TIEMPO DE NAVIDAD

Estamos en Florencia. Es tiempo de Navidad. La ciudad paradigmática del arte renacentista nos brinda una de las imágenes más delicadamente bellas y peculiares que podemos contemplar si buscamos escenas navideñas. Entramos en la iglesia de la Santa Trinità y nos dirigimos hacia una de sus capillas más singulares: la Cappella Sassetti. En este espacio maravilloso, Domenico Ghirlandaio, el tutor que guió los primeros pasos de Miguel Ángel como pintor, desarrolla uno de los ciclos de la vida de San Francisco de Asís más sugerentes de los que jamás se han plasmado en pintura.

Cappella Sassetti, Santa Trinità, Florencia

Cappella Sassetti, Santa Trinità, Florencia

Pero no son estos increíbles frescos los que hoy nos ocupan, si no la pala de altar que el mismo Ghirlandaio pinta para la capilla:

Domenico Ghirlandaio, pala del altar de la Cappella Sassetti

Domenico Ghirlandaio, pala del altar de la Cappella Sassetti

Podemos observar una de las escenas más representadas en la historia del arte relativa a la Navidad. Se trata de la Adoración de los pastores, en este caso, absolutamente sorprendente y considerada una de las obras maestras del pintor. Está fechada en 1485, realizada en témpera sobre tabla, y muestra claramente como Ghirlandaio quiere subrayar el hecho de que el Dios cristiano nace en medio de la cultura pagana. Es evidente que la imagen nos presenta varios elementos de arte clásico perfectamente integrados tanto en el paisaje como en la narración del momento. De hecho, la mula y el buey tienen como pesebre un singular sarcófago romano de magnífico mármol. Este motivo fúnebre no solamente entronca con el arte clásico, también lo hace con la tradición medieval de representar el pesebre donde duerme Jesús, literalmente como un sarcófago, una tumba, presagio de su trágica muerte humana.

María aparece en actitud orante y arrodillada, adorando a su propio Hijo y totalmente ajena a lo que acontece a su alrededor. No es el caso de José, el cual se vuelve, curioso, con la mano en la frente, para poder mirar detalladamente el cortejo que se aproxima. No es una visita cualquiera: son los reyes de Oriente que llegan con su opulento cortejo para rendir homenaje al recién nacido. A la derecha de la escena y en primer plano, vemos a tres pastores adorando al pequeño Jesús. Los estudiosos ven en esta composición la influencia del Tríptico Portinari del flamenco Hugo van der Goes, donde se nos presentan tres pastores retratados de manera totalmente realista, así como a María arrodillada en actitud de adoración al Niño, lo mismo que Ghirlandaio, como señalábamos anteriormente, nos propone en la Cappella Sassetti.

Hugo van der Goes, imagen central del Tríptico Portinari, c. 1477, Galleria degli Uffizi, Florencia, donde vemos a la derecha de la imagen los tres pastores y María adorando al Niño

Hugo van der Goes, imagen central del Tríptico Portinari, c. 1477, Galleria degli Uffizi, Florencia, donde vemos a la derecha de la imagen los tres pastores y María adorando al Niño

Entre los pastores de Ghirlandaio, vemos a uno de ellos que señala con su dedo índice de la mano izquierda al pequeño Jesús. Ese pastor es probablemente el propio pintor que se autorretrata con todo realismo y asume un papel muy relevante en la composición:

Ghirlandaio en la pala Sassetti (detalle)

Ghirlandaio en la pala Sassetti (detalle)

Es extraordinario el realismo de estos retratos y la precisión en la ejecución de todos los detalles que se pintan, influencia clarísima de los maestros flamencos que el pintor italiano asume y explota con auténtica maestría. De este modo, la veracidad de lo que se representa también pasa por gestos comunes, como por ejemplo el hecho de que el Niño se lleva el dedo a la boca, no sabemos si con la mera intención de mostrar que podría ser un bebé cualquiera o para dar muestras de cotidianeidad. Distinguimos la divinidad de este recién nacido, obviamente por la aureola que Jesús luce detrás de su cabecita, el nimbo crucífero, que una vez más nos recuerda el futuro de sacrificio que deberá vivir.

En primer plano, en el suelo, podemos observar un pequeño montón que se compone de una piedra y dos ladrillos. Los estudiosos creen que posiblemente sea una alusión al apellido de los comitentes, es decir, Sassetti. La palabra sasso en italiano quiere decir piedra. Encima de la piedra vemos a un jilguero que, como todo en el arte de esta época, no aparece sin razón. Este delicado pájaro es símbolo de la pasión y resurrección de Cristo. Cuenta la tradición que un jilguero arrancó una espina de la ceja de Cristo cuando estaba padeciendo en la Cruz y que al hacer este gesto para aligerar el dolor del crucificado, le cayó una gota de sangre del mismo encima. Por eso los jilgueros tienen el plumaje de la parte delantera de su cabeza de color intensamente rojo. Fijémonos en el fondo de la obra:

Detalle del fondo de la Adoración de los pastores de Ghirlandaio

Detalle del fondo de la Adoración de los pastores de Ghirlandaio

Arriba, en la parte izquierda podemos ver el Anuncio a los pastores donde un ángel completamente azul, como un querubín con una llama en la frente, sorprende a pastores y ovejas con la Buena Nueva. A la derecha de la imagen y en primer plano vemos una de las columnas que componen el singular portal de Belén de la obra. Encima del capitel de orden corintio, Ghirlandaio nos pinta claramente en cifras latinas el año en que realiza la pintura: MCCCCLXXXV. Y en el paisaje del fondo podemos apreciar dos ciudades, según los estudiosos de la obra, Roma y Jerusalén. Todo es símbolo, todo es significado, todo importa. Es fantástico. Os invito a que disfrutéis de cada ínfimo detalle de la obra, que la paladeéis y que os dejéis transportar a esos tiempos remotos, los renacentistas y los antiguos, mientras escucháis una de las melodías gregorianas más bellas jamás escritas, la antífona Hodie Christus natus est:

Hodie Christus natus est. Hodie salvator apparuit. Hodie in terra canunt angeli, laetantur archangeli. Hodie exsultant justi, dicentes: Gloria in excelsis Deo, Alleluia. Hoy Cristo ha nacido; Hoy el Salvador ha aparecido; hoy en la tierra cantan los ángeles; hoy se alegran los justos diciendo: Gloria a Dios en las alturas, Aleluya.

Feliz Navidad y un prosperísimo Año 2015

 

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O MAGNUM MYSTERIUM

En el año 1572 Juan de Herrera se encarga de continuar las obras del Monasterio del San Lorenzo de El Escorial, la Inquisición encarcela a Fray Luis de León, se funda en la ciudad austriaca de Viena la Escuela Española de Equitación, Flandes se alza contra el rey Felipe II, Gregorio XIII emprende en Roma la reforma del calendario Juliano la cual dará paso al calendario Gregoriano, se produce en Francia la sanguinaria matanza de San Bartolomé donde son asesinados más de veinte mil protestantes y, entre otros muchos acontecimientos, el astrónomo danés Ticho Brahe descubre una nueva estrella, la Stela Nova, una supernova en la constelación de Casiopea. En medio de este panorama de turbulencias políticas, descubrimientos científicos y agitaciones religiosas, un músico, uno de las mentes compositivas más extraordinarias de la creación musical, compone una breve pero intensísima pieza. Nos referimos a nuestro Tomás Luis de Victoria y a su O Magnum Mysterium.

O Magnum Mysterium, partitura correspondiente a la voz más aguda

O Magnum Mysterium, partitura correspondiente a la voz más aguda

La composición es un motete a cuatro voces que fue escrito para la festividad de la Circumcisione Domini, es decir, la circuncisión de Jesús. El texto sacro tiene su origen en un canto responsorial que formaba parte de la oración de Maitines del día de Navidad. Este tipo de cantos forman parte de la liturgia gregoriana donde un solista o grupo de solistas alternan sus intervenciones con el coro en forma de respuesta, finalizando la pieza, en este caso, con un Aleluya: forma introducida por el papa San Dámaso en el siglo IV. Su estructura va evolucionando a lo largo de los siglos y llega a ser tan importante  a nivel de composición musical como la propia Misa, sobre todo en la época de Josquin des Prés, el cual da al motete su forma compacta renacentista. El motete, como composición vocal polifónica, se cultiva muchísimo en los siglos XV y XVI sin acompañamiento musical, a cappella, y se considera una pieza de gran dramatismo expresivo, muy apta para demostrar la maestría y el talento de los compositores.

Veamos el texto de nuestro bello motete:

En latín:

O magnum mysterium,
et admirabile sacramentum,
ut animalia viderent Dominum natum,
jacentem in praesepio!
Beata Virgo, cujus viscera
meruerunt portare
Dominum Christum.
Alleluia.
 

Traducción:

¡Oh gran misterio,
y maravilloso sacramento,
que los animales deben ver al recién nacido Señor,
acostado en un pesebre!
Bienaventurada la Virgen, cuyo vientre
fue digno de llevar
a Cristo el Señor.
Aleluya.

Tomás Luis de Victoria nos regala con esta obra una pequeña joya que debemos escuchar con calma. La polifonía del compositor de Ávila es un delicioso plato que tenemos que degustar con la tranquilidad que se merece. Cuando gocéis de O Magnum Mysterium podréis disfrutar de su inicio mistérico. Como indica el texto, estamos ante un gran misterio y ante una visión a la vez prosaica de lo que sucede. Ha nacido el Hijo de Dios, pero no entre sedas ni en una estancia palaciega, yace en un pesebre y es contemplado por animales. Toda esta capacidad expresiva y de asombro que las palabras nos brindan, Victoria lo traduce en una polifonía limpia, nítida, donde todo se entiende perfectamente y done la retórica de lo que se dice se refleja absolutamente en la línea musical. Así por ejemplo, cuando escuchamos «et admirabile» («y maravilloso») la música sube para mostrarnos el tono de sorpresa y elevar también nuestra admiración en el fenómeno sonoro que estamos experimentando. Cuando el compositor nos lleva al territorio de lo más humano, como es hablar de la madre cuyo vientre alberga una nueva vida, la música se envuelve otra vez de la calma expectante y del respeto a lo divino, con una armonía sorprendente que nos hace escuchar todavía con más atención el universo vocal en el que Victoria nos ha introducido, desembocando posteriormente en la alegría del Aleluya, escrito con la fuerza rítmica adecuada para finalizar la escucha de esta maravilla de pieza.

Imagen de Tomás Luis de Victoria

Imagen de Tomás Luis de Victoria

La voz humana adquiere en la música del compositor abulense una dimensión particular, muy especial, capaz de sumergirnos en atmósferas donde lo espiritual, lo que sentimos dentro de nosotros, es mecido, acariciado, elevado entre algodones para hacernos descubrir sensaciones completamente nuevas y diferentes. Y no tiene nada que ver con sentimientos religiosos y creencias. Esta música ahonda en nosotros a todos los niveles, por este motivo, es tan gratificante dejarse seducir por ella y saberla degustar.

Victoria tenía veinticuatro años cuando creó O Magnum Mysterium. Por aquél entonces estaba trabajando en Roma, en el Collegium Germanicum, donde ejercía de profesor y donde sucedió al gran Giovanni Pierluigi da Palestrina como Maestro de Capilla del Seminario Romano. Su trabajo en la capital italiana, ejerciendo como vemos los más altos puestos de la vida musical romana, se prolongó hasta 1595, año en que regresaría definitivamente a España. Aquí desempeñó, hasta su muerte en 1611, el cargo de maestro de coro y organista del convento de las Clarisas Descalzas en Madrid.

Os recomiendo, para esta ocasión, que escuchéis O Magnum Mysterium en cualquiera de las versiones a las que podáis acceder. Hay mucha variedad de interpretaciones y vale la pena investigar algunas de ellas para hacerse una idea de la versión ideal. Simplemente dejaros llevar por esas voces cristalinas y a disfrutar.

 

VUESTRO AMOROSO ROSTRO

Josquin des Prés fue uno de los mejores músicos que han existido en la Historia de la Música. Era franco-flamenco, aunque trabajó mucho tiempo en Italia y murió en Francia, más concretamente en Codé-sur-Escault en 1521. Su talento compositivo va más allá de lo que podamos entender por llevar a cabo su profesión con excelencia. No solamente porque su actividad fue incansable, ya que escribió una veintena de misas, más de cien motetes y alrededor de ochenta canciones, sino porqué además es uno de los primeros compositores capaces de reflejar en su música los conceptos del Humanismo renacentista más interesante y un verdadero maestro a la hora expresar emociones a través de su escritura. La música que Josquin piensa siempre está a favor del texto musicado. La poesía o el texto sacro, adquieren en sus manos otra dimensión. La dimensión humana. Sus composiciones no son simplemente la suma de unas palabras más unas notas: texto y música se funden en una simbiosis perfecta para llegarnos al alma. Y no exagero.

Retrato de Josquin des Prez con su nombre latinizado: Iosquinus Pratensis

Retrato de Josquin des Prez con su nombre latinizado: Iosquinus Pratensis

La encarnación de estas virtudes la tenemos bien plasmada en la composición que hoy os presento. Se trata de una canción, escrita en idioma francés, breve pero de una intensidad emocional sublime. Es Mille regretz, un hit de la época, que traspasó fronteras, condados y reinos para proclamarse una de las páginas musicales mejor escritas, inspiradas y bellas de todos los tiempos. El texto dice así:

«Mille regretz de vous abandonner
Et d’eslonger vostre fache amoureuse,
Jay si grand dueil et paine douloureuse,
Quon me verra brief mes jours definer.»

«Mil pesares por abandonaros

Y por alejar de mí vuestro amoroso rostro,

Tengo un dolor tan grande y una pena tan dolorosa

Que en breve se verán acabar mis días.»

Este lamento de abandono y de dolor incurable transcurre a través de nuestros sentidos de forma calma pero insistente. El sentimiento de desolación se nos presenta aparentemente ponderado, quieto, calmado, pero el sonido de la tristeza no tarda en penetrarnos como el filo de una navaja que se filtra en lo más profundo de nuestra sensibilidad. Mille regretz es una obra maestra del sentir humano y cuanto más se escucha (ya no digamos si se tiene la suerte de interpretarla), más se descubre en ella, como magnífica obra de arte que es.

Luca della Robbia, Cantoria (detalle de cantantes), 1431-1438, Museo dell'Opera del Duomo, Florencia

Luca della Robbia, Cantoria (detalle de cantantes), 1431-1438, Museo dell’Opera del Duomo, Florencia

Formalmente, Mille regretz es una chanson, un tipo de composición musical muy difundida desde finales del siglo XV y durante todo el Renacimiento. Se considera una canción refinada, de élite, cortesana y derivada -como el madrigal– de la polifonía religiosa anterior más compleja. De hecho, la chanson se va pareciendo cada vez más al madrigal italiano, adoptando de éste su forma más libre y aumentando de forma progresiva su carga expresiva y afectiva.

La prueba de que Mille regretz fue un verdadero tema de moda nos lo indican varios hechos. El más significativo es que tiene el llamativo calificativo de la canción del Emperador. Nos referimos al emperador Carlos V y sí, se dice que era su canción preferida con diferencia. Tanto fue así que el músico Luis de Narváez escribió la denominada Canción del Emperador, es decir, una pieza para vihuela cuya base musical es nuestra chanson, de esta manera se recrea la obra original con variaciones. Narváez publica su Canción en Los seys libros del Delphín, de música de cifra para tañer vihuela (1538).

Ilustración de la portada de Los seys libros del Delphín de Luis de Narváez, 1538

Ilustración de la portada de Los seys libros del Delphín de Luis de Narváez, 1538

Otra recreación de Mille regretz, importantísima y muy significativa fue la que compuso el gran Cristóbal de Morales. Su título: Misa Mille regretz. El nombre lo dice todo. Como en el caso anterior, Morales toma como pilar principal la chanson de Josquin y construye sobre ese cimiento toda una misa extraordinaria.

Estas manifestaciones no eran consideradas como plagios ni nada parecido, en la época, que un compositor basara su música en la creación de otro, era signo de prestigio, reconocimiento y honor.

Os recomiendo encarecidamente escuchar Mille regretz con toda atención, a buen volumen y dejándoos seducir por el universo sonoro que, sin duda, os transportará al más sofisticado clima renacentista. La versión de Mille regretz que os propongo es la de The Hilliard Ensemble: Josquin Desprez: Motets & Chansons,  de la casa Veritas. Para la Canción del Emperador podéis escuchar la versión de Hopkinson Smith en su álbum Música de Vihuela II: Los Seis Libros del Delfín de Música editado por Auvidis-Astrée Records y para la Misa Mille regretz escuchad de nuevo a The Hilliard Ensemble en un álbum editado por la Junta de Andalucía desde su Centro de Documentación Musical de Andalucía en 1997.

 

EL REFINADO REQUIEM

Nos situamos en Francia. Corte del rey Luis XV. Año 1723. Un compositor de talento incansable escribe una misa de difuntos que nos transporta al Barroco más sofisticado y a la espiritualidad hecha música. No podemos dejar de preguntarnos por qué los Requiem, las Misas de Difuntos, inspiran composiciones tan absolutamente geniales a los músicos capaces de componer de la nada. El sentido divino, transcendente, misterioso del ruego humano se funde con el dolor, la incertidumbre y el amor hacia los que nos dejan. Es sin duda el caso del Requiem de André Campra.

André Campra en un grabado de la época

André Campra en un grabado de la época

Una misa de este tipo está conformada por unas partes muy concretas que la determinan y que la hacen única, preparada e inducida a pedir el descanso eterno de los fallecidos. Campra escoge la distribución habitual para componer su bellísima misa, con sus indicaciones en francés para situarnos un poco en el clima que el compositor pretende crear:

I.Prélude – Requiem aeternam
II.Te decet hymnus in Sion (gracieux)
III.Da capo – Requiem aeternam
IV.Kyrie (gracieux)
V.Graduel – Requiem aeternam
VI.Et lux perpetua (plus lent)
VII.In memoria aeterna (rondement)
VIII.Offertoire – Domine Jesu Christe (lent)
IX.Libera eas
X.Sed signifer sanctus Michaël (gracieux et léger)
XI. Hostias et preces (lent)
XII.Sanctus (léger)
XIII.Agnus Dei (lent)
XIV.Lux aeterna (léger)
XV.Requiem aeternam
XVI.Et lux perpetua (gracieux)

Los Requiem, o Missa pro defunctis o Missa defunctorum, son propios del Catolicismo y, como decíamos, un ruego para la salvación de las almas, llevado a cabo antes del entierro del difunto o en su recuerdo. Hay ciertas partes de la misa habitual que se suprimen, como el Gloria, el Credo o el Aleluya, mientras se añaden otras fórmulas dedicadas a pedir la Luz Eterna para los fallecidos, así como el Descanso Eterno: Dona eis requiem. Se sabe que durante muchos siglos los Requiem fueron realizados en canto gregoriano, hasta que en el siglo XV se generalizó la composición polifónica para musicarlos. El Concilio de Trento (1545-1563) fue el encargado de regular el texto del Requiem para unificar y concretar sus partes.

Recomiendo absolutamente escuchar y disfrutar de esta obra en su totalidad. Dejarse seducir por la sonoridad extraordinaria del Barroco musical francés, muy distinto del italiano o del español, y con unas características que nos remiten a las artes plásticas del mismo periodo y del mismo país. Francia nos muestra una época barroca refinadísima, delicada y a la vez repleta de ornamentación, es decir, es un arte complejo en la forma, pero de una calidad y de un sentido estético de tal belleza y fuerza que nos arrastra sin remedio a sus redes. El Requiem de Campra es así. Y escucharlo nos brinda la oportunidad de adentrarnos en una atmósfera completamente única. Para que podamos hacernos una idea de la equivalencia hecha materia de lo que es la obra de Campra, os propongo que observéis estas imágenes. La música de la que hablamos es así. Refinamiento, suntuosidad de formas y elegancia:

G. Boffrand y C.J. Natoire, Sala de la Princesa, 1735, Hôtel de Soubise en París.

G. Boffrand y C.J. Natoire, Sala de la Princesa, 1735, Hôtel de Soubise en París.

 

Francois de Cuvilliés, Salón de los Espejos, 1734, Amalienburg en Munich

Francois de Cuvilliés, Salón de los Espejos, 1734, Amalienburg en Munich

André Campra fue un fenómeno de su tiempo. Trabajó para los más altos estamentos franceses. Maestro de Música de Notre-Dame de París, director de la Ópera de París, Maestro de Capilla de la Chapelle Royale en Versalles…

Chapelle Royale del castillo de Versalles

Chapelle Royale del castillo de Versalles

Un verdadero talento al que debemos conocer y que además es considerado el creador de las célebres Ópera-Ballet tal y como las apreciamos hoy en día, de las cuales hablaremos en otra ocasión, pero que distinguen un género único y fabuloso del periodo barroco, donde música, ballet y teatro se unen para configurar un conjunto artístico singular.

Recomiendo la versión dirigida por John Eliot Gardiner, solistas y Monteverdi Choir, con los English Baroque Soloists, editada por Erato.

 

DE TORRENTE IN VIA BIBET…

Georg Friedrich Händel tiene veintidós años cuando escribe una de las obras más asombrosas del Barroco musical. La composición lleva por título Dixit Dominus, con una duración de aproximadamente media hora y con una audacia compositiva, una visión dramática y una calidad virtuosística capaz de sorprender en cada uno de los nueve movimientos que la conforman. En esa época el compositor alemán vive y trabaja en Roma, ciudad a la que llega en 1707. Dixit Dominus se estrena el 16 de julio de ese mismo año en la iglesia romana de Santa Maria in Montesanto, seguramente bajo el patrocinio del cardenal Carlo Colonna. Esta iglesia de la Ciudad Eterna ha representado y representa un gran símbolo para los artistas. Está situada en la concurrida Piazza del Popolo, entre la via del Corso y la via del Babuino, y es la iglesia gemela (aunque en realidad no sea así) de su compañera, Santa Maria dei Miracoli:

A nuestra derecha Santa Maria in Montesanto y a la izquierda Santa Maria dei Miracoli. Las iglesias parecen gemelas pero la primera tiene planta elíptica y la segunda circular

A nuestra derecha Santa Maria in Montesanto y a la izquierda Santa Maria dei Miracoli. Las iglesias parecen gemelas pero la primera tiene planta elíptica y la segunda circular

Santa Maria in Montesanto es denominada popularmente la Chiesa degli artisti, es decir, la iglesia de los artistas porque desde hace muchos años está vinculada a los artistas de la ciudad. En ella se celebran tradicionalmente actos litúrgicos, solemnidades e incluso funerales relacionados con personajes artísticos de relevancia. Empezó a construirse en 1662 con proyecto de Carlo Rainaldi y finalizaron su construcción Carlo Fontana y Mattia de Rossi, bajo la supervisión de Gian Lorenzo Bernini, unos quinze años después. El nombre y el culto a la Virgen del Carmen es adoptado en recuerdo de una pequeña iglesia que existía cerca del lugar y que era regida por carmelitas del Montesanto de Sicilia.
El texto del Dixit Dominus, obra registrada en el catálogo de composiciones de Händel con la referencia HWV 232, corresponde al salmo 110 (110:1-7) del Libro de los Salmos bíblico. Veamos el texto en latín y su traducción:
Dixit Dominus Domino meo:
sede a dextris meis,
donec ponam inimicos tuos
scabellum pedum tuorum.
Virgam virtutis tuae emittet
Dominus ex Sion:
dominare in medio inimicorum tuorum.
Tecum principium in die virtutis tuae,
in splendoribus sanctorum:
ex utero ante luciferum genui te.
Juravit Dominus,
et non poenitebit eum:
Tu es sacerdos in aeternum
secundum ordinem Melchisedech.
Dominus a dextris tuis confregit
in die irae suae reges.
Judicabit in nationibus, implebit ruinas;
conquassabit capita in terra multorum.
De torrente in via bibet:
propterea exaltabit caput.
Jehová dijo a mi Señor:
Siéntate a mi diestra,
Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
Jehová enviará desde Sion la vara de tu poder;
Domina en medio de tus enemigos.
Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder,
En la hermosura de la santidad.
Desde el seno de la aurora
Tienes tú el rocío de tu juventud.
Juró Jehová, y no se arrepentirá:
Tú eres sacerdote para siempre
Según el orden de Melquisedec.
El Señor está a tu diestra;
Quebrantará a los reyes en el día de su ira.
Juzgará entre las naciones,
Las llenará de cadáveres;
Quebrantará las cabezas en muchas tierras.
Del arroyo beberá en el camino,
Por lo cual levantará la cabeza.
Según algunos expertos, el significado del salmo es la afirmación contundente del papel de Cristo como judicador , vencedor e Hijo eterno de Dios. El texto es violento, propio de la inflexibilidad del Antiguo Testamento y con matices poéticos de gran belleza, que permiten a Händel desplegar todo el abanico de contrastes barrocos en su composición. La pieza está escrita para solistas vocales (dos sopranos, alto, tenor y bajo), coro, cuerdas y bajo continuo.

Georg Friedrich Händel pintado por Thomas Hudson

Georg Friedrich Händel pintado por Thomas Hudson

Empieza espectacularmente con una parte donde coro y solistas tienen que lucir sus virtudes al máximo nivel, ya que tanto las peripecias vocales como la energía requeridas son de fuerza vertiginosa. Solamente escuchar el tejido sonoro que el compositor crea para pronunciar las dos primeras palabras: Dixit Dominus, ya nos atrae como un imán. Es imposible no tener ganas de continuar escuchando las siguientes partes de la obra porque, además, no decepcionan en absoluto. Os invito a disfrutar de la magnífica aria Virgam virtutis escrita para alto solista; de los colores diferentes, explosivos y extraordinarios que Händel nos brinda en las partes de coro Iuravit Dominus o Tu es sacerdos; del esplendoroso Gloria final, exuberante y colorido y, por supuesto, del dueto que se marcan las dos sopranos solistas con fondo de coro masculino, De torrente in via bibet, una de las páginas mejor escrita de la Historia de la Música, con un diálogo de melodías preciosas, creando un clima cálido y a la vez cristalino y celestial que suspende el alma, el espíritu o como queramos llamar a aquello que nos sobrecoge los sentimientos y que nos lleva más allá de lo físico. El poder de seducción, de atracción, de embelesamiento de la música, sin duda, se revela en este dueto. Escuchadlo y dejad que os invada, veréis como os rendís al encanto embriagador de su transcurrir en el tiempo… Una de mis versiones predilectas de la obra es la que nos ofrece el director de Les Musiciens du Louvre, Marck Minkowsky, editada en 1999 por el sello Archiv, pero hay cantidad de grabaciones editadas para que podáis contrastar opiniones.

Posible retrato de Georg Friedrich Händel de joven

Posible retrato de Georg Friedrich Händel de joven

Dixit Dominus es considerada la primera obra maestra de Händel, el cual permaneció en Italia hasta 1709, donde compuso oratorios y óperas de gran éxito. La audacia de Händel como compositor de música vocal es incontestable y los que hemos tenido la suerte de poderla interpretar sabemos lo bien que componía para la voz, de qué manera su talento facilita la interpretación de las partituras que escribe y qué resultados absolutamente brillantes se obtienen si hacemos caso de lo que nos dice en sus composiciones.