DURERO Y MELANCOLÍA

Una de las obras que ha suscitado más interpretaciones, visiones y opiniones controvertidas es, sin duda, Melancolía I, el grabado de Durero, que forma parte, junto con San Jerónimo y El Caballero, la Muerte y el Diablo, de las denominadas Estampas Maestras (1513-1514):

Durero, Melancolía I, 1514, Buril, 239x185 mm

Durero, Melancolía I, 1514, Buril, 239×185 mm

Son tantos los elementos representados, tan distintos y tan curiosos que no es para menos. Quienes observen la imagen a través de un juicio filosófico podrán llegar a ciertas conclusiones; quienes utilicen una visión teológica verán motivos múltiples para sus interpretaciones; quienes quieran indagar en el campo de la alquimia podrán encontrar respuestas; quienes deseen alimentar su conocimiento general, indiscutiblemente hallarán una buena fuente para ello; quienes disfruten con lo enigmática que puede llegar a ser una obra de arte, aquí tienen una mina de oro por descubrir… Veamos detenidamente algunas afirmaciones generadas por la contemplación de este grabado sorprendente.
Observamos una figura alada sentada, con la cabeza apoyada en su puño izquierdo. La mirada preocupada, con matices tristes, su otra mano reposando sobre un libro cerrado y sosteniendo un compás. Este personaje sombrío no ha dejado indiferente a ningún intérprete de la obra. Estudiosos opinan que es la propia Melancolía personificada, otros creen que es un ángel que encarna la espiritualidad enfrente a la materialidad, algunos que es el propio pensamiento de Durero hecho personaje. En la parte inferior de nuestra derecha, bajo el asiento de esta taciturna figura, descubrimos el fantástico anagrama de Durero:

Anagrama que aparece en las obras de Durero [A D], las iniciales de su nombre: Albrecht Dürer

Anagrama que aparece en las obras de Durero [A D], las iniciales de su nombre: Albrecht Dürer

Rodeando a nuestro ángel misterioso, aparecen diferentes elementos matemáticos: un poliedro semiregular, una esfera y un cuadrado mágico, así como herramientas de carpintería. Éstas últimas hablan del trabajo material, práctico, hecho con las manos. El poliedro es un romboedro truncado obtenido a partir del romboedro pero con el truncamiento de dos de sus vértices diagonalmente opuestos. Los ángulos de las caras del romboedro de origen no son rectos. La conclusión que extraemos de este magnífico elemento es que Durero poseía unos conocimientos geométricos poco corrientes. La esfera es el símbolo divino por excelencia: sin principio ni final, imagen de la perfección, materialización de la pureza. Llama la atención, por supuesto, el cuadrado mágico que podemos ver a nuestra derecha, encima y por detrás de la figura con alas:

Cuadrado mágico de Melancolía I

Cuadrado mágico de Melancolía I

El cuadrado mágico, es un elemento matemático que se conoce ya desde las civilizaciones antiguas, y al que se atribuían propiedades mágicas, adivinatorias o astrológicas provistas de un gran poder oculto y enigmático. Consiste en una cuadrícula de casillas en la que se colocan números que tienen que cumplir unos requisitos concretos. En nuestro caso, aparecen números del 1 al 16. La suma de cualquiera de los renglones, de cualquiera de las verticales o de cualquiera de las diagonales principales suma 34. Este número que se repite obsesivamente es la llamada constante mágica. En el cuadrado que nos presenta Durero, además, los números de las cuatro esquinas, o los cuatro números centrales suman también 34, entre otras combinaciones que reiteran este resultado. Por si fuera poco, los dos números centrales del último renglón nos muestran la cifra 1514, que es el año en el que el artista realizó el grabado… Espectacular. Añadimos a estas peripecias matemáticas la constatación de que 34 es la suma de 3+4 = 7, un número con connotaciones de todo tipo (podéis echar un vistazo al Setenario de nuestro sabio rey Alfonso X).
En la obra están representados un niño alado, un reloj de arena, una balanza, una escalera, una campana, un crisol con fuego (símbolo alquímico donde los haya), agua, un perro acurrucado, el arco iris… Todos símbolos del tiempo que pasa, de la magia, de los poderes divinos, de la condición humana, de los cuatro elementos (agua, aire, fuego, tierra)… Y un cometa, en la época, fenómeno maléfico portador de desgracias. Sin olvidarnos del inquietante animal fantasmagórico que lleva entre sus garras el cartel con el título del grabado: MELENCOLIA I.

Detalle del cartel del grabado donde figura el título del mismo

Detalle del cartel del grabado donde figura el título del mismo

La interpretación general del significado de la obra es también un cúmulo de conceptos sobre el cual hay multitud de pareceres. Se ha dicho que es una representación de la Melancolía relacionada con la teoría antigua de los cuatro humores, es decir, la bilis amarilla, la bilis negra, la flema y la sangre, relacionadas con las cuatro estaciones (verano, otoño, invierno y primavera, respectivamente) y con los cuatro tipos de caracteres de las personas (los biliosos amarillos eran coléricos, los biliosos negros eran melancólicos, los flemáticos eran calmados y los sanguíneos eran sociables), todo ello desarrollado en una verdadera teoría medicinal complejísima relacionada con la naturaleza, la astrología y la filosofía. Tenemos que tener en cuenta que a los artistas se les asignaba el carácter melancólico y que se les relacionaba con el planeta Saturno.
Se ha elucubrado con la idea de que el grabado representa la desolación inacabable del que quiere saber y cuánto más sabe, más se da cuenta de que no sabe nada… Sin descuidar las conclusiones de algunos historiadores del arte que relacionan el significado de la obra con las teorías filosóficas de Cornelio Agrippa Nettesheim, según las cuales, la creación artística se relaciona con la alquimia, ya que el proceso alquímico corresponde a la finalidad del arte, es decir, descifrar la realidad desde el pensamiento interior, la cual cosa provoca angustia, lucha continua y trabajo sin fin.
Sea cual sea la verdad, lo cierto es que podemos comprobar el talento, la capacidad artística y el saber inmenso que acumulaba Durero, uno de los artistas más alucinantes del Renacimiento.
A propósito, nos queda por decir que si queremos disfrutar de uno de los increíbles cuadros de Durero, sólo tenemos que acercarnos al Museo Nacional del Prado y admirarlo. Mientras tanto os ofrecemos una instantánea del pintor realizando este sugerente autorretrato del que hablamos:

Durero, Autorretrato, Prado

Genial también…!!!

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RECETAS DE CENNINI

Podemos asegurar que El Libro del Arte de Cennino Cennini es un recetario medieval, no referido a artes culinarias, sino dedicado al campo artístico. La formulación, el tipo de relación entre maestro y aprendiz o las etapas del aprendizaje nos muestran claramente el peso de la tradición proveniente del Medioevo, pero el concepto, las consideraciones de prestigio del artista y el afán por dar a la profesión artística la importancia que se merece, denotan la intención de reivindicar la dignidad del arte.
Cennini se formó en el taller florentino de los Gaddi y escribió El Libro del Arte a finales del siglo XIV. Para él, la pintura es una ciencia capaz de dar forma a la imaginación y tiene la misma categoría que la poesía, es decir, un rango de mucha importancia. Teniendo en cuenta estas premisas, vemos que Cennini todavía está ligado a la manera de proceder de tipo gremial que había regido en la Edad Media, alejándose aún de la idea de artista renacentista independiente que encabezarán, un poco más tarde, artistas como Brunelleschi.

Taddeo Gaddi, Anuncio a los pastores en la Cappella Baroncelli de Florencia, hacia 1327-1330. Cennini aprendió la profesión en el taller de los Gaddi, como comprobamos, un magnífico lugar para formarse

Taddeo Gaddi, Anuncio a los pastores en la Cappella Baroncelli de Florencia, hacia 1327-1330. Cennini aprendió la profesión en el taller de los Gaddi, como comprobamos, un magnífico lugar para formarse

Cennini, aparte de enseñar con sus recetas concretas, rigurosas y metódicas, cómo preparar pigmentos, cómo dibujar correctamente o cómo aplicar dorados, nos aconseja en variedad de asuntos. Por ejemplo, asesora a los nuevos artistas en conceptos fundamentales como éstos:
… dedícate ahora a copiar las mejores cosas que encuentres realizadas por los grandes maestros, mejor para ti. Pero yo te aconsejo que elijas siempre lo mejor y más famoso, y así, día a día, raro será que no asimiles su estilo y su arte; sin embargo, si hoy te dedicas a copiar a este maestro y mañana a aquél, no asimilarás ni el estilo de uno ni el del otro y te volverás caprichoso, ya que cada estilo te disipará la mente… Si perseveras en uno, malo será tu intelecto si no sacas de él algún provecho…dependerá de ti el que, si la naturaleza te concedió algo de fantasía, llegues o no a desarrollar un estilo propio, y éste no puede ser sino bueno…

Pintores al temple sobre tabla en el techo mudéjar de la Catedral de Santa María de Mediavilla en Teruel

Pintores al temple sobre tabla en el techo mudéjar de la Catedral de Santa María de Mediavilla en Teruel

La vida del pintor:
…debe ser siempre ordenada, como si tuvieses que estudiar teología, filosofía u otras ciencias: esto implica comer y beber moderadamente al menos dos veces al día, ingerir alimentos ligeros y nutritivos, beber poco vino, evitar que tu mano se fatigue con menesteres tales como tirar piedras, barras de hierro y otras cosas que son perjudiciales para la mano. Y aún hay perjuicio mayor que éste para la mano…y ello es frecuentar demasiado la compañía femenina…
El aprendizaje largo, duro y pausado:
…Que muchos dicen que han aprendido el arte sin haber estado con ningún maestro; no lo creas, que yo te doy un ejemplo con este libro: aunque lo estudies día y noche, si no adquieres alguna práctica con un maestro, no servirá de nada y no podrás figurar con honra entre los maestros…

Pigmentos minerales para pintura con el mortero para molerlos

Pigmentos minerales para pintura con el mortero para molerlos

Y se permite el lujo de aconsejar sobre maquillaje a las mujeres:
…Pero he de decirte que para conservar durante más tiempo el color natural del rostro, acostumbra a lavarte con agua de manantial, de pozo o de río; y he de advertirte que si utilizas otras cosas, el rostro no tardará en ajarse, los dientes se volverán negros y finalmente las mujeres envejecen antes de tiempo y se convierten en las viejas más feas que se puedan encontrar…
Lecciones cosméticas aparte… Cennini defiende la técnica como la mejor herramienta para plasmar la naturaleza. El buen pintor debe ser un profesional que trabaje mucho y no crea simplemente que su buen hacer le venga dado por ciencia infusa. Al mismo tiempo, no se desprende de sus escritos que quiera formar artistas que respondan a los mismos patrones, sino que recomienda siempre aplicar la sensibilidad y criterio de cada uno a la hora de utilizar lo que él les ha enseñado. Ensalza a los pintores autónomos, técnicos y con talento propio.
La importancia del libro de Cennini es indiscutible. No solamente porque nos muestra cómo se trabajaba en los talleres pictóricos de finales del siglo XIV, sino también porque nos regala el tesoro de implicarse, con sus consejos, recomendaciones y conceptos, en el hecho de enseñarnos la forma de pensar la pintura después del gran Giotto.

LOS CARDUCHO DE EL PAULAR

Una buena manera de conocer arte que nos pueda sorprender es acercarnos a nuestras producciones artísticas. Es el caso del Real Monasterio de El Paular, ubicado a unos dos kilómetros del núcleo poblacional de Rascafría, en el Valle del Alto Lozoya, en plena sierra madrileña y en el riquísimo entorno del parque natural de Peñalara.

El Real Monasterio de El Paular

En origen, el monasterio perteneció a la Orden de los Cartujos y es fundación real fechada en 1390, de hecho, fue la primera cartuja de Castilla y la sexta en territorio español. Por circunstancias históricas diversas, actualmente la vida monástica sigue activa, pero los monjes que la llevan a cabo son benedictinos.

Sobra decir que la visita al monasterio es altamente recomendable, no solo por donde está situado sino también por las sorpresas artísticas que custodia. Nuestro objetivo en ese sentido se dirige hacia el claustro mayor del monasterio. Contiene, perfectamente integrados en su arquitectura gótica flamígera, nada más y nada menos que cincuenta y dos lienzos pintados por el florentino afincado en la corte española Vicente Carducho (c.1576-1638), donde se plasma la historia de los cartujos y de su fundador San Bruno.

Escudo de los cartujos, situado en el claustrillo de El Paular, donde vemos las siete estrellas que simbolizan a San Bruno y a sus primeros seis compañeros con quiénes fundó la primera cartuja en Chartreuse (1098)

 Han llegado hasta nuestros días cincuenta y dos pinturas de las cincuenta y cuatro de toda la serie, así como algunos bocetos y dibujos. Lo peculiar del asunto es que estas sugerentes telas de tamaño considerable: 3,45×3,15 m, estuvieron en su emplazamiento hasta la 1835. Con la desamortización aplicada a los bienes eclesiásticos, las pinturas fueron trasladadas al convento de la Trinidad de Madrid. Allí estuvieron aletargadas hasta 1872, cuando pasaron a formar parte de los fondos del Museo del Prado. Por sus grandes dimensiones, no fue posible ni su exhibición ni su almacenamiento, así que se repartieron entre A Coruña, Valladolid, Jaca, Burgos, Sevilla, Córdoba, Zamora, Tortosa y Poblet. Durante la Guerra Civil los dos lienzos trasladados a Tortosa desgraciadamente desaparecieron.

Por fortuna, y después de un largo proceso de restauración y negociación, desde julio de 2011 podemos ver los cincuenta y dos lienzos cartujanos colocados definitivamente en su emplazamiento original. La sensación es prácticamente indescriptible. Pasear por el precioso claustro y poder contemplar estas enormes obras perfectamente armonizadas con la estructura arquitectónica que las acoge es una experiencia artística completa e irrepetible, sobre todo si tenemos en cuenta que se ha hecho justicia y se ha podido reunir, para nuestro disfrute, una obra desmembrada.

Claustro mayor de El Paular con los lienzos restablecidos de Carducho, pintados entre 1626 y 1632

Las pinturas se dividen en dos grupos definidos: las veintisiete primeras ilustran la vida de san Bruno, desde el día que abandona la vida pública y se retira a Chartreuse, hasta el momento de su muerte y el primer milagro que produce. El segundo grupo está dedicado a hechos notorios que los cartujos realizan por diferentes países europeos y en épocas diversas, los cuales comprenden episodios que van desde el siglo XI hasta el XVI. Este ciclo cartujano contiene además escenas que quieren reforzar la imagen de los monjes como héroes de la fe, como mártires de la Orden Cartujana y como ejemplo de estudio, sacrificio y contemplación divina. Carducho refleja en estas obras la esencia de la religiosidad barroca, la cual pretende que el espectador se identifique con el sufrimiento del personaje representado y, a través de la devoción, se conmueva y refuerce la fe en sus creencias religiosas.

Muerte del venerable Odón de Novara, lienzo de El Paular, por Vicente Carducho

Carducho fue uno de los pintores más prestigiosos y valorados de la corte madrileña. Llegó a territorio español de niño -en 1585-, con su hermano Bartolomé, también pintor, procedente de Florencia y en calidad de su ayudante, para formar parte del equipo de artistas que en ese momento estaban trabajando en San Lorenzo del Escorial. Al cabo de los años, y por su talento manifiesto, adquirió rango de pintor de corte, compartiendo este título con Velázquez. Dicen las malas lenguas que rivalizó ferozmente con él, aunque si nos ceñimos a la realidad documentada, los dos pintores ejecutaron obras de temática muy distinta en la corte. De este modo, el sevillano se ocupaba más de pintura profana y retratos de corte, mientras que el italiano realizaba obras de tema religioso e histórico.

Lo cierto es que Carducho nos demuestra en las telas de El Paular que dominaba perfectamente el naturalismo propio de la época, la concepción del espacio, la capacidad de narrar mediante imágenes precisas, la movilidad de las figuras, la utilización de la gestualidad expresiva barroca, el dominio del color y la luz y la plasmación de la vivencia mística y extática a través de las visiones divinas. No en vano Carducho es el autor de uno de los tratados de pintura más importantes e influyentes de la época, los Diálogos de la Pintura (1633), obra de referencia –incluso hoy en día- para entender el pensamiento artístico del Barroco. Todas estas cualidades las vemos reflejadas, por ejemplo, en la Muerte del venerable Odón de Novara, que podemos contemplar arriba. Disfrutad del color, del contraste de luz y sombra, de la delicadeza gestual, de la expresividad intensa del momento y de la integración barroca de lo terrenal y lo divino. Totalmente extraordinario.

Por cierto, se dice que el personaje arrodillado delante del moribundo cartujo es un autorretrato del propio Carducho…

Se hace camino al andar…

Miguel Ángel estaba convencido que sus esculturas vivían dentro de los bloques de mármol. Él solamente era un canal, el instrumento que permitiría a esas obras liberarse de la prisión pétrea que las contenía. No hay idea más bella, más humilde y más absolutamente sublime. El talento natural de ese hombre que podía moldear el mármol a su antojo se convierte en la simple acción de retirar el material sobrante. Dan ganas de echar mano de la física cuántica, buscar el tiempo paralelo en que vivió este artista florentino y meterse, ni que fuera durante tres minutos, en su pensamiento para poder ver a través de sus ojos la escultura escondida en un vetusto bloque de mármol.

Ideas, pensamientos, historias contrastadas, arte de tiempos pasados, música medieval, renacentista, barroca, sugerencias arquitectónicas, seducciones sonoras, detalles artísticos, el gusto por lo bello, nombres conocidos y desconocidos…

Empezamos este camino hacia una nueva experiencia que contiene aquello que nunca desfallece…la belleza del arte en todas sus facetas. Y Machado dictamina, se hace camino al andar… Así que, iniciamos nuestras andanzas