RECETAS DE CENNINI

Podemos asegurar que El Libro del Arte de Cennino Cennini es un recetario medieval, no referido a artes culinarias, sino dedicado al campo artístico. La formulación, el tipo de relación entre maestro y aprendiz o las etapas del aprendizaje nos muestran claramente el peso de la tradición proveniente del Medioevo, pero el concepto, las consideraciones de prestigio del artista y el afán por dar a la profesión artística la importancia que se merece, denotan la intención de reivindicar la dignidad del arte.
Cennini se formó en el taller florentino de los Gaddi y escribió El Libro del Arte a finales del siglo XIV. Para él, la pintura es una ciencia capaz de dar forma a la imaginación y tiene la misma categoría que la poesía, es decir, un rango de mucha importancia. Teniendo en cuenta estas premisas, vemos que Cennini todavía está ligado a la manera de proceder de tipo gremial que había regido en la Edad Media, alejándose aún de la idea de artista renacentista independiente que encabezarán, un poco más tarde, artistas como Brunelleschi.

Taddeo Gaddi, Anuncio a los pastores en la Cappella Baroncelli de Florencia, hacia 1327-1330. Cennini aprendió la profesión en el taller de los Gaddi, como comprobamos, un magnífico lugar para formarse

Taddeo Gaddi, Anuncio a los pastores en la Cappella Baroncelli de Florencia, hacia 1327-1330. Cennini aprendió la profesión en el taller de los Gaddi, como comprobamos, un magnífico lugar para formarse

Cennini, aparte de enseñar con sus recetas concretas, rigurosas y metódicas, cómo preparar pigmentos, cómo dibujar correctamente o cómo aplicar dorados, nos aconseja en variedad de asuntos. Por ejemplo, asesora a los nuevos artistas en conceptos fundamentales como éstos:
… dedícate ahora a copiar las mejores cosas que encuentres realizadas por los grandes maestros, mejor para ti. Pero yo te aconsejo que elijas siempre lo mejor y más famoso, y así, día a día, raro será que no asimiles su estilo y su arte; sin embargo, si hoy te dedicas a copiar a este maestro y mañana a aquél, no asimilarás ni el estilo de uno ni el del otro y te volverás caprichoso, ya que cada estilo te disipará la mente… Si perseveras en uno, malo será tu intelecto si no sacas de él algún provecho…dependerá de ti el que, si la naturaleza te concedió algo de fantasía, llegues o no a desarrollar un estilo propio, y éste no puede ser sino bueno…

Pintores al temple sobre tabla en el techo mudéjar de la Catedral de Santa María de Mediavilla en Teruel

Pintores al temple sobre tabla en el techo mudéjar de la Catedral de Santa María de Mediavilla en Teruel

La vida del pintor:
…debe ser siempre ordenada, como si tuvieses que estudiar teología, filosofía u otras ciencias: esto implica comer y beber moderadamente al menos dos veces al día, ingerir alimentos ligeros y nutritivos, beber poco vino, evitar que tu mano se fatigue con menesteres tales como tirar piedras, barras de hierro y otras cosas que son perjudiciales para la mano. Y aún hay perjuicio mayor que éste para la mano…y ello es frecuentar demasiado la compañía femenina…
El aprendizaje largo, duro y pausado:
…Que muchos dicen que han aprendido el arte sin haber estado con ningún maestro; no lo creas, que yo te doy un ejemplo con este libro: aunque lo estudies día y noche, si no adquieres alguna práctica con un maestro, no servirá de nada y no podrás figurar con honra entre los maestros…

Pigmentos minerales para pintura con el mortero para molerlos

Pigmentos minerales para pintura con el mortero para molerlos

Y se permite el lujo de aconsejar sobre maquillaje a las mujeres:
…Pero he de decirte que para conservar durante más tiempo el color natural del rostro, acostumbra a lavarte con agua de manantial, de pozo o de río; y he de advertirte que si utilizas otras cosas, el rostro no tardará en ajarse, los dientes se volverán negros y finalmente las mujeres envejecen antes de tiempo y se convierten en las viejas más feas que se puedan encontrar…
Lecciones cosméticas aparte… Cennini defiende la técnica como la mejor herramienta para plasmar la naturaleza. El buen pintor debe ser un profesional que trabaje mucho y no crea simplemente que su buen hacer le venga dado por ciencia infusa. Al mismo tiempo, no se desprende de sus escritos que quiera formar artistas que respondan a los mismos patrones, sino que recomienda siempre aplicar la sensibilidad y criterio de cada uno a la hora de utilizar lo que él les ha enseñado. Ensalza a los pintores autónomos, técnicos y con talento propio.
La importancia del libro de Cennini es indiscutible. No solamente porque nos muestra cómo se trabajaba en los talleres pictóricos de finales del siglo XIV, sino también porque nos regala el tesoro de implicarse, con sus consejos, recomendaciones y conceptos, en el hecho de enseñarnos la forma de pensar la pintura después del gran Giotto.

NATIVIDADES

En el Baptisterio de Pisa podemos sorprendernos con una obra verdaderamente excepcional: el púlpito de Nicola Pisano, el cual significa una renovación en el concepto escultórico del momento que permitirá la evolución –sin duda alguna- de la escultura italiana posterior. Nicola piensa el púlpito como una arquitectura independiente dentro del espacio del Baptisterio. Solamente este hecho es totalmente vanguardista en la época en que nos situamos. Hasta entonces, los púlpitos se erigen adosados a columnas o bien dependientes de otros elementos arquitectónicos que los sustentan o acompañan. Nicola no lo concibe como un anexo sino como una estructura con entidad propia. Incluso le da una forma geométrica innovadora que contrasta con los púlpitos realizados hasta el momento y permite que repose sobre seis imponentes magníficas columnas, tres de las cuales son sostenidas por fieros leones, más una elegante columna central.

El púlpito de Nicola Pisano en el Baptisterio de Pisa, fechado en 1260

El púlpito de Nicola Pisano en el Baptisterio de Pisa, fechado en 1260

 

Es una obra riquísima en ornamentación, simbolismo y figuración, fruto de un proyecto intelectual concreto, de un programa teológico perfectamente elaborado, muy pensado y cargado de contenido trascendente. Entre todos estos elementos destacan cinco paneles esculpidos: la Anunciación, la Natividad y Anuncio a los pastores, la Adoración de los Reyes Magos, la Presentación de Jesús al templo, la Crucifixión y el Juicio Final.

Nicola Pisano introduce en su ejecución escultórica un aspecto alucinante y altamente sugerente. Se fija en los sarcófagos romanos clásicos que están en el camposanto de la catedral de Pisa. Absorbe esos modelos antiguos y los refleja en su obra con toda libertad. Y no satisfecho con esta novedad que implica respeto y veneración al pasado, es capaz de imprimir en los gestos, los rostros y la disposición de las figuras una auténtica revolución. Nicola esculpe con delicado dramatismo, con una gestualidad que demuestra los sentimientos, con expresiones faciales que relatan realismo. Este hecho abrirá las puertas a la forma de sentir, pensar y demostrar lo humano, lo espiritual y lo divino del arte gótico. Fijémonos en el panel de la Anunciación, la Natividad y Anuncio a los pastores:

Observemos el dinamismo de las escenas, la variedad de elementos y la síntesis de conceptos

Observemos el dinamismo de las escenas, la variedad de elementos y la síntesis de conceptos

 

En la parte superior izquierda podemos ver la Anunciación con un bellísimo y contundente ángel que conturba a María, la cual parece una matrona romana. En la parte superior derecha observamos el Anuncio a los pastores, esquemático y sintético, que nos sitúa en el contexto de la escena central, es decir, la Natividad. Disfrutemos de esta maravilla escultórica.

Es una Natividad de tipo bizantino, con todas las características que la distinguen. Nos situamos en el momento posterior al parto. El Niño aparece envuelto (en realidad está recubierto por una mortaja en presagio del sacrificio vital al cual está predestinado), al lado de su Madre y reposando en un pesebre. María está recostada en su lecho, descansando del parto, meditabunda, y con la apariencia antigua de la que hemos hablado. Realmente es una figura bellísima, esculpida con una maestría y destreza innegables, que desprende una serenidad conmovedora. En la parte inferior izquierda vemos a San José, prudentemente separado de todo y de todos, como es habitual en el arte de la época. Y en primer plano, las parteras lavando al Niño según cuentan los Evangelios Apócrifos: el Proto-Evangelio de Santiago y el Pseudo-Mateo, el cual nos dice además sus nombres: Zelomi y Salomé.

Este tipo de escenificación de la Natividad triunfará durante décadas y décadas por su plasticidad, carga simbólica y humanidad:

Giotto, Natividad pintada en la Cappella Scrovegni de Padua donde comprobamos la forma de representación bizantina de la escena

Giotto, Natividad pintada en la Cappella Scrovegni de Padua donde comprobamos la forma de representación bizantina de la escena

 

La forma bizantina de la Natividad será la más representada hasta el siglo XV, cuando se empezarán a adoptar representaciones que nos mostrarán la escena dejando de lado el realismo del parto para dar paso a valorar la escena propiamente como una Adoración:

Hugo van der Goes, Natividad del Tríptico Portinari, c. 1476, custodiado en los Uffizi de Florencia

Hugo van der Goes, Natividad del Tríptico Portinari, c. 1476, custodiado en los Uffizi de Florencia

       

María y el resto de personajes ya no forman parte del contexto cotidiano del parto. Ahora se centran en adorar al Niño, verdadero protagonista de la Historia. Feliz Navidad…

 

LA CELDA DE PEDRALBES

Apartada del centro de la ciudad, en la zona alta de Barcelona, se ubica una joya muy especial: el monasterio de Pedralbes. Su austeridad arquitectónica exterior, nada tiene que ver con la riqueza de obras de arte que alberga entre sus muros. El nombre Pedralbes, proviene de la suma de dos términos piedra y blanca, en referencia a la palidez de las piedras con las que fue construido, originarias de la zona.

Pedralbes: monasterio, clarisas, celda

Claustro e iglesia del monasterio de Pedralbes

Su creación tiene origen en una fundación real. Jaime II el Justo y Elisenda de Montcada son los artífices de la misma, en el año 1326. La orden religiosa encargada de dar vida al monasterio fueron las Clarisas. Evidentemente, al tener la fundación una génesis real, las monjas de la comunidad eran básicamente hijas de nobles, lo que facilitó al monasterio contar con grandes dotes y generosas posibilidades económicas, sobre todo si tenemos en cuenta que la propia reina Elisenda hizo de Pedralbes su lugar de retiro y decidió enterrarse allí.

Enfocamos nuestra mirada al claustro. Un magnífica obra arquitectónica de tres pisos que por sí sola ya vale la visita. Si además le añadimos que encierra nuestro sorprendente objetivo, tenemos la combinación perfecta. Efectivamente, es una de las dependencias del claustro lo que atrae especialmente nuestra atención. Se trata de una celda de oración. Pero como podemos imaginarnos, no es una celda cualquiera. Hablamos del espacio privado de oración que encargó la abadesa Francesca Saportella: la capilla de Sant Miquel, decorada totalmente con frescos de uno de los pintores con más personalidad del siglo XIV, es decir, Ferrer Bassa. Las pinturas fueron encomendadas en 1346, cuando el monasterio todavía estaba en construcción.

Ferrer Bassa: Pedralbes, capilla de Sant Miquel

Interior de la capilla de Sant Miquel donde podemos apreciar las impactantes pinturas del maestro Ferrer Bassa

Ferrer Bassa traslada a este pequeño espacio barcelonés el estilo italianizante que imperaba en la pintura gótica del momento, pero con una particularidad muy concreta y extraordinaria. El maestro Bassa seguramente fue discípulo nada más y nada menos que del gran Giotto, y esa huella memorable la podemos disfrutar contemplando estos inauditos frescos. Ferrer Bassa aprende del maestro italiano el gusto por la coloración, la volumetría escultórica, la necesaria expresividad y dinamismo de las figuras para dar veracidad a lo que se narra con imágenes y los rasgos en los rostros de los personajes: sus ojos rasgados, sus líneas expresivas, sus gestos de emoción humana. Todo pasado por el rasero y el carácter de nuestro pintor, con un resultado refinado, fuertemente personal y altamente conmovedor.

Ferrer Bassa, capilla Sant Miquel, Prendimiento

Aquí podemos ver los rasgos giottescos pasados por el pincel de Bassa, los cuales confieren a las figuras una expresividad completamente única

Sumamos a todas estas singularidades, el hecho de que tenemos el contrato del encargo. No es nada habitual poseer este tipo de documentos. Muchas veces se han perdido en incendios, destrozos, malas gestiones o vicisitudes varias. Estamos hablando de un contrato del siglo XIV. Que se haya conservado hasta nuestros días es toda una proeza, ya que en muchas ocasiones conservamos el contrato, pero no la obra de arte y la mayoría de las veces, podemos contemplar la obra, pero sin la documentación que la acredita y no sabemos por supuesto ni quién la pintó y mucho menos quién la encargó. En este caso, gozamos de los dos elementos. Podemos leer en el contrato que la abadesa se compromete a pagar a Ferrer Bassa doscientos cincuenta sueldos por el trabajo más la comida de él y de sus ayudantes, pagando por adelantado cien sueldos de lo acordado y los ciento cincuenta restantes al finalizar las pinturas.

El maestro Bassa proyecta el ciclo de frescos de la capilla, no al azar, sino pensando muy bien qué quiere representar y cómo quiere hacerlo. De este modo, escoge escenas de la Pasión de Cristo, los Gozos de la Virgen y diferentes figuras de santos, todas inspiradas en las devociones franciscanas. No olvidemos que es un monasterio de Clarisas.

Ferrer Bassa, capilla Sant Miquel

Escena de la Oración en el Huerto y Prendimiento en capilla de Sant Miquel. Observemos el dinamismo y la volumetría de las figuras

La reciente restauración de los frescos ha hecho posible conocer la técnica utilizada por el maestro. Se ha constatado que realizó el trabajo sirviéndose de una técnica mixta de pintura al fresco en la mayoría de zonas de la capilla, completada en otras muchas partes por pintura al seco. Esta pintura al seco vendría a dar el toque final de color -en algunas zonas- a la base de pintura al fresco aplicada anteriormente.

Ferrer Bassa, a parte del particular estilo citado, aporta a las pinturas de Pedralbes innovaciones técnicas de vanguardia adquiridas en su aprendizaje italiano. Así, en el estudio minucioso de los frescos podemos ver como se sirve del spolvero para las cenefas y estrellas del techo y de las giornate para la consecución de los mismos. El spolvero consiste en dibujar sobre un cartón preparatorio, a tamaño real, el contorno de aquello que queremos representar. Con un punzón, se hacen agujeros a lo largo de todo este contorno, se apoya el cartón en la superficie donde queremos trasladar el dibujo, y con un carboncillo se pintan los puntos agujereados de tal manera que el contorno agujereado queda marcado en la pared. Ya tenemos nuestro dibujo marcado para ser pintado.

Ferrer Bassa, capella Sant Miquel, cenefa

Cenefa de la capilla donde vemos las marcas de los puntos agujereados en la técnica del spolvero

Las giornate son las pequeñas porciones de superficie preparada para pintar al fresco que el pintor sistematiza para poder aplicar la pintura correctamente. Lo nuevo que Ferrer Bassa importa de su estancia italiana en referencia a las giornate, es que éstas se adaptan completamente a la composición, de tal manera que prepara muchas superficies pequeñas para poder pintar con mucha precisión cada escena representada, como si fuera un puzzle que se va construyendo día a día. Todo un mundo fascinante.

Sin duda, no debemos pasar por Barcelona sin darnos el placer de visitar el monasterio de Pedralbes. No podemos dejar de adentrarnos en un espacio donde parece que el tiempo se detuvo hace setecientos años y perdernos una obra maestra de este calibre…

GIOTTO Y MENABUOI EN PADUA

Si queremos poner a prueba qué cantidad de belleza son capaces de asumir nuestros ojos y cuanta emoción puede resistir nuestra alma, entonces debemos visitar Padua. La ciudad es bellísima, no solamente porque cuenta con monumentos extraordinarios sino porque además, pasear por sus calles porticadas, contemplando sus hermosos edificios, no tiene parangón.

Calle del centro de Padua

Dos de estos monumentos increíbles son sin lugar a duda la Cappella Scrovegni, situada cerca de la estación ferroviaria y el Baptisterio, ubicado al lado del Duomo.

La Cappella Scrovegni, también denominada Cappella dell’Arena por estar situada donde se alzaba el circo en época romana, es una pequeña edificación que encierra uno de los tesoros más preciados del arte medieval: un ciclo completo de frescos de Giotto. Si deseamos admirarla, lo mejor es concertar visita previa por internet. Cuando tenemos  la entrada en nuestro poder, primeramente pasamos a una sala donde debemos permanecer veinte minutos en una atmósfera protectora especial, que nos desintoxica, para proceder inmediatamente a visitar durante quince minutos esta maravilla del arte.

Giotto termina los frescos de la capilla en el 1306, después de dos años de trabajo. El ciclo cuenta visualmente las vidas de la Virgen María y de Cristo, respectivamente, con la inclusión del Juicio Final en el muro oeste de la edificación. Giotto recibe el encargo de las pinturas por parte de Enrico Scrovegni, un rico comerciante de Padua, cuyo padre había recaudado su fortuna por medio de la usura. Para sanear los remordimientos que Enrico siente al pensar de donde viene la riqueza de la familia, decide construir esta capilla para la redención de sus pecados y la edifica como capilla-panteón familiar, adyacente a su palacio residencial, hoy en día desaparecido.

Interior de la Cappella Scrovegni con los magníficos frescos de Giotto

Todos los frescos que podemos disfrutar en la capilla son una obra maestra, no sólo por la innovación técnica y formal que nos ofrecen sino también por el repertorio visual, expresivo y emocional que nos brindan. No en vano el gran maestro Miguel Ángel recurre a Giotto como modelo fundamental de su arte. Para muestra de ello, una imagen del Lamento por Cristo muerto con el que Giotto nos conmueve:

Si Giotto nos deja boquiabiertos con este despliegue de talento y belleza, Giusto de Menabuoi no queda atrás en los frescos que recubren el interior del Baptisterio paduano. Las pinturas, ejecutadas entre 1375 y 1378 son uno de los testimonios mejor conservados, más completos y de mejor calidad de la pintura del Trecento italiano. Pagando una entrada simbólica, podemos adentrarnos en el universo paralelo que significa visitar el Baptisterio y sumergirse en el arte de Menabuoi. De su pincel sale sin lugar a dudas, una pintura que sin fugarse de la influencia de Giotto, es capaz de imponer su personalidad y mostrar una originalidad, una huella expresiva y una infinidad de matices cromáticos realmente sublime.

Vista de la bóveda y parte de los muros con los extraordinarios frescos de Menabuoi

Poco sabemos de Menabuoi, solamente que nació en Florencia y que nos ha dejado, afortunadamente, estas muestras con las que alimentamos nuestras ansias de belleza.

Disfrutar de cada detalle, de cada gradación de color, de cada línea del dibujo de primera calidad de este artista, es algo de lo que no podemos prescindir si nos gusta apreciar el arte. ¿Hay posibilidad de dudarlo?

Escena de la expresiva Matanza de los Inocentes de Menabuoi

Es asignatura pendiente para los historiadores del arte estudiar a fondo este magnífico maestro, sus influencias, su entorno y su proyección posterior.