SAN JORGE, LA PRINCESA Y EL DRAGÓN

San Jorge es uno de los santos más populares del mundo cristiano. Su iconografía más conocida -la imagen de caballero galante de brillante armadura- ha traspasado fronteras y está en la mente de todos nosotros. Es un santo antiguo y las historias que nos cuentan su vida y milagros se remontan al siglo V. La versión oficial se conserva en los archivos del Vaticano y nos cuenta que Jorge nació en la Capadocia, una región histórica de la actual Turquía, y lo hizo en el seno de una familia de religión cristiana. De muy joven se alistó en el ejército romano, con tan mala suerte que el emperador del momento, Diocleciano, decretó una furibunda persecución contra los cristianos. Era febrero del año 303 y esta implacable voluntad de eliminación del culto cristiano no escondió la fe de Jorge, sino que la fortificó.

Busto del emperador Diocleciano

Busto del emperador Diocleciano

Cuenta esta historia oficial del santo que se presentó ante el propio emperador y declaró su fe cristiana. Esta osadía le costó la pena de tortura despiadada durante siete días y la posterior condena a muerte. Jorge pereció mártir, decapitado, a la edad de veinte años un 23 de abril ante las murallas de Nicomedia, después de haber convertido al cristianismo a muchísimas personas y haber realizado diversos milagros. Tal fue la crueldad y el número de torturas que tuvo que soportar el joven soldado que se ganó el título de megalomártir, es decir, mártir de mártires.

De este modo, la iconografía de las primeras representaciones de San Jorge nos muestra imágenes de sus martirios y no tiene nada que ver con esa imagen de armadura medieval de caballero que nombrábamos anteriormente.

Uno de los martirios de San Jorge del Retablo de San Jorge de Jérica, Berenguer Mateu, 1431

Uno de los martirios de San Jorge del Retablo de San Jorge de Jérica, Berenguer Mateu, 1431

Es en época medieval cuando la Leyenda Dorada del dominico Jacopo da Varazze, extiende la leyenda del caballero San Jorge como tal. Defensor de la princesa y liberador de la brutalidad, la injusticia y la opresión encarnada en la figura del dragón que aterrorizaba a un pueblo entero al devorar a sus habitantes uno a uno, bajo la amenaza de arrasar el lugar totalmente. La Leyenda nos habla así de la gesta de San Jorge, el cual somete al fiero dragón cuando se dispone a matar a la hija del rey de la población: «Una vez que la joven hubo amarrado al dragón de la manera que Jorge le dijo, tomó el extremo del ceñidor como si fuera un ramal y comenzó a caminar hacia la ciudad llevando tras de sí al dragón que la seguía como si se tratase de un perrillo faldero. Rey y pueblo se convirtieron y, cuando todos los habitantes de la ciudad hubieron recibido el bautismo, San Jorge, en presencia de la multitud, desenvainó su espada y con ella dio muerte al dragón».

En el MNAC de Barcelona podemos disfrutar de una de las imágenes más singulares de San Jorge y la Princesa:

Maestro de San Jorge, San Jorge y la Princesa, tercer cuarto del siglo XV, Museu d’Art Nacional de Catalunya, Barcelona

Maestro de San Jorge, San Jorge y la Princesa, tercer cuarto del siglo XV, Museu d’Art Nacional de Catalunya, Barcelona

Esta pintura sobre tabla, de 90cm de altura, labrada con pan de oro, formaba parte de un retablo mucho más grande de composición desconocida. En ella vemos a un reflexivo San Jorge, mirando a su liberada princesa. No se nos presenta ninguna lucha, ni imagen de batalla con la fiera. Parece que asistimos al momento posterior, cuando todo ya ha pasado y la calma, la paz y el bienestar se imponen para mostrar que el mal ha sido vencido. La elegancia de los dos personajes es indiscutible. Nos muestra el Gótico más refinado y sofisticado, con matices delicados y siempre bellísimos. La autoría de la pintura todavía se discute. Atribuida a Jaume Huguet durante mucho tiempo, los estudios posteriores tienden a señalar que la obra es de autor desconocido y bautizado como el Maestro de San Jorge. Sea cual sea la mano de donde salió, tenemos que admitir que estamos contemplando una obra maestra que sobrecoge por tanto como nos dice con tan pocos elementos. Feliz Sant Jordi a todos!!!

SAKRAMENTSHAUS

Düsseldorf es una ciudad para descubrir. Es la capital de la región de Renania del Norte-Westfalia y presenta una mezcla de antiguo y vanguardísticamente moderno realmente espectacular. Luce su cosmopolitismo sin reservas ofreciendo además la oportunidad de disfrutar paseando por sus señoriales avenidas y, sin duda, admirando rincones diferentes que hay que ir encontrando con ojos curiosos. Por si esto fuera poco, debemos destacar la típica cerveza de la ciudad, la oscura Altbier, intensa y muy recomendable.

Uno de estos singulares sitios que hay que no nos podemos perder es la basílica de San Lambertus. Los oriundos de la ciudad la denominan la «Iglesia Grande» y es considerada la madre de las iglesias de Düsseldorf. Famosa en su exterior por la particularmente retorcida aguja de su campanario, hoy nos interesa por un elemento que atesora en su interior.

La retorcida aguja del campanario de San Lambertus de Düsseldorf

La retorcida aguja del campanario de San Lambertus de Düsseldorf

Nuestro objetivo se encuentra en la columna situada al noroeste del coro, el cual está ubicado en la nave central, detrás del altar. Se trata de un tabernáculo gótico, un sagrario con forma interesantísima, que se eleva hasta la bóveda del templo y que sorprende totalmente al toparse con él durante la visita. Realmente es espectacular. Es la obra más valiosa de San Lambertus y rápidamente nos damos cuenta del por qué. Contemplamos ante nuestra mirada una estructura arquitectónica adosada a la columna citada, completamente ornamentada y de proporciones exquisitas. Su denominación genérica en lengua alemana es Sakramentshaus, y su función ya la hemos señalado. Es un sagrario gótico, destinado a custodiar la sagrada forma. Datado entre 1475 y 1478, los estudiosos lo consideran la obra gótica tardía más importante de la zona del Bajo Rhin. De hecho, el trabajo de ornamentación del tabernáculo es realmente minucioso, de gran calidad tanto en las figuras como en los ornamentos y de talla verdaderamente elegante.

Vista general del extraordinario tabernáculo o Sakramentshaus

Vista general del extraordinario tabernáculo o Sakramentshaus

Esculpido en piedra arenosa francesa, está coronado con la preciosa figura de un pelícano alimentando a sus hijos con la propia sangre de su pecho desgarrado. El pelícano es uno de los símbolos que representan a Cristo como salvador que sacrifica su propia vida para dar la vida eterna a los creyentes, ya que se consideraba que este pájaro se auto infringía heridas para nutrir a sus propios hijos.

Perspectiva del tabernáculo con la figura del pelícano coronando la estructura

Perspectiva del tabernáculo con la figura del pelícano coronando la estructura

En tierras alemanas este tipo de construcciones para salvaguardar las hostias consagradas se realizaron sobre todo desde finales del siglo XIV. Posteriormente, a partir del Concilio de Trento (1545-1563) se instauró la necesidad de que estas sagradas formas estuvieran directamente en el altar. Es desde ese momento que las Sakramentshaus dejaron de tener sentido. Por este motivo, este tipo de obras son datables en una época muy concreta, y muy valiosas porque no son muchas las conservadas.

El tabernáculo de San Lambertus es en realidad un pabellón de tres pisos con planta pentagonal. Consta de cuatro columnas totalmente adornadas con talla de piedra que son soportadas por leones, los cuales sostienen en sus patas escudos y blasones de las ciudades de Düsselorf, Jülich y Nassau. El piso central, con rejas de forja, es el destinado a guardar las sagradas formas, como si fuera una gran vitrina fortificada.

Detalle de la Sakramentshaus donde vemos perfectamente la reja de forja mencionada

Detalle de la Sakramentshaus donde vemos perfectamente la reja de forja mencionada

En la base de la estructura podemos contemplar cuatro plafones figurativos de estupenda factura: Adán y Eva en el Paraíso, los mismos personajes cometiendo el Pecado Original, Cristo en el Monte de los Olivos y el Milagro de San Huberto.

Plafón de Adán y Eva cometiendo el Pecado Original

Plafón de Adán y Eva cometiendo el Pecado Original

En la imagen podemos apreciar la belleza de estas esculturas y la destreza magnífica que demuestra el escultor que las elaboró. Fijémonos también en toda la detalladísima tarea ornamental que enmarca la escena. Sin duda, una maravilla. El otro plafón que os quiero mostrar con detenimiento es el siguiente:

Plafón del Milagro de San Huberto

Plafón del Milagro de San Huberto

Nos presenta el Milagro que propició San Huberto de Lieja. Huberto era un noble merovingio que vivió entre los siglos VII y VIII. Hijo del duque de Aquitania, estaba destinado a heredar el ducado de su padre. Se casó con Floribana, hija del conde de Lovaina, a la que amaba profundamente. Como casi todos los nobles de la época, era amante de la caza, actividad que en esos tiempos no solamente servía para la función alimenticia sino que también era una manera de mantenerse en forma para las necesidades militares de estas familias, que conquistaban y mantenían territorios a base de escaramuzas, batallas y guerras. Huberto enviudó y desesperado por la pérdida de su esposa decidió retirarse a los bosques, apartarse de las creencias cristianas y vivir de lo que cazaba. Un Viernes Santo, cuando perseguía a un hermoso ciervo, éste se detuvo de golpe, se volvió hacia Huberto y le mostró un Crucifijo entre su cornamenta (imagen que vemos esculpida en la escena de nuestro plafón). Cristo habló a Huberto, que cayó de rodillas ante el prodigio, y le dijo que dejara las armas, que volviera a ser un buen creyente y que fuera a buscar a San Lamberto, el cual guiaría sus pasos dese ese momento (recordemos que San Lamberto es el titular de la basílica donde se encuentra este tabernáculo). Así lo hizo, renunció al ducado de Aquitania en favor de su hermano Eudo y fue ordenado obispo y sucesor de San Lamberto después de la muerte en martirio de éste.

Está clarísimo que el tabernáculo de Düsseldorf es una obra maestra para conocer, disfrutar y proteger. Admirarla y dejaos llevar por el sofisticado poder del gótico…

 

LA VISIÓN APOCALÍPTICA

Nos situamos en Castilla y León, más concretamente en la provincia de Palencia y en su Tierra de Campos. Detenemos nuestros pasos en una localidad con gran historia a sus espaldas: Carrión de los Condes, situada en el corazón del Camino de Santiago. En el afortunadamente recuperado Códice Calixtino (en su libro V: Iter pro peregrinis ad Compostellam, conocido como la Guía del peregrino y escrito por Aymeric Picaud) se hace referencia a Carrión asegurando que «…que es villa industriosa y muy buena y rica en pan, vino carne y en toda clase de productos…».

Inicio del Libro V del Códice Calixtino, una verdadera guía de viaje para el peregrino compostelano

Inicio del Libro V del Códice Calixtino, una verdadera guía de viaje para el peregrino compostelano

En el centro del casco urbano de esta población, rica en monumentos, nos cautiva sin remedio un elemento fascinante situado en la fachada occidental de la iglesia de Santiago. Me refiero a la extraordinaria portada escultórica realizada a finales del siglo XII. Una verdadera joya del Románico de transición hacia el Gótico, ejecutada con una maestría impresionante.

Portada occidental de la iglesia de Santiago de Carrión de los Condes

Portada occidental de la iglesia de Santiago de Carrión de los Condes

A simple vista, podemos observar la riqueza, la singularidad y la belleza de esta obra que no pasa desapercibida en ningún caso. Como vemos en la imagen anterior, la portada está dividida en dos partes. Una parte inferior que conforma el arco de entrada y un imponente friso superior. El arco cuenta con una arquivolta esculpida completamente, conformada por veinticuatro dovelas, cada una de las cuales contiene una figura diferente. Y no cualquier figura. Flanqueadas por dos leones en las dovelas de los extremos, las veintidós restantes representan los oficios que en la Edad Media eran cotidianos: copista, sastre, espadero, zapatero, juglar, alfarero, herrero, cocinero, cerrajero, plañidera, guerrero, fundidor,…

Parte del friso y arquivolta de la portada de la iglesia de Santiago

Parte del friso y arquivolta de la portada de la iglesia de Santiago

Detalle de la arquivolta de la iglesia con sus sorprendentes figuras

Detalle de la arquivolta de la iglesia con sus sorprendentes figuras

Una de las representaciones más bellas de la arquivolta: el juglar con la bailarina

Una de las representaciones más bellas de la arquivolta: el juglar con la bailarina

Más oficios representados. Observemos la riqueza de detalles y la habilidad del escultor

Más oficios representados. Observemos la riqueza de detalles y la habilidad del escultor 

La calidad de las figuras nos permite distinguir y disfrutar de cada una de ellas

La calidad de las figuras nos permite distinguir y disfrutar de cada una de ellas

El friso superior de la portada nos muestra la evidencia de una verdadera obra maestra. Cristo, en el centro, acogido en la mandorla mística está rodeado por los Cuatro Vivientes, es decir, la representación simbólica de los Cuatro Evangelistas en la visión que San Juan Evangelista describe en el libro bíblico del Apocalipsis. La visión apocalíptica (Apocalipsis, 4:6-9): «En el centro, alrededor del trono, había cuatro Vivientes: el primero se parecía a un león, el segundo a un novillo, el tercero tenía cara de hombre y el cuarto parecía un águila en vuelo. Los cuatro Vivientes día y noche cantan sin pausa: “Santo, Santo, Santo es el Señor, soberano de todo; el que era y es y viene”. Y cada vez que los cuatro Vivientes gritan gloria y honor y acción de gracias al que está sentado en el trono, que vive por los siglos de los siglos…».

Cristo entronizado rodeado por los Cuatro Vivientes

Cristo entronizado rodeado por los Cuatro Vivientes

Esta imagen central, potente y sublime, está acompañada a cada lado por los Apóstoles que aparecen representados bajo arcos polilobulados, los cuales nos proponen una solución estética ciertamente magnífica.  Es imposible no darse cuenta de la calidad extraordinaria de estas esculturas. Algunos historiadores han visto en Carrión conexiones con las innovaciones estilísticas que surgieron en Chartres en torno al 1200 y que se encontrarían también en la colegiata de Santillana del Mar o en la catedral de Lugo. Hablan de un taller itinerante que procedería del norte de Francia y que habría dejado su huella en territorios palentinos y lucenses. Otros estudiosos han visto relaciones entre el friso de Carrión y alguna obra ejecutada en Ávila. Lo cierto es que podemos afirmar que una obra de esta factura no es fruto de una casualidad, así que demuestra con creces la importancia de esta localidad y su relación con una de las vías de intercambio, de influencias y de poder tan completamente preponderante como fue el Camino de Santiago. Fijémonos en Cristo:

Cristo del friso de Carrión de los Condes

Cristo del friso de Carrión de los Condes

Es de una belleza extrema. La serenidad del rostro, la delicadeza y precisión de la mano que conserva, de los pies, el moldeado de barba y cabello, la increíble túnica esculpida de infinitos pliegues… Parece que la piedra sea blanda y que el maestro haya moldeado, con la maleabilidad de la mantequilla, un sinfín de recovecos a descubrir. La majestad de la figura es incontestable, emana el poder enigmático de la escena que relata y nos brinda la oportunidad de disfrutar de un arte único y de primera línea.

Sigue el friso, como hemos referido anteriormente, con un apostolado ubicado a cada lado de Cristo y los Vivientes. A nuestra izquierda:

Apóstoles del friso de Carrión de los Condes

Apóstoles del friso de Carrión de los Condes

A nuestra derecha:

Apóstoles del friso de Carrión, en este lado todavía más deteriorados que en el anterior

Apóstoles del friso de Carrión, en este lado todavía más deteriorados que en el anterior

Los arcos que coronan a cada uno de los seguidores de Cristo, se apoyan en columnitas de talla precisa, cada una diferente de la anterior, la cual cosa dinamiza todavía más la visión del conjunto. Los Apóstoles están muy maltrechos, muchos de ellos decapitados o mutilados. No obstante, se aprecia perfectamente la dedicación del maestro para dar movimiento a las esculturas, la preocupación por distinguir con sus atributos y actitud corporal a cada uno de los personajes y la idea de crear una obra unitaria, coherente y absolutamente armoniosa. Tenemos que destacar la intención del escultor de mostrarnos unas figuras con reminiscencias clásicas, como si fueran esculturas que homenajean a la Antigüedad y a la manera solemne que ésta tenía de presentar a sus dioses y mitos.

No podemos dejar escapar la oportunidad de gozar con la contemplación de esta obra que no deja de seducirnos ni un solo instante.