EL DARDO ABRASADOR

“Quiso el Señor que viese aquí algunas veces esta visión: veía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo, en forma corporal,(…)En esta visión quiso el Señor le viese así: no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos que parecen todos se abrasan. (…)

Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento” (Vida 29,13)

Acabamos de leer el fragmento que Santa Teresa de Jesús (de la cuál celebramos este 2015 el quinto centenario de su nacimiento) escribió narrando una de sus visiones místicas, más concretamente la Transverberación, es decir,  una experiencia mística que ha sido descrita como un fenónemo en el cual la persona que experimenta una unión íntima con Dios, siente traspasado el corazón por un fuego sobrenatural. El término que explicaría el fenómeno  físico que el místico vive es la llamada Transfixión: Acción de herir pasando de parte a parte.

Si alguien en la Historia del Arte ha plasmado magistralmente este episodio, por supuesto es Gian Lorenzo Bernini:

Gian Lorenzo Bernini,Transverberación de Santa Teresa, Iglesia de Santa Maria della Vittoria, Cappella Cornaro, Roma, 1647-1651

Gian Lorenzo Bernini,Transverberación de Santa Teresa, Iglesia de Santa Maria della Vittoria, Cappella Cornaro, Roma, 1647-1651

Es innegable que Bernini esculpe ese plácido y penetrante dolor que la santa nos describe tan detalladamente de forma literal y lo reviste de la sublime teatralidad barroca que nos atrapa. La Teresa de Bernini gime completamente abrumada, mientras el hermoso ángel, con cara de complacencia traviesa y juguetona, le aparta los ropajes del pecho para clavarle sin piedad el dardo abrasador. No nos extenderemos aquí en las numerosas interpretaciones de carácter sexual que la actitud de la santa berniniana ha suscitado, es evidente que el escultor la presenta completamente arrebatada. Y este éxtasis anímico se refleja en todo su cuerpo y en los ropajes que viste. Bernini trata el mármol con la maleabilidad de la mantequilla, mostrándonos como la dura y fría piedra se puede convertir en piel, en tela, en suspiro, en luz, en definitiva, en Vida en todo su esplendor. El escultor da tal realismo y viveza a los ropajes de Teresa que creará un antes y un después en la representación artística. Bernini será imitado una y otra vez, pero nunca igualado…

Detalle del rostro de Santa Teresa en su Transverberación

Detalle del rostro de Santa Teresa en su Transverberación

Detalle del ángel de la Transverberación

Detalle del ángel de la Transverberación

El hecho de representar a los santos, a los místicos en éxtasis, es absolutamente propio del espíritu y la estética barrocos. Es más, el cristiano, según directrices recomendadas por los jesuitas de la época, debe sentir emocionalmente el sufrimiento de los santos y sus vivencias, para empatizar con ellos e imitarlos. Es por eso que esas experiencias místicas deben ser lo más humanas posible, para ser creíbles y dar ejemplo veraz de santidad. Bernini ejecuta la idea sin fisuras, mejor imposible, como lo hace Claudio Monteverdi en su Vespro della Beata Vergine (1610), donde aplica por primera vez recursos de la música profana (teatralidad, pasión, visceralidad) a la música sacra para provocar la empatía y la emoción más profunda. De este modo lo humano sirve para representar lo divino y así se hace mucho más comprensible, cercano y sentimentalmente mucho más propio. Si nos sentimos partícipes del dolor, de la alegría, de la vivencia del otro y lo vemos como a un semejante, nos es mucho más fácil entenderlo todo. Esa es la extraordinaria pedagogía del Barroco. Pedagogía que traspasa tiempo, estilos y estéticas y que se usa como recurso para explicar sentimientos y devociones.

Si contemplamos la siguiente obra seguramente nos situaremos en una época que no será la verdadera:

Romero Zafra, Misterio de Santa Teresa, 2007, Iglesia del Santo Ángel de Sevilla

Romero Zafra, Misterio de Santa Teresa, 2007, Iglesia del Santo Ángel de Sevilla

Parece un grupo escultórico de nuestro pasado barroco, pero es una magnífica escultura contemporánea que guarda la estética y la belleza del pasado para utilizar esa pedagogía de la que estamos hablando. Dejo a vuestro criterio y a vuestra mirada las semejanzas y diferencias entre estas dos Transverberaciones, tan diferentes, pero que persiguen los mismos objetivos. El drama está servido. Celebremos a Santa Teresa, la primera mujer Doctora de la Iglesia y dejémonos llevar por la vorágine barroca, con su valentía, con su elegancia controvertida, con su embriagadora sofisticación. Ya lo hizo el compositor Pietro Mascagni cuando en 1922 compone Visione lírica, subtitulada Guardando la Santa Teresa del Bernini, es decir, Mirando la Santa Teresa de Bernini. El arte explicando y admirando al arte: sencillamente fantástico.

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SAKRAMENTSHAUS

Düsseldorf es una ciudad para descubrir. Es la capital de la región de Renania del Norte-Westfalia y presenta una mezcla de antiguo y vanguardísticamente moderno realmente espectacular. Luce su cosmopolitismo sin reservas ofreciendo además la oportunidad de disfrutar paseando por sus señoriales avenidas y, sin duda, admirando rincones diferentes que hay que ir encontrando con ojos curiosos. Por si esto fuera poco, debemos destacar la típica cerveza de la ciudad, la oscura Altbier, intensa y muy recomendable.

Uno de estos singulares sitios que hay que no nos podemos perder es la basílica de San Lambertus. Los oriundos de la ciudad la denominan la «Iglesia Grande» y es considerada la madre de las iglesias de Düsseldorf. Famosa en su exterior por la particularmente retorcida aguja de su campanario, hoy nos interesa por un elemento que atesora en su interior.

La retorcida aguja del campanario de San Lambertus de Düsseldorf

La retorcida aguja del campanario de San Lambertus de Düsseldorf

Nuestro objetivo se encuentra en la columna situada al noroeste del coro, el cual está ubicado en la nave central, detrás del altar. Se trata de un tabernáculo gótico, un sagrario con forma interesantísima, que se eleva hasta la bóveda del templo y que sorprende totalmente al toparse con él durante la visita. Realmente es espectacular. Es la obra más valiosa de San Lambertus y rápidamente nos damos cuenta del por qué. Contemplamos ante nuestra mirada una estructura arquitectónica adosada a la columna citada, completamente ornamentada y de proporciones exquisitas. Su denominación genérica en lengua alemana es Sakramentshaus, y su función ya la hemos señalado. Es un sagrario gótico, destinado a custodiar la sagrada forma. Datado entre 1475 y 1478, los estudiosos lo consideran la obra gótica tardía más importante de la zona del Bajo Rhin. De hecho, el trabajo de ornamentación del tabernáculo es realmente minucioso, de gran calidad tanto en las figuras como en los ornamentos y de talla verdaderamente elegante.

Vista general del extraordinario tabernáculo o Sakramentshaus

Vista general del extraordinario tabernáculo o Sakramentshaus

Esculpido en piedra arenosa francesa, está coronado con la preciosa figura de un pelícano alimentando a sus hijos con la propia sangre de su pecho desgarrado. El pelícano es uno de los símbolos que representan a Cristo como salvador que sacrifica su propia vida para dar la vida eterna a los creyentes, ya que se consideraba que este pájaro se auto infringía heridas para nutrir a sus propios hijos.

Perspectiva del tabernáculo con la figura del pelícano coronando la estructura

Perspectiva del tabernáculo con la figura del pelícano coronando la estructura

En tierras alemanas este tipo de construcciones para salvaguardar las hostias consagradas se realizaron sobre todo desde finales del siglo XIV. Posteriormente, a partir del Concilio de Trento (1545-1563) se instauró la necesidad de que estas sagradas formas estuvieran directamente en el altar. Es desde ese momento que las Sakramentshaus dejaron de tener sentido. Por este motivo, este tipo de obras son datables en una época muy concreta, y muy valiosas porque no son muchas las conservadas.

El tabernáculo de San Lambertus es en realidad un pabellón de tres pisos con planta pentagonal. Consta de cuatro columnas totalmente adornadas con talla de piedra que son soportadas por leones, los cuales sostienen en sus patas escudos y blasones de las ciudades de Düsselorf, Jülich y Nassau. El piso central, con rejas de forja, es el destinado a guardar las sagradas formas, como si fuera una gran vitrina fortificada.

Detalle de la Sakramentshaus donde vemos perfectamente la reja de forja mencionada

Detalle de la Sakramentshaus donde vemos perfectamente la reja de forja mencionada

En la base de la estructura podemos contemplar cuatro plafones figurativos de estupenda factura: Adán y Eva en el Paraíso, los mismos personajes cometiendo el Pecado Original, Cristo en el Monte de los Olivos y el Milagro de San Huberto.

Plafón de Adán y Eva cometiendo el Pecado Original

Plafón de Adán y Eva cometiendo el Pecado Original

En la imagen podemos apreciar la belleza de estas esculturas y la destreza magnífica que demuestra el escultor que las elaboró. Fijémonos también en toda la detalladísima tarea ornamental que enmarca la escena. Sin duda, una maravilla. El otro plafón que os quiero mostrar con detenimiento es el siguiente:

Plafón del Milagro de San Huberto

Plafón del Milagro de San Huberto

Nos presenta el Milagro que propició San Huberto de Lieja. Huberto era un noble merovingio que vivió entre los siglos VII y VIII. Hijo del duque de Aquitania, estaba destinado a heredar el ducado de su padre. Se casó con Floribana, hija del conde de Lovaina, a la que amaba profundamente. Como casi todos los nobles de la época, era amante de la caza, actividad que en esos tiempos no solamente servía para la función alimenticia sino que también era una manera de mantenerse en forma para las necesidades militares de estas familias, que conquistaban y mantenían territorios a base de escaramuzas, batallas y guerras. Huberto enviudó y desesperado por la pérdida de su esposa decidió retirarse a los bosques, apartarse de las creencias cristianas y vivir de lo que cazaba. Un Viernes Santo, cuando perseguía a un hermoso ciervo, éste se detuvo de golpe, se volvió hacia Huberto y le mostró un Crucifijo entre su cornamenta (imagen que vemos esculpida en la escena de nuestro plafón). Cristo habló a Huberto, que cayó de rodillas ante el prodigio, y le dijo que dejara las armas, que volviera a ser un buen creyente y que fuera a buscar a San Lamberto, el cual guiaría sus pasos dese ese momento (recordemos que San Lamberto es el titular de la basílica donde se encuentra este tabernáculo). Así lo hizo, renunció al ducado de Aquitania en favor de su hermano Eudo y fue ordenado obispo y sucesor de San Lamberto después de la muerte en martirio de éste.

Está clarísimo que el tabernáculo de Düsseldorf es una obra maestra para conocer, disfrutar y proteger. Admirarla y dejaos llevar por el sofisticado poder del gótico…

 

UN TESORO DE VERONA

Si visitamos el norte de Italia, Verona es una de las ciudades que no debemos dejar escapar. No solamente porque la elegancia de sus calles nos atrae constantemente, sino porque además podemos dar con sorprendentes vestigios romanos, y no hablamos únicamente de la famosa Arena. La ciudad alberga numerosos tesoros derivados de sus esplendores históricos. Una de esas maravillas es sin lugar a dudas la iglesia de Sant’Anastasia.

Sant'Anastasia de Verona: fachada gótica. Gótico meridional

Fachada principal de Sant’Anastasia, única parte no concluida de la iglesia

La edificación empezó a construirse en 1290 y es un impresionante ejemplo del Gótico meridional italiano. Está ubicada en pleno casco histórico de Verona y se erigió gracias a la familia gobernante del momento, los Scaligeri, y con la colaboración de otras familias potentes de la ciudad. Se sitúa donde habían existido anteriormente dos iglesias dedicadas a Santa Anastasia y a San Remigio, las cuales eran cuidadas y dirigidas por frailes dominicos. Cuando se tomó la decisión de alzar una sola iglesia, los mismos frailes pidieron que fuera erigida en honor a uno de los mártires más famosos de la Orden Dominica: San Pedro de Verona, oriundo de la ciudad y canonizado en 1253, es decir, en fecha cercana a la citada de 1290. Los veroneses, sin embargo, debido a la devoción que profesaban a Santa Anastasia, siguieron denominando a la iglesia por esta advocación. Las obras de construcción se prolongaron hasta el 1500. De enormes dimensiones, es la iglesia más grande de la ciudad, con tres naves sostenidas por doce columnas de mármol rosso di Verona (un preciosísimo mármol que se obtiene en las montañas cercanas a la ciudad, el cual posee un sugerente color rosado y una textura de apariencia mantecosa totalmente singular).

Sant'Anastasia de Verona, Gótico meridional, mármol rosso de Verona, bóvedas decoradas

El alucinante interior de Sant’Anastasia con sus bóvedas de crucería laboriosamente decoradas

Como podemos apreciar, el interior de Sant’Anastasia es una verdadera gozada. Nos adentramos en un espacio gótico por excelencia, generoso, dinámico, muy diferente al Gótico septentrional, con la particularidad de las decoraciones que lo embellecen, dándonos una sensación de luminosidad y de recubrimiento del espacio que, al contrario de saturarnos, lo que hace es invitarnos a respirar con placidez. Fijémonos un poquito más de cerca en estos motivos ornamentales:

Sant'Anastasia de Verona, bóvedas ornamentadas, santos, iluminaciones

Decoraciones de una de las bóvedas de Sant’Anastasia con retratos de santos y ornamentaciones principalmente vegetales

Al vernos inseridos en este entorno absoluta y minuciosamente ornamentado, parece que nos hemos infiltrado en el interior de un manuscrito repleto de iluminaciones, como si formásemos parte de las páginas de un pergamino medieval. La sensación es realmente impresionante.

La iglesia custodia multitud de obras de arte diferentes, pero hay un rinconcito elevado que requiere nuestra atención. Hablamos del detalladísimo fresco San Giorgio e la principessa de Pisanello:

Pisanello, Sant'Anastasia, San Giorgio e la principessa, obra maestra

Antonio di Puccio Pisano, llamado il Pisanello, nos muestra su maestría en el fresco pintado en Sant’Anastasia

El fresco, en un primer momento, formó parte de la decoración íntegra de la capilla Pellegrini de la misma iglesia, encargada hacia 1434. Desgraciadamente, problemas de humedades echaron a perder los muros de dicha capilla destruyendo las pinturas.  Solamente se pudo salvar este fragmento, considerado la obra maestra del pintor. De este modo, se trasladó esta parte superviviente donde la vemos hoy, encima de uno de los arcos del transepto. La pintura nos muestra el momento clave en que san Jorge se dispone a montar su caballo blanco e ir a dar muerte al dragón, bajo la mirada impasible y refinada de la princesa, que vemos de perfil. La calidad de la ejecución de Pisanello es extraordinaria, sobre todo si observamos la textura de ropajes y armaduras, incidiendo  además en el realismo con que pinta los caballos en escorzo, una habilidad al alcance de pocos. Distinguimos, al fondo de la composición, la aparición de una ciudad de cuento, con torres y arquitecturas variadas, que confieren al paisaje una sofisticación especial. En la parte superior izquierda vemos, no sin perplejidad, dos ejecutados colgados del cuello. ¿Pisanello nos quiere mostrar aún más realismo? ¿Tiene la voluntad de integrar en su paisaje una imagen habitual en la cotidianeidad de las ciudades de la época? ¿Puede haber algún simbolismo oculto en la representación de los ajusticiados?…

Como hemos apuntado anteriormente, podríamos detenernos continuamente dentro de Sant’Anastasia y no pararíamos de descubrir elementos y detalles que nos llamarían la atención. De este modo, si al entrar a la iglesia no hemos reparado en ello, seguro que al disponernos a salir, casi nos tropezaremos con unos callados personajes de naturaleza pétrea. Son sin duda una auténtica maravilla: los jorobados que sostienen las pilas del agua bendita.

Jorobados de Sant'Anastasia de Verona, sufrientes esculpidos, pila de agua bendita

Escultura, sufrientes esculpidos, Sant'Anastasia, pila de agua bendita

Jorobados de Sant’Anastasia. Podemos apreciar el color y textura del mármol rosso de Verona

Estos sufrientes esculpidos, como podemos observar estupendamente realizados, soportan perennemente sobre su espalda un peso descomunal. Nos acordaremos entonces, que según la tradición, debemos tocar precisamente su joroba para que nos dé suerte: así que no podemos dejar de hacerlo antes de abandonar este fenomenal monumento veronés.

DEL CIELO AL INFIERNO EN FERRARA

Llegamos a Ferrara. Nos adentramos por sus calles estrechas hacia el centro y no podemos evitar la compañía de decenas de ferrareses en bicicleta. Efectivamente, la propia ciudad se denomina Ciudad de las bicicletas y presume del hecho que el 89 % de sus habitantes usan este saludable transporte. Seguimos andando y nos seduce más y más lo que nuestros ojos van captando. Vemos perfectamente por qué el centro histórico de Ferrara es Patrimonio Mundial de la Humanidad desde 1995 y por qué sus encantos medievales nos atraen como canto de sirenas.

Pórticos del antiguo mercado medieval de Ferrara

Nuestro itinerario fascinante por estas antiquísimas calles desemboca de pronto en un espacio espectacular donde se alza el singular muro sur de la basílica catedral de San Giorgio, el Duomo de Ferrara:

Muro sur del Duomo de Ferrara con la base porticada y el magnífico entramado de arcos y columnas

La visión impresiona por la dimensión descomunal del edificio, por el número de arcos que trazan este lateral y por la variedad de columnas esculpidas que podemos contemplar soportando los arcos de medio punto superiores:

Detalle de los arcos superiores con la variedad de columnas que los singularizan

Disfrutamos un buen rato de la particularidad de esta parte de la edificación y nos disponemos a rodear el Duomo para entrar a visitarlo. Tranquilamente dirigimos nuestros pasos hacia la entrada y al alejarnos de espaldas a la fachada principal para poder contemplarla en perspectiva, casi se nos corta la respiración cuando nos giramos y vemos esto:

La increíble fachada de San Giorgio de Ferrara

Realmente soberbia. No se nos puede escapar la estructuración armónica de la fachada, teniendo en cuenta que la base de la misma es de época románica y que por encima de ella se erige la continuación gótica perfectamente integrada en el conjunto. Es esta singularidad gótica la que nos llama la atención especialmente. Sobre el imponente arco de la entrada principal se alza una tribuna esculpida con intenciones muy concretas. Observamos un Juicio Final que cobra vida en piedra, para mostrarnos como Cristo juzga desde su mandorla divina y cómo los elegidos se dirigen civilizadamente en fila hacia el sí de Abraham (situado en el arco que flanquea la tribuna de frente a nuestra izquierda) o cómo los condenados desordenada y tortuosamente son conducidos directamente a las fauces de Leviatán o al caldero hirviente que se nos muestra (en el arco a la derecha de la citada tribuna). En una visión sintética, genuinamente gótica, pasamos del Cielo al Infierno en un solo recorrido, en un abrir y cerrar de ojos, en una instantánea sobrenatural plasmada ante nuestra atónita mirada. Somos testigos de una forma de pensar concreta que se nos abre y se sincera para que seamos capaces de olvidarnos, por unos momentos, de nuestra mentalidad de siglo xxi y nos empapemos de los mecanismos sofisticados del pensamiento gótico.

Tribuna con el Juicio Final y los dos arcos laterales con Abraham y el Infierno

Podríamos recorrer metro a metro cada recoveco de esta extraordinaria fachada y encontraríamos motivos de los que hablar en cada uno de ellos. Solamente nos fijaremos en un detalle más. En concreto una figura esculpida justo en la entrada (a nuestra derecha mirando de frente) debajo del arco principal de la fachada:

Jorobado sosteniendo la arquitectura de la entrada del Duomo de Ferrara

Ejemplo perfecto del repertorio infinito de figuras que el imaginario medieval nos ha legado, para nuestro gozo, pasión y suerte.