LA CAPA VERDE DEL ROMANO

Martín nació en Hungría, concretamente en la región de Panonia, en el año 316. Era hijo de un tribuno romano y de muy jovencito tuvo que alistarse en el ejército de Roma para ejercer de soldado a caballo en la guardia imperial. Se educó en Italia y cuentan las crónicas que era un aguerrido y valiente militar. En uno de sus viajes por los territorios en que las tropas romanas tenían que luchar, sucedió uno de los episodios más relatados, leídos, contados, representados y venerados de la cristiandad. Un invierno muy gélido, la tropa de Martín había entrado en la ciudad francesa de Amiens. Martín salió con su caballo a hacer un reconocimiento a los alrededores de la urbe y encontró a un pobre casi desnudo que le pidió limosna. Martín no tenía dinero para dar al mendigo, pero sí llevaba una gran y caliente capa que le protegía de los rigores del frío. No dudó ni un momento. Desenvainó su espada, cogió su capa y la cortó por la mitad, dándole al pobre una de las dos partes para que al menos pudiera abrigarse un poco. La hagiografía relata que esa misma noche Cristo se apareció a Martín en sueños ataviado con la misma media capa que había dado al mendigo. Desde esta vivencia, Martín adoptó un profundo sentimiento religioso, abandonó el ejército y acabó siendo obispo de Tours, en la misma Francia.

Sepulcro de San Martín en la basílica de Tours

Sepulcro de San Martín en la basílica de Tours

El gesto de Martín le valió la fama a través de los siglos. Su festividad se celebra el 11 de noviembre y realmente es uno de los santos que han despertado y despierta más devoción en todo el mundo. Por esta razón, las representaciones artísticas que ha suscitado han sido innumerables y magníficas. Entre estas manifestaciones devotas de San Martín quiero destacar el cuadro que El Greco dedica al momento estrella de la partición de la capa. Se trata de San Martín y el mendigo, un extraordinario lienzo que formaba parte del retablo mayor de la Capilla de San José de Toledo, cuya ejecución mantuvo intensamente ocupado al pintor griego entre 1597 y 1599. El retablo estaba dedicado en su advocación principal a San José, y en un principio la dicha Capilla estaba destinada a formar parte de un convento de carmelitas descalzas. El convento finalmente no se edificó, pero sí se erigió la Capilla y los herederos de su promotor -don Martín Ramírez- conservaron los deseos del mismo y llevaron a cabo la obra. Es por ese motivo que San Martín es también representado en la Capilla, en honor a su comitente. Observemos la extraordinaria obra:

Doménikos Theotokópoulos, El Greco, San Martín y el mendigo, 1597-1599, National Gallery of Art de Washington

Doménikos Theotokópoulos, El Greco, San Martín y el mendigo, 1597-1599, National Gallery of Art de Washington

El lienzo, que estaba situado en uno de los altares laterales de la Capilla fue vendido a la National Gallery of Art de Washington. Es realmente impresionante la cercanía de la acción, parece que el caballo del santo vaya a invadir nuestro espacio tridimensional de un momento a otro. En el fondo de la obra vemos el particular paisaje toledano que El Greco nos muestra habitualmente, con sus edificios estratégicamente colocados en medio de un clima tormentoso y misterioso que nos atrae sin remedio. El fondo deja de ser un mero relleno, para ser protagonista relevante de la buena acción del héroe. Éste, aparece vestido con armadura y atavíos propios de la época del pintor, que nos muestra estupendamente su maestría a la hora de plasmar el trabajo de ornamentación de la armadura, labrada magníficamente como es propio de las armaduras toledanas.

Fijémonos en el caballo. Es sobrecogedor. Un caballo blanco enorme, imponente, que nos mira con ojos penetrantes y que presagia sin duda los caballos que un poco más tarde pintará Rubens con toda su potencia.

Detalle del caballo de San Martín y el mendigo

Detalle del caballo de San Martín y el mendigo

San Martín se nos presenta en plenitud de su juventud: esbelto, proporcionado y elegante. El mendigo nos impacta por su altura superlativa que subraya tremendamente la delgadez de su figura y mueve a la caridad y a la compasión, que es el objetivo perseguido por la Iglesia en este tipo de representaciones devocionales. Podemos ver el alucinante contraste de colorido que El Greco nos plantea, para que lo saboreemos en cada centímetro de la obra y que nos lleva a disfrutar de su madurez como pintor y de su paleta riquísima de tonalidades siempre vivas. El impacto lumínico del cuadro seduce y nos lleva a su terreno. Es imposible que ese magnetismo nos deje indiferentes. Si miramos atentamente la imagen anterior, podemos admirar perfectamente un fragmento de la capa de Martín. El verde de la capa del santo. Según mi parecer, no hay nadie que haya logrado dar una vivacidad, una textura y una plenitud de matices en el color verde como lo hace El Greco. El pintor lo sabe y es por esa razón que ese brillante verde aparece en numerosas obras de su repertorio. Veamos dos ejemplos:

Doménikos Theotokópoulos, El Greco, San Pedro y San Pablo, 1595-1600, MNAC

Doménikos Theotokópoulos, El Greco, San Pedro y San Pablo, 1595-1600, MNAC

 

Doménikos Theotokópoulos, El Greco y taller, Pentecostés, hacia 1600, Museo Nacional del Prado

Doménikos Theotokópoulos, El Greco y taller, Pentecostés, hacia 1600, Museo Nacional del Prado

Simplemente genial. La cantidad de verdes que residen en ese verde es increíble. Es como si en esa manera de pintar el color se concentraran las posibilidades que la propia naturaleza nos brinda al presentarnos todos sus matices. Sólo los grandes maestros de verdad son capaces de mezclar una técnica impecable con la explosión de la expresividad. El Greco nos lo evidencia a cada pincelada.

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LA DELICADA NAVIDAD

Avià es un pueblo de la provincia de Barcelona, ubicado en la comarca del Berguedà, en la zona que denominamos Catalunya central. La localidad cuenta con una pequeña iglesia, Santa Maria d’Avià, que albergó hasta principios del siglo XX una obra maestra de la pintura medieval catalana: el frontal de Avià.

Interior de la iglesia de Santa Maria d’Avià donde vemos una reproducción del frontal del altar

Interior de la iglesia de Santa Maria d’Avià donde vemos una reproducción del frontal del altar

El frontal de altar es un elemento decorativo que cubre la parte delantera del mismo, entre la mesa propiamente dicha y el suelo. Es una pieza artística extraordinaria, prueba de ello es que los artistas han elaborado magníficos frontales tanto pintados como esculpidos en toda la época medieval. El frontal de Avià, actualmente custodiado en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) es un genial ejemplo de estas piezas únicas, sintéticas en imágenes pero riquísimas de significado y experiencia estética. Nuestro frontal es muy especial. Tratamos con una obra anónima, datada alrededor de 1200, elaborada sobre tabla, con pintura al temple, con relieves de estuco que separan los compartimentos escénicos, tapapujas de pergamino y restos de hoja metálica corlada.

Frontal de Santa Maria d’Avià

Frontal de Santa Maria d’Avià

La imagen central del retablo nos muestra a María con el Niño. Vemos perfectamente la influencia bizantina del estilo que el pintor utiliza para plasmar su talento. María, imponente, presidiéndolo todo, sosteniendo cercanamente a Jesús, se nos presenta como Sedes Sapientiae, es decir, como Trono de Sabiduría. El Niño, como Hijo de Dios, es la personificación de la Sabiduría Divina y la Virgen, al tenerlo en su regazo, se convierte en su trono, es el trono done se sostiene la Sabiduría de Dios. Observemos como María, a su vez, está sentada encima del cojín imperial bizantino sobre el que hemos hablado en alguna anterior ocasión. Flanquean a esta imagen central cuatro escenas relativas a la vida de la Virgen. A nuestra izquierda y en la parte superior: Anunciación y Visitación. Escenas compartidas en un mismo compartimento, separadas por un simbólico arco y columna arquitectónicos, finamente realizados. María viste siempre igual, para que podamos identificarla. En la Visitación, Elisabeth abraza a su prima María, a la manera oriental, bizantina, de representarnos el momento. Todo está elaborado con una delicadeza extrema y con la preocupación de que cada gesto de los personajes sea bello y expresivo.

Anunciación y Visitación del frontal de Avià

Anunciación y Visitación del frontal de Avià

En la parte inferior: los tres Reyes Magos adorando a María y Jesús. Aunque no estén en el mismo plano que la imagen central se refieren a ella sin dudas, como podemos observar. Una Epifanía preciosa y con los cánones que el estilo denota. Vemos como los Magos responden a las Tres Edades: Gaspar la juventud, Baltasar la madurez y Melchor la ancianidad. Y también constatamos que Baltasar no es negro. Todavía esta tradición para nosotros incontestable no ha entrado en las manifestaciones artísticas que se desarrollan en esos tiempos. La incorporación de Baltasar como rey negro va a tardar un poco, será en la transición hacia el Renacimiento. El cromatismo de los trajes refleja la calidad suprema de la obra, con toda su meticulosidad, detallismo y ganas de distinguir a cada uno de los personajes. Una maravilla.

Adoración de los Reyes Magos con la inscripción de sus respectivos nombres en una caligrafía sugerente y bellísima

Adoración de los Reyes Magos con la inscripción de sus respectivos nombres en una caligrafía sugerente y bellísima

A nuestra derecha, en la parte inferior, la Presentación de Jesús en el templo. Vemos a María ofreciendo al Niño en el templo. El  primogénito de las familias tenía que ser consagrado a Dios, en recuerdo de los primogénitos de Egipto que éste había salvado.
Por esta razón, José y María llevan a Jesús al templo de Jerusalén. Al entrar en el templo, el anciano Simeón, el sacerdote, toma en brazos a Jesús y lo bendice. Después, predecirá  a María que una espada atravesará su alma, indicando el sufrimiento futuro que le espera… Jesús no es tocado ni rozado directamente con la piel, en señal de respeto hacia la divinidad, como signo de purificación.

Presentación de Jesús en el templo. Tocar a Jesús con las manos cubiertas es signo de respeto a la divinidad

Presentación de Jesús en el templo. Tocar a Jesús con las manos cubiertas es signo de respeto a la divinidad

Sobre la Presentación, en la parte superior derecha, contemplamos la preciosísima imagen de la Natividad.

La impresionante, delicada y equilibradísima imagen de la Natividad de Avià

La impresionante, delicada y equilibradísima imagen de la Natividad de Avià

María está sentada, posición que demuestra los modelos bizantinos de esta pintura. Sus ropajes están meticulosamente ejecutados, con variedad de matices que nos permiten adivinar la anatomía del personaje y que dan una dimensión escultórica muy importante. No es una pintura plana, el artista quiere mostrar el volumen de lo que estamos observando, dentro de la perspectiva simbológica de la época. El Niño yace en el pesebre. Un pesebre que, si nos fijamos bien, veremos que en realidad es un sarcófago, la manera tradicional de pintar a Jesús en su especial cuna de recién nacido, presagio de su destino. Nace con una misión concreta y morirá por y para ella. Asimismo su cuerpo no está envuelto en inofensivos paños, sino que lo recubre una mortaja que comparte la simbología mortuoria del pesebre. San José les acompaña, con la mirada ausente pero con su presencia bien manifiesta. Este protagonismo irá disminuyendo con los años, hasta ver al carpintero completamente apartado de la escena. Excelente la representación de la mula y el buey, perfectamente integrados en la escena, cumpliendo su función de calentar con su respiración al pequeño Jesús. Muy interesante la decisión del pintor de adecuar al espacio los nimbos de María y el Niño, que se nos presentan aplastados para acoplarse perfectamente al sitio disponible. Realmente esta imagen es la representación sintética perfecta de la Navidad.

Acabamos con una observación estilística importante. Por si no hemos caído en la cuenta de ello, los personajes de nuestro frontal tienen los ojos claros, algo no muy típico en nuestro territorio. Responde a las influencias recibidas por el autor del frontal. Seguro que estuvo en contacto e incluso participó en manuscritos ingleses de la época, lo cual demostraría esta particularidad de los ojos claros y el detallismo en el dibujo.  Lo vemos de cerca:

Detalle de la imagen central, de una belleza indiscutible

Detalle de la imagen central, de una belleza indiscutible

 

Detalle de San José de la Natividad, donde vemos los ojos azules del personaje

Detalle de San José de la Natividad, donde vemos los ojos azules del personaje

Si viajáis a la estupenda Barcelona no dejéis de visitar el MNAC y dedicad un momento especial de vuestra atención al Frontal d’Avià. Dejaros impregnar por su delicadeza, brillantez técnica y sofisticada expresividad.

Feliz Navidad y todo lo mejor para el Nuevo Año 2014

 

EL DÍA DEL JUICIO FINAL

Viajamos a Venecia. Pero no nos infiltramos ni perdemos entre sus laberínticas callejuelas, puentecitos y minúsculas plazas. Nos embarcamos para visitar una de sus islas: Torcello. En ella, se encuentra una de las iglesias con más historia del arte italiano. Hablamos de la basílica de Santa Maria Asunta, antigua catedral de la diócesis desaparecida de Torcello. La primera construcción del edificio data del remoto año de 639, ampliándose la edificación en el 826 y configurándose su estructura definitiva en 1008. Es un claro ejemplo del estilo veneciano-bizantino que entronca con las majestuosas iglesias bizantinas de Rávena.

Imagen exterior de Santa Maria Asunta de Torcello

Imagen exterior de Santa Maria Asunta de Torcello

En su interior custodia múltiples tesoros que merecen nuestra admiración. Hoy os invito a disfrutar de uno de ellos. Se trata de un espectacular mosaico situado en la contra fachada de la iglesia, uno de las obras musivas más imponentes de la zona del Veneto, y eso es decir mucho teniendo en cuenta los mosaicos con que la Serenissima Venecia vistió a la catedral de San Marcos. El mosaico representa el Juicio Final, o más concretamente, la Parusía, es decir la segunda venida de Cristo al final de los tiempos. Está datado entre los siglos XI y XII. La impresionante escena está dividida en franjas que resumen el misterio cristiano de la muerte y resurrección de Cristo, con la culminación del Juicio Universal. El momento de ese fin de todos los tiempos es representado en el mosaico al modo bizantino, así que vemos en la parte central de la obra el momento de la Anastasis: la bajada de Cristo a los Infiernos para romper sus puertas, aplastar al diablo, hacer valer su potencia como Hijo de Dios y rescatar, entre otros, a Adán y Eva. Vemos esta gran escena bajo la Crucifixión, mostrada de forma tradicional, con María a la derecha de Cristo y San Juan Evangelista a su izquierda, lamentándose, con la mano en el rostro en expresión de dolor, por la cruel muerte de su maestro.

Mosaico del Juicio Final en Torcello, done podemos apreciar la clara división en franjas del conjunto musivo

Mosaico del Juicio Final en Torcello, done podemos apreciar la clara división en franjas del conjunto musivo

La visión de la Anastasis corta la respiración por la riqueza de detalles, la belleza de las figuras y la carga simbólica que desprende. Cristo, majestuoso, de tamaño gigante, sostiene una cruz en su mano izquierda, mientras tira de Adán con la derecha para arrancarlo del Limbo, pisoteando al demonio y las puertas del Infierno, como hemos apuntado anteriormente, con sus llaves y sus cerrajes. A su izquierda se nos presenta San Juan Bautista señalando con su índice a Cristo, en calidad de profeta y precursor, diciéndonos que al que se estaba esperando, ya ha llegado y la Humanidad debe rendirle cuentas. Por eso nos mira… Otras almas esperan ser rescatadas de las estancias infernales, mientras dos Arcángeles superlativos –Miguel y Gabriel-, extraordinarios, flanquean el transcendental momento, a la vez que dos personajes santos observan en calidad de testigos privilegiados, el transcurrir del acontecimiento. Esos personajes, situados al fondo a nuestra izquierda, son los reyes profetas: David y Salomón. Detrás del Bautista, vemos a diferentes profetas.

Detalle de la Anastasis donde vemos a Cristo tomando de la mano a Adán, Eva siguiéndole, a los reyes David y Salomón y a uno de los soberbios Arcángeles de la escena

Detalle de la Anastasis donde vemos a Cristo tomando de la mano a Adán, Eva siguiéndole, a los reyes David y Salomón y a uno de los soberbios Arcángeles de la escena

En la franja inferior a la Anastasis podemos contemplar una Déesis, una representación divina, donde Cristo en Pantocrator se muestra entronizado en majestad, otra vez flanqueado por María y San Juan, y en esta escena, acompañado de Apóstoles y ángeles. Es una visión de alto contenido teológico, como una revelación mística, una teofanía: la divinidad se nos muestra a los humanos para que seamos conscientes de su grandeza y poder. Cristo se representa dentro de la mandorla mística, signo de su condición divina, la cual es sostenida por dos serafines, los ángeles con ojos en sus alas, los más cercanos a la sabiduría de Dios.

En la siguiente franja observamos una escena absolutamente bizantina: la Etimasía. Realmente es una representación de gran delicadeza y de fuerza simbólica extrema. En el centro vemos un trono vacío, con un cojín en forma de tubo (propio de estas representaciones y propio de los tronos imperiales de Bizancio):

Cuatro franjas inferiores del mosaico. En el segundo nivel, la Etimasía, con el trono en el centro

Cuatro franjas inferiores del mosaico. En el segundo nivel, la Etimasía, con el trono en el centro

Sobre el cojín, una tela azul con una cruz, una corona de espinas y una lanza con esponja, símbolos de la Pasión de Cristo. Dos serafines y dos Arcángeles guardan el trono, mientras vemos a los pies del mismo, arrodillados, a Adán y Eva con actitud adoradora. Una imagen muy conveniente teniendo en cuenta que a los lados de la Etimasía podemos ser testigos de la resurrección de los muertos. A la izquierda, los muertos que están en la tierra, cuyos cuerpos -a veces desmembrados-, son literalmente vomitados simbólicamente por animales salvajes: león, elefante, hiena, leopardo, lobo, grifo y cuervos. A la derecha, los muertos del mar, son extraídos de las aguas por peces y seres marinos varios. Observamos también cuatro personajes esenciales en la escena, los ángeles que con sus trompetas despiertan a los muertos de su letargo para ser llamados al Juicio. Y todavía vemos un quinto ángel enrollando el cielo estrellado del Apocalipsis, señal inequívoca de que el Universo llega a su fin y todo se acaba y desaparece.

Resurrección de los muertos de la tierra (detalle)

Resurrección de los muertos de la tierra (detalle)

La franja que situamos bajo la anterior nos muestra la Psicostasis, esa escena tremenda en que el arcángel San Miguel pesa las almas de los humanos para saber qué grado de bondad reside en ellas y si merecen ser elegidos o ser condenados. Vemos a San Miguel disputando ese recuento de almas -como es tradicional en multitud de representaciones-, con un demonio que intenta hacer trampas y llevarse al averno el mayor número de parroquianos posible. En el  lado del Arcángel vemos a un grupo de salvados y en el lado del diablo a dos ángeles que azuzan a los damnados para entregarlos sin remedio al fuego eterno. Observamos como un terrorífico personaje con barbas blancas, el propio Satanás, se encarga de recibirlos y torturarlos. Y debajo de esta desgarradora escena, podemos contemplar los diferentes niveles del  Infierno con sus castigos correspondientes: los lujuriosos con las llamas hasta la cintura, los pecadores de gula se muerden las manos, los de ira sumergidos en aguas gélidas, los envidiosos son devorados una y otra vez por serpientes, los avariciosos son quemados completamente y asoman sus cabezas entre las llamas luciendo pendientes, mientras los perezosos son desmembrados sin piedad.  Increíbles escenas que podemos ver aquí con detalle:

El terrorífico y magnífico Infierno de Torcello

El terrorífico y magnífico Infierno de Torcello

Bajo el grupo de salvados disfrutamos de la placidez del Paraíso, donde las puertas del mismo se abren para los elegidos, recibidos por la propia Madre de Dios, San Pedro, San Miguel, San Juan Bautista y Abraham. El contraste con la representación del Infierno es brutal y magistralmente resuelta para demostrar, en la mentalidad de la época, la intención clarísima de las doctrinas de la Iglesia.

Sobre la puerta y entre estas dos escenas de Paraíso e Infierno, gozamos de la visión de una luneta donde se nos presenta María en actitud orante, enseñándonos las manos en un gesto habitual que denota la oración. Ella, situada encima de la puerta por donde saldríamos de la iglesia, recuerda a los creyentes que es la intercesora por excelencia ante Dios.

Es imposible no quedarse perplejo ante semejante obra de arte. Podríamos recurrir a ella en innumerables ocasiones y siempre descubriríamos detalles y curiosidades que nos sorprenderían sin cesar. Os recomiendo encarecidamente que si viajáis a la insuperable Venecia, no dejéis de visitar Torcello.

 

DE TORRENTE IN VIA BIBET…

Georg Friedrich Händel tiene veintidós años cuando escribe una de las obras más asombrosas del Barroco musical. La composición lleva por título Dixit Dominus, con una duración de aproximadamente media hora y con una audacia compositiva, una visión dramática y una calidad virtuosística capaz de sorprender en cada uno de los nueve movimientos que la conforman. En esa época el compositor alemán vive y trabaja en Roma, ciudad a la que llega en 1707. Dixit Dominus se estrena el 16 de julio de ese mismo año en la iglesia romana de Santa Maria in Montesanto, seguramente bajo el patrocinio del cardenal Carlo Colonna. Esta iglesia de la Ciudad Eterna ha representado y representa un gran símbolo para los artistas. Está situada en la concurrida Piazza del Popolo, entre la via del Corso y la via del Babuino, y es la iglesia gemela (aunque en realidad no sea así) de su compañera, Santa Maria dei Miracoli:

A nuestra derecha Santa Maria in Montesanto y a la izquierda Santa Maria dei Miracoli. Las iglesias parecen gemelas pero la primera tiene planta elíptica y la segunda circular

A nuestra derecha Santa Maria in Montesanto y a la izquierda Santa Maria dei Miracoli. Las iglesias parecen gemelas pero la primera tiene planta elíptica y la segunda circular

Santa Maria in Montesanto es denominada popularmente la Chiesa degli artisti, es decir, la iglesia de los artistas porque desde hace muchos años está vinculada a los artistas de la ciudad. En ella se celebran tradicionalmente actos litúrgicos, solemnidades e incluso funerales relacionados con personajes artísticos de relevancia. Empezó a construirse en 1662 con proyecto de Carlo Rainaldi y finalizaron su construcción Carlo Fontana y Mattia de Rossi, bajo la supervisión de Gian Lorenzo Bernini, unos quinze años después. El nombre y el culto a la Virgen del Carmen es adoptado en recuerdo de una pequeña iglesia que existía cerca del lugar y que era regida por carmelitas del Montesanto de Sicilia.
El texto del Dixit Dominus, obra registrada en el catálogo de composiciones de Händel con la referencia HWV 232, corresponde al salmo 110 (110:1-7) del Libro de los Salmos bíblico. Veamos el texto en latín y su traducción:
Dixit Dominus Domino meo:
sede a dextris meis,
donec ponam inimicos tuos
scabellum pedum tuorum.
Virgam virtutis tuae emittet
Dominus ex Sion:
dominare in medio inimicorum tuorum.
Tecum principium in die virtutis tuae,
in splendoribus sanctorum:
ex utero ante luciferum genui te.
Juravit Dominus,
et non poenitebit eum:
Tu es sacerdos in aeternum
secundum ordinem Melchisedech.
Dominus a dextris tuis confregit
in die irae suae reges.
Judicabit in nationibus, implebit ruinas;
conquassabit capita in terra multorum.
De torrente in via bibet:
propterea exaltabit caput.
Jehová dijo a mi Señor:
Siéntate a mi diestra,
Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
Jehová enviará desde Sion la vara de tu poder;
Domina en medio de tus enemigos.
Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder,
En la hermosura de la santidad.
Desde el seno de la aurora
Tienes tú el rocío de tu juventud.
Juró Jehová, y no se arrepentirá:
Tú eres sacerdote para siempre
Según el orden de Melquisedec.
El Señor está a tu diestra;
Quebrantará a los reyes en el día de su ira.
Juzgará entre las naciones,
Las llenará de cadáveres;
Quebrantará las cabezas en muchas tierras.
Del arroyo beberá en el camino,
Por lo cual levantará la cabeza.
Según algunos expertos, el significado del salmo es la afirmación contundente del papel de Cristo como judicador , vencedor e Hijo eterno de Dios. El texto es violento, propio de la inflexibilidad del Antiguo Testamento y con matices poéticos de gran belleza, que permiten a Händel desplegar todo el abanico de contrastes barrocos en su composición. La pieza está escrita para solistas vocales (dos sopranos, alto, tenor y bajo), coro, cuerdas y bajo continuo.

Georg Friedrich Händel pintado por Thomas Hudson

Georg Friedrich Händel pintado por Thomas Hudson

Empieza espectacularmente con una parte donde coro y solistas tienen que lucir sus virtudes al máximo nivel, ya que tanto las peripecias vocales como la energía requeridas son de fuerza vertiginosa. Solamente escuchar el tejido sonoro que el compositor crea para pronunciar las dos primeras palabras: Dixit Dominus, ya nos atrae como un imán. Es imposible no tener ganas de continuar escuchando las siguientes partes de la obra porque, además, no decepcionan en absoluto. Os invito a disfrutar de la magnífica aria Virgam virtutis escrita para alto solista; de los colores diferentes, explosivos y extraordinarios que Händel nos brinda en las partes de coro Iuravit Dominus o Tu es sacerdos; del esplendoroso Gloria final, exuberante y colorido y, por supuesto, del dueto que se marcan las dos sopranos solistas con fondo de coro masculino, De torrente in via bibet, una de las páginas mejor escrita de la Historia de la Música, con un diálogo de melodías preciosas, creando un clima cálido y a la vez cristalino y celestial que suspende el alma, el espíritu o como queramos llamar a aquello que nos sobrecoge los sentimientos y que nos lleva más allá de lo físico. El poder de seducción, de atracción, de embelesamiento de la música, sin duda, se revela en este dueto. Escuchadlo y dejad que os invada, veréis como os rendís al encanto embriagador de su transcurrir en el tiempo… Una de mis versiones predilectas de la obra es la que nos ofrece el director de Les Musiciens du Louvre, Marck Minkowsky, editada en 1999 por el sello Archiv, pero hay cantidad de grabaciones editadas para que podáis contrastar opiniones.

Posible retrato de Georg Friedrich Händel de joven

Posible retrato de Georg Friedrich Händel de joven

Dixit Dominus es considerada la primera obra maestra de Händel, el cual permaneció en Italia hasta 1709, donde compuso oratorios y óperas de gran éxito. La audacia de Händel como compositor de música vocal es incontestable y los que hemos tenido la suerte de poderla interpretar sabemos lo bien que componía para la voz, de qué manera su talento facilita la interpretación de las partituras que escribe y qué resultados absolutamente brillantes se obtienen si hacemos caso de lo que nos dice en sus composiciones.

UN TESORO DE VERONA

Si visitamos el norte de Italia, Verona es una de las ciudades que no debemos dejar escapar. No solamente porque la elegancia de sus calles nos atrae constantemente, sino porque además podemos dar con sorprendentes vestigios romanos, y no hablamos únicamente de la famosa Arena. La ciudad alberga numerosos tesoros derivados de sus esplendores históricos. Una de esas maravillas es sin lugar a dudas la iglesia de Sant’Anastasia.

Sant'Anastasia de Verona: fachada gótica. Gótico meridional

Fachada principal de Sant’Anastasia, única parte no concluida de la iglesia

La edificación empezó a construirse en 1290 y es un impresionante ejemplo del Gótico meridional italiano. Está ubicada en pleno casco histórico de Verona y se erigió gracias a la familia gobernante del momento, los Scaligeri, y con la colaboración de otras familias potentes de la ciudad. Se sitúa donde habían existido anteriormente dos iglesias dedicadas a Santa Anastasia y a San Remigio, las cuales eran cuidadas y dirigidas por frailes dominicos. Cuando se tomó la decisión de alzar una sola iglesia, los mismos frailes pidieron que fuera erigida en honor a uno de los mártires más famosos de la Orden Dominica: San Pedro de Verona, oriundo de la ciudad y canonizado en 1253, es decir, en fecha cercana a la citada de 1290. Los veroneses, sin embargo, debido a la devoción que profesaban a Santa Anastasia, siguieron denominando a la iglesia por esta advocación. Las obras de construcción se prolongaron hasta el 1500. De enormes dimensiones, es la iglesia más grande de la ciudad, con tres naves sostenidas por doce columnas de mármol rosso di Verona (un preciosísimo mármol que se obtiene en las montañas cercanas a la ciudad, el cual posee un sugerente color rosado y una textura de apariencia mantecosa totalmente singular).

Sant'Anastasia de Verona, Gótico meridional, mármol rosso de Verona, bóvedas decoradas

El alucinante interior de Sant’Anastasia con sus bóvedas de crucería laboriosamente decoradas

Como podemos apreciar, el interior de Sant’Anastasia es una verdadera gozada. Nos adentramos en un espacio gótico por excelencia, generoso, dinámico, muy diferente al Gótico septentrional, con la particularidad de las decoraciones que lo embellecen, dándonos una sensación de luminosidad y de recubrimiento del espacio que, al contrario de saturarnos, lo que hace es invitarnos a respirar con placidez. Fijémonos un poquito más de cerca en estos motivos ornamentales:

Sant'Anastasia de Verona, bóvedas ornamentadas, santos, iluminaciones

Decoraciones de una de las bóvedas de Sant’Anastasia con retratos de santos y ornamentaciones principalmente vegetales

Al vernos inseridos en este entorno absoluta y minuciosamente ornamentado, parece que nos hemos infiltrado en el interior de un manuscrito repleto de iluminaciones, como si formásemos parte de las páginas de un pergamino medieval. La sensación es realmente impresionante.

La iglesia custodia multitud de obras de arte diferentes, pero hay un rinconcito elevado que requiere nuestra atención. Hablamos del detalladísimo fresco San Giorgio e la principessa de Pisanello:

Pisanello, Sant'Anastasia, San Giorgio e la principessa, obra maestra

Antonio di Puccio Pisano, llamado il Pisanello, nos muestra su maestría en el fresco pintado en Sant’Anastasia

El fresco, en un primer momento, formó parte de la decoración íntegra de la capilla Pellegrini de la misma iglesia, encargada hacia 1434. Desgraciadamente, problemas de humedades echaron a perder los muros de dicha capilla destruyendo las pinturas.  Solamente se pudo salvar este fragmento, considerado la obra maestra del pintor. De este modo, se trasladó esta parte superviviente donde la vemos hoy, encima de uno de los arcos del transepto. La pintura nos muestra el momento clave en que san Jorge se dispone a montar su caballo blanco e ir a dar muerte al dragón, bajo la mirada impasible y refinada de la princesa, que vemos de perfil. La calidad de la ejecución de Pisanello es extraordinaria, sobre todo si observamos la textura de ropajes y armaduras, incidiendo  además en el realismo con que pinta los caballos en escorzo, una habilidad al alcance de pocos. Distinguimos, al fondo de la composición, la aparición de una ciudad de cuento, con torres y arquitecturas variadas, que confieren al paisaje una sofisticación especial. En la parte superior izquierda vemos, no sin perplejidad, dos ejecutados colgados del cuello. ¿Pisanello nos quiere mostrar aún más realismo? ¿Tiene la voluntad de integrar en su paisaje una imagen habitual en la cotidianeidad de las ciudades de la época? ¿Puede haber algún simbolismo oculto en la representación de los ajusticiados?…

Como hemos apuntado anteriormente, podríamos detenernos continuamente dentro de Sant’Anastasia y no pararíamos de descubrir elementos y detalles que nos llamarían la atención. De este modo, si al entrar a la iglesia no hemos reparado en ello, seguro que al disponernos a salir, casi nos tropezaremos con unos callados personajes de naturaleza pétrea. Son sin duda una auténtica maravilla: los jorobados que sostienen las pilas del agua bendita.

Jorobados de Sant'Anastasia de Verona, sufrientes esculpidos, pila de agua bendita

Escultura, sufrientes esculpidos, Sant'Anastasia, pila de agua bendita

Jorobados de Sant’Anastasia. Podemos apreciar el color y textura del mármol rosso de Verona

Estos sufrientes esculpidos, como podemos observar estupendamente realizados, soportan perennemente sobre su espalda un peso descomunal. Nos acordaremos entonces, que según la tradición, debemos tocar precisamente su joroba para que nos dé suerte: así que no podemos dejar de hacerlo antes de abandonar este fenomenal monumento veronés.