Elisenda hizo de Pedralbes su lugar de retiro y decidió enterrarse allí.

Enfocamos nuestra mirada al claustro. Un magnífica obra arquitectónica de tres pisos que por sí sola ya vale la visita. Si además le añadimos que encierra nuestro sorprendente objetivo, tenemos la combinación perfecta. Efectivamente, es una de las dependencias del claustro lo que atrae especialmente nuestra atención. Se trata de una celda de oración. Pero como podemos imaginarnos, no es una celda cualquiera. Hablamos del espacio privado de oración que encargó la abadesa Francesca Saportella: la capilla de Sant Miquel, decorada totalmente con frescos de uno de los pintores con más personalidad del siglo XIV, es decir, Ferrer Bassa. Las pinturas fueron encomendadas en 1346, cuando el monasterio todavía estaba en construcción.

Ferrer Bassa: Pedralbes, capilla de Sant Miquel

Interior de la capilla de Sant Miquel donde podemos apreciar las impactantes pinturas del maestro Ferrer Bassa

Ferrer Bassa traslada a este pequeño espacio barcelonés el estilo italianizante que imperaba en la pintura gótica del momento, pero con una particularidad muy concreta y extraordinaria. El maestro Bassa seguramente fue discípulo nada más y nada menos que del gran Giotto, y esa huella memorable la podemos disfrutar contemplando estos inauditos frescos. Ferrer Bassa aprende del maestro italiano el gusto por la coloración, la volumetría escultórica, la necesaria expresividad y dinamismo de las figuras para dar veracidad a lo que se narra con imágenes y los rasgos en los rostros de los personajes: sus ojos rasgados, sus líneas expresivas, sus gestos de emoción humana. Todo pasado por el rasero y el carácter de nuestro pintor, con un resultado refinado, fuertemente personal y altamente conmovedor.

Ferrer Bassa, capilla Sant Miquel, Prendimiento

Aquí podemos ver los rasgos giottescos pasados por el pincel de Bassa, los cuales confieren a las figuras una expresividad completamente única

Sumamos a todas estas singularidades, el hecho de que tenemos el contrato del encargo. No es nada habitual poseer este tipo de documentos. Muchas veces se han perdido en incendios, destrozos, malas gestiones o vicisitudes varias. Estamos hablando de un contrato del siglo XIV. Que se haya conservado hasta nuestros días es toda una proeza, ya que en muchas ocasiones conservamos el contrato, pero no la obra de arte y la mayoría de las veces, podemos contemplar la obra, pero sin la documentación que la acredita y no sabemos por supuesto ni quién la pintó y mucho menos quién la encargó. En este caso, gozamos de los dos elementos. Podemos leer en el contrato que la abadesa se compromete a pagar a Ferrer Bassa doscientos cincuenta sueldos por el trabajo más la comida de él y de sus ayudantes, pagando por adelantado cien sueldos de lo acordado y los ciento cincuenta restantes al finalizar las pinturas.

El maestro Bassa proyecta el ciclo de frescos de la capilla, no al azar, sino pensando muy bien qué quiere representar y cómo quiere hacerlo. De este modo, escoge escenas de la Pasión de Cristo, los Gozos de la Virgen y diferentes figuras de santos, todas inspiradas en las devociones franciscanas. No olvidemos que es un monasterio de Clarisas.

Ferrer Bassa, capilla Sant Miquel

Escena de la Oración en el Huerto y Prendimiento en capilla de Sant Miquel. Observemos el dinamismo y la volumetría de las figuras

La reciente restauración de los frescos ha hecho posible conocer la técnica utilizada por el maestro. Se ha constatado que realizó el trabajo sirviéndose de una técnica mixta de pintura al fresco en la mayoría de zonas de la capilla, completada en otras muchas partes por pintura al seco. Esta pintura al seco vendría a dar el toque final de color -en algunas zonas- a la base de pintura al fresco aplicada anteriormente.

Ferrer Bassa, a parte del particular estilo citado, aporta a las pinturas de Pedralbes innovaciones técnicas de vanguardia adquiridas en su aprendizaje italiano. Así, en el estudio minucioso de los frescos podemos ver como se sirve del spolvero para las cenefas y estrellas del techo y de las giornate para la consecución de los mismos. El spolvero consiste en dibujar sobre un cartón preparatorio, a tamaño real, el contorno de aquello que queremos representar. Con un punzón, se hacen agujeros a lo largo de todo este contorno, se apoya el cartón en la superficie donde queremos trasladar el dibujo, y con un carboncillo se pintan los puntos agujereados de tal manera que el contorno agujereado queda marcado en la pared. Ya tenemos nuestro dibujo marcado para ser pintado.

Ferrer Bassa, capella Sant Miquel, cenefa

Cenefa de la capilla donde vemos las marcas de los puntos agujereados en la técnica del spolvero

Las giornate son las pequeñas porciones de superficie preparada para pintar al fresco que el pintor sistematiza para poder aplicar la pintura correctamente. Lo nuevo que Ferrer Bassa importa de su estancia italiana en referencia a las giornate, es que éstas se adaptan completamente a la composición, de tal manera que prepara muchas superficies pequeñas para poder pintar con mucha precisión cada escena representada, como si fuera un puzzle que se va construyendo día a día. Todo un mundo fascinante.

Sin duda, no debemos pasar por Barcelona sin darnos el placer de visitar el monasterio de Pedralbes. No podemos dejar de adentrarnos en un espacio donde parece que el tiempo se detuvo hace setecientos años y perdernos una obra maestra de este calibre…