TIEMPO DE NAVIDAD

Estamos en Florencia. Es tiempo de Navidad. La ciudad paradigmática del arte renacentista nos brinda una de las imágenes más delicadamente bellas y peculiares que podemos contemplar si buscamos escenas navideñas. Entramos en la iglesia de la Santa Trinità y nos dirigimos hacia una de sus capillas más singulares: la Cappella Sassetti. En este espacio maravilloso, Domenico Ghirlandaio, el tutor que guió los primeros pasos de Miguel Ángel como pintor, desarrolla uno de los ciclos de la vida de San Francisco de Asís más sugerentes de los que jamás se han plasmado en pintura.

Cappella Sassetti, Santa Trinità, Florencia

Cappella Sassetti, Santa Trinità, Florencia

Pero no son estos increíbles frescos los que hoy nos ocupan, si no la pala de altar que el mismo Ghirlandaio pinta para la capilla:

Domenico Ghirlandaio, pala del altar de la Cappella Sassetti

Domenico Ghirlandaio, pala del altar de la Cappella Sassetti

Podemos observar una de las escenas más representadas en la historia del arte relativa a la Navidad. Se trata de la Adoración de los pastores, en este caso, absolutamente sorprendente y considerada una de las obras maestras del pintor. Está fechada en 1485, realizada en témpera sobre tabla, y muestra claramente como Ghirlandaio quiere subrayar el hecho de que el Dios cristiano nace en medio de la cultura pagana. Es evidente que la imagen nos presenta varios elementos de arte clásico perfectamente integrados tanto en el paisaje como en la narración del momento. De hecho, la mula y el buey tienen como pesebre un singular sarcófago romano de magnífico mármol. Este motivo fúnebre no solamente entronca con el arte clásico, también lo hace con la tradición medieval de representar el pesebre donde duerme Jesús, literalmente como un sarcófago, una tumba, presagio de su trágica muerte humana.

María aparece en actitud orante y arrodillada, adorando a su propio Hijo y totalmente ajena a lo que acontece a su alrededor. No es el caso de José, el cual se vuelve, curioso, con la mano en la frente, para poder mirar detalladamente el cortejo que se aproxima. No es una visita cualquiera: son los reyes de Oriente que llegan con su opulento cortejo para rendir homenaje al recién nacido. A la derecha de la escena y en primer plano, vemos a tres pastores adorando al pequeño Jesús. Los estudiosos ven en esta composición la influencia del Tríptico Portinari del flamenco Hugo van der Goes, donde se nos presentan tres pastores retratados de manera totalmente realista, así como a María arrodillada en actitud de adoración al Niño, lo mismo que Ghirlandaio, como señalábamos anteriormente, nos propone en la Cappella Sassetti.

Hugo van der Goes, imagen central del Tríptico Portinari, c. 1477, Galleria degli Uffizi, Florencia, donde vemos a la derecha de la imagen los tres pastores y María adorando al Niño

Hugo van der Goes, imagen central del Tríptico Portinari, c. 1477, Galleria degli Uffizi, Florencia, donde vemos a la derecha de la imagen los tres pastores y María adorando al Niño

Entre los pastores de Ghirlandaio, vemos a uno de ellos que señala con su dedo índice de la mano izquierda al pequeño Jesús. Ese pastor es probablemente el propio pintor que se autorretrata con todo realismo y asume un papel muy relevante en la composición:

Ghirlandaio en la pala Sassetti (detalle)

Ghirlandaio en la pala Sassetti (detalle)

Es extraordinario el realismo de estos retratos y la precisión en la ejecución de todos los detalles que se pintan, influencia clarísima de los maestros flamencos que el pintor italiano asume y explota con auténtica maestría. De este modo, la veracidad de lo que se representa también pasa por gestos comunes, como por ejemplo el hecho de que el Niño se lleva el dedo a la boca, no sabemos si con la mera intención de mostrar que podría ser un bebé cualquiera o para dar muestras de cotidianeidad. Distinguimos la divinidad de este recién nacido, obviamente por la aureola que Jesús luce detrás de su cabecita, el nimbo crucífero, que una vez más nos recuerda el futuro de sacrificio que deberá vivir.

En primer plano, en el suelo, podemos observar un pequeño montón que se compone de una piedra y dos ladrillos. Los estudiosos creen que posiblemente sea una alusión al apellido de los comitentes, es decir, Sassetti. La palabra sasso en italiano quiere decir piedra. Encima de la piedra vemos a un jilguero que, como todo en el arte de esta época, no aparece sin razón. Este delicado pájaro es símbolo de la pasión y resurrección de Cristo. Cuenta la tradición que un jilguero arrancó una espina de la ceja de Cristo cuando estaba padeciendo en la Cruz y que al hacer este gesto para aligerar el dolor del crucificado, le cayó una gota de sangre del mismo encima. Por eso los jilgueros tienen el plumaje de la parte delantera de su cabeza de color intensamente rojo. Fijémonos en el fondo de la obra:

Detalle del fondo de la Adoración de los pastores de Ghirlandaio

Detalle del fondo de la Adoración de los pastores de Ghirlandaio

Arriba, en la parte izquierda podemos ver el Anuncio a los pastores donde un ángel completamente azul, como un querubín con una llama en la frente, sorprende a pastores y ovejas con la Buena Nueva. A la derecha de la imagen y en primer plano vemos una de las columnas que componen el singular portal de Belén de la obra. Encima del capitel de orden corintio, Ghirlandaio nos pinta claramente en cifras latinas el año en que realiza la pintura: MCCCCLXXXV. Y en el paisaje del fondo podemos apreciar dos ciudades, según los estudiosos de la obra, Roma y Jerusalén. Todo es símbolo, todo es significado, todo importa. Es fantástico. Os invito a que disfrutéis de cada ínfimo detalle de la obra, que la paladeéis y que os dejéis transportar a esos tiempos remotos, los renacentistas y los antiguos, mientras escucháis una de las melodías gregorianas más bellas jamás escritas, la antífona Hodie Christus natus est:

Hodie Christus natus est. Hodie salvator apparuit. Hodie in terra canunt angeli, laetantur archangeli. Hodie exsultant justi, dicentes: Gloria in excelsis Deo, Alleluia. Hoy Cristo ha nacido; Hoy el Salvador ha aparecido; hoy en la tierra cantan los ángeles; hoy se alegran los justos diciendo: Gloria a Dios en las alturas, Aleluya.

Feliz Navidad y un prosperísimo Año 2015

 

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LA DELICADA NAVIDAD

Avià es un pueblo de la provincia de Barcelona, ubicado en la comarca del Berguedà, en la zona que denominamos Catalunya central. La localidad cuenta con una pequeña iglesia, Santa Maria d’Avià, que albergó hasta principios del siglo XX una obra maestra de la pintura medieval catalana: el frontal de Avià.

Interior de la iglesia de Santa Maria d’Avià donde vemos una reproducción del frontal del altar

Interior de la iglesia de Santa Maria d’Avià donde vemos una reproducción del frontal del altar

El frontal de altar es un elemento decorativo que cubre la parte delantera del mismo, entre la mesa propiamente dicha y el suelo. Es una pieza artística extraordinaria, prueba de ello es que los artistas han elaborado magníficos frontales tanto pintados como esculpidos en toda la época medieval. El frontal de Avià, actualmente custodiado en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) es un genial ejemplo de estas piezas únicas, sintéticas en imágenes pero riquísimas de significado y experiencia estética. Nuestro frontal es muy especial. Tratamos con una obra anónima, datada alrededor de 1200, elaborada sobre tabla, con pintura al temple, con relieves de estuco que separan los compartimentos escénicos, tapapujas de pergamino y restos de hoja metálica corlada.

Frontal de Santa Maria d’Avià

Frontal de Santa Maria d’Avià

La imagen central del retablo nos muestra a María con el Niño. Vemos perfectamente la influencia bizantina del estilo que el pintor utiliza para plasmar su talento. María, imponente, presidiéndolo todo, sosteniendo cercanamente a Jesús, se nos presenta como Sedes Sapientiae, es decir, como Trono de Sabiduría. El Niño, como Hijo de Dios, es la personificación de la Sabiduría Divina y la Virgen, al tenerlo en su regazo, se convierte en su trono, es el trono done se sostiene la Sabiduría de Dios. Observemos como María, a su vez, está sentada encima del cojín imperial bizantino sobre el que hemos hablado en alguna anterior ocasión. Flanquean a esta imagen central cuatro escenas relativas a la vida de la Virgen. A nuestra izquierda y en la parte superior: Anunciación y Visitación. Escenas compartidas en un mismo compartimento, separadas por un simbólico arco y columna arquitectónicos, finamente realizados. María viste siempre igual, para que podamos identificarla. En la Visitación, Elisabeth abraza a su prima María, a la manera oriental, bizantina, de representarnos el momento. Todo está elaborado con una delicadeza extrema y con la preocupación de que cada gesto de los personajes sea bello y expresivo.

Anunciación y Visitación del frontal de Avià

Anunciación y Visitación del frontal de Avià

En la parte inferior: los tres Reyes Magos adorando a María y Jesús. Aunque no estén en el mismo plano que la imagen central se refieren a ella sin dudas, como podemos observar. Una Epifanía preciosa y con los cánones que el estilo denota. Vemos como los Magos responden a las Tres Edades: Gaspar la juventud, Baltasar la madurez y Melchor la ancianidad. Y también constatamos que Baltasar no es negro. Todavía esta tradición para nosotros incontestable no ha entrado en las manifestaciones artísticas que se desarrollan en esos tiempos. La incorporación de Baltasar como rey negro va a tardar un poco, será en la transición hacia el Renacimiento. El cromatismo de los trajes refleja la calidad suprema de la obra, con toda su meticulosidad, detallismo y ganas de distinguir a cada uno de los personajes. Una maravilla.

Adoración de los Reyes Magos con la inscripción de sus respectivos nombres en una caligrafía sugerente y bellísima

Adoración de los Reyes Magos con la inscripción de sus respectivos nombres en una caligrafía sugerente y bellísima

A nuestra derecha, en la parte inferior, la Presentación de Jesús en el templo. Vemos a María ofreciendo al Niño en el templo. El  primogénito de las familias tenía que ser consagrado a Dios, en recuerdo de los primogénitos de Egipto que éste había salvado.
Por esta razón, José y María llevan a Jesús al templo de Jerusalén. Al entrar en el templo, el anciano Simeón, el sacerdote, toma en brazos a Jesús y lo bendice. Después, predecirá  a María que una espada atravesará su alma, indicando el sufrimiento futuro que le espera… Jesús no es tocado ni rozado directamente con la piel, en señal de respeto hacia la divinidad, como signo de purificación.

Presentación de Jesús en el templo. Tocar a Jesús con las manos cubiertas es signo de respeto a la divinidad

Presentación de Jesús en el templo. Tocar a Jesús con las manos cubiertas es signo de respeto a la divinidad

Sobre la Presentación, en la parte superior derecha, contemplamos la preciosísima imagen de la Natividad.

La impresionante, delicada y equilibradísima imagen de la Natividad de Avià

La impresionante, delicada y equilibradísima imagen de la Natividad de Avià

María está sentada, posición que demuestra los modelos bizantinos de esta pintura. Sus ropajes están meticulosamente ejecutados, con variedad de matices que nos permiten adivinar la anatomía del personaje y que dan una dimensión escultórica muy importante. No es una pintura plana, el artista quiere mostrar el volumen de lo que estamos observando, dentro de la perspectiva simbológica de la época. El Niño yace en el pesebre. Un pesebre que, si nos fijamos bien, veremos que en realidad es un sarcófago, la manera tradicional de pintar a Jesús en su especial cuna de recién nacido, presagio de su destino. Nace con una misión concreta y morirá por y para ella. Asimismo su cuerpo no está envuelto en inofensivos paños, sino que lo recubre una mortaja que comparte la simbología mortuoria del pesebre. San José les acompaña, con la mirada ausente pero con su presencia bien manifiesta. Este protagonismo irá disminuyendo con los años, hasta ver al carpintero completamente apartado de la escena. Excelente la representación de la mula y el buey, perfectamente integrados en la escena, cumpliendo su función de calentar con su respiración al pequeño Jesús. Muy interesante la decisión del pintor de adecuar al espacio los nimbos de María y el Niño, que se nos presentan aplastados para acoplarse perfectamente al sitio disponible. Realmente esta imagen es la representación sintética perfecta de la Navidad.

Acabamos con una observación estilística importante. Por si no hemos caído en la cuenta de ello, los personajes de nuestro frontal tienen los ojos claros, algo no muy típico en nuestro territorio. Responde a las influencias recibidas por el autor del frontal. Seguro que estuvo en contacto e incluso participó en manuscritos ingleses de la época, lo cual demostraría esta particularidad de los ojos claros y el detallismo en el dibujo.  Lo vemos de cerca:

Detalle de la imagen central, de una belleza indiscutible

Detalle de la imagen central, de una belleza indiscutible

 

Detalle de San José de la Natividad, donde vemos los ojos azules del personaje

Detalle de San José de la Natividad, donde vemos los ojos azules del personaje

Si viajáis a la estupenda Barcelona no dejéis de visitar el MNAC y dedicad un momento especial de vuestra atención al Frontal d’Avià. Dejaros impregnar por su delicadeza, brillantez técnica y sofisticada expresividad.

Feliz Navidad y todo lo mejor para el Nuevo Año 2014

 

EL DÍA DEL JUICIO FINAL

Viajamos a Venecia. Pero no nos infiltramos ni perdemos entre sus laberínticas callejuelas, puentecitos y minúsculas plazas. Nos embarcamos para visitar una de sus islas: Torcello. En ella, se encuentra una de las iglesias con más historia del arte italiano. Hablamos de la basílica de Santa Maria Asunta, antigua catedral de la diócesis desaparecida de Torcello. La primera construcción del edificio data del remoto año de 639, ampliándose la edificación en el 826 y configurándose su estructura definitiva en 1008. Es un claro ejemplo del estilo veneciano-bizantino que entronca con las majestuosas iglesias bizantinas de Rávena.

Imagen exterior de Santa Maria Asunta de Torcello

Imagen exterior de Santa Maria Asunta de Torcello

En su interior custodia múltiples tesoros que merecen nuestra admiración. Hoy os invito a disfrutar de uno de ellos. Se trata de un espectacular mosaico situado en la contra fachada de la iglesia, uno de las obras musivas más imponentes de la zona del Veneto, y eso es decir mucho teniendo en cuenta los mosaicos con que la Serenissima Venecia vistió a la catedral de San Marcos. El mosaico representa el Juicio Final, o más concretamente, la Parusía, es decir la segunda venida de Cristo al final de los tiempos. Está datado entre los siglos XI y XII. La impresionante escena está dividida en franjas que resumen el misterio cristiano de la muerte y resurrección de Cristo, con la culminación del Juicio Universal. El momento de ese fin de todos los tiempos es representado en el mosaico al modo bizantino, así que vemos en la parte central de la obra el momento de la Anastasis: la bajada de Cristo a los Infiernos para romper sus puertas, aplastar al diablo, hacer valer su potencia como Hijo de Dios y rescatar, entre otros, a Adán y Eva. Vemos esta gran escena bajo la Crucifixión, mostrada de forma tradicional, con María a la derecha de Cristo y San Juan Evangelista a su izquierda, lamentándose, con la mano en el rostro en expresión de dolor, por la cruel muerte de su maestro.

Mosaico del Juicio Final en Torcello, done podemos apreciar la clara división en franjas del conjunto musivo

Mosaico del Juicio Final en Torcello, done podemos apreciar la clara división en franjas del conjunto musivo

La visión de la Anastasis corta la respiración por la riqueza de detalles, la belleza de las figuras y la carga simbólica que desprende. Cristo, majestuoso, de tamaño gigante, sostiene una cruz en su mano izquierda, mientras tira de Adán con la derecha para arrancarlo del Limbo, pisoteando al demonio y las puertas del Infierno, como hemos apuntado anteriormente, con sus llaves y sus cerrajes. A su izquierda se nos presenta San Juan Bautista señalando con su índice a Cristo, en calidad de profeta y precursor, diciéndonos que al que se estaba esperando, ya ha llegado y la Humanidad debe rendirle cuentas. Por eso nos mira… Otras almas esperan ser rescatadas de las estancias infernales, mientras dos Arcángeles superlativos –Miguel y Gabriel-, extraordinarios, flanquean el transcendental momento, a la vez que dos personajes santos observan en calidad de testigos privilegiados, el transcurrir del acontecimiento. Esos personajes, situados al fondo a nuestra izquierda, son los reyes profetas: David y Salomón. Detrás del Bautista, vemos a diferentes profetas.

Detalle de la Anastasis donde vemos a Cristo tomando de la mano a Adán, Eva siguiéndole, a los reyes David y Salomón y a uno de los soberbios Arcángeles de la escena

Detalle de la Anastasis donde vemos a Cristo tomando de la mano a Adán, Eva siguiéndole, a los reyes David y Salomón y a uno de los soberbios Arcángeles de la escena

En la franja inferior a la Anastasis podemos contemplar una Déesis, una representación divina, donde Cristo en Pantocrator se muestra entronizado en majestad, otra vez flanqueado por María y San Juan, y en esta escena, acompañado de Apóstoles y ángeles. Es una visión de alto contenido teológico, como una revelación mística, una teofanía: la divinidad se nos muestra a los humanos para que seamos conscientes de su grandeza y poder. Cristo se representa dentro de la mandorla mística, signo de su condición divina, la cual es sostenida por dos serafines, los ángeles con ojos en sus alas, los más cercanos a la sabiduría de Dios.

En la siguiente franja observamos una escena absolutamente bizantina: la Etimasía. Realmente es una representación de gran delicadeza y de fuerza simbólica extrema. En el centro vemos un trono vacío, con un cojín en forma de tubo (propio de estas representaciones y propio de los tronos imperiales de Bizancio):

Cuatro franjas inferiores del mosaico. En el segundo nivel, la Etimasía, con el trono en el centro

Cuatro franjas inferiores del mosaico. En el segundo nivel, la Etimasía, con el trono en el centro

Sobre el cojín, una tela azul con una cruz, una corona de espinas y una lanza con esponja, símbolos de la Pasión de Cristo. Dos serafines y dos Arcángeles guardan el trono, mientras vemos a los pies del mismo, arrodillados, a Adán y Eva con actitud adoradora. Una imagen muy conveniente teniendo en cuenta que a los lados de la Etimasía podemos ser testigos de la resurrección de los muertos. A la izquierda, los muertos que están en la tierra, cuyos cuerpos -a veces desmembrados-, son literalmente vomitados simbólicamente por animales salvajes: león, elefante, hiena, leopardo, lobo, grifo y cuervos. A la derecha, los muertos del mar, son extraídos de las aguas por peces y seres marinos varios. Observamos también cuatro personajes esenciales en la escena, los ángeles que con sus trompetas despiertan a los muertos de su letargo para ser llamados al Juicio. Y todavía vemos un quinto ángel enrollando el cielo estrellado del Apocalipsis, señal inequívoca de que el Universo llega a su fin y todo se acaba y desaparece.

Resurrección de los muertos de la tierra (detalle)

Resurrección de los muertos de la tierra (detalle)

La franja que situamos bajo la anterior nos muestra la Psicostasis, esa escena tremenda en que el arcángel San Miguel pesa las almas de los humanos para saber qué grado de bondad reside en ellas y si merecen ser elegidos o ser condenados. Vemos a San Miguel disputando ese recuento de almas -como es tradicional en multitud de representaciones-, con un demonio que intenta hacer trampas y llevarse al averno el mayor número de parroquianos posible. En el  lado del Arcángel vemos a un grupo de salvados y en el lado del diablo a dos ángeles que azuzan a los damnados para entregarlos sin remedio al fuego eterno. Observamos como un terrorífico personaje con barbas blancas, el propio Satanás, se encarga de recibirlos y torturarlos. Y debajo de esta desgarradora escena, podemos contemplar los diferentes niveles del  Infierno con sus castigos correspondientes: los lujuriosos con las llamas hasta la cintura, los pecadores de gula se muerden las manos, los de ira sumergidos en aguas gélidas, los envidiosos son devorados una y otra vez por serpientes, los avariciosos son quemados completamente y asoman sus cabezas entre las llamas luciendo pendientes, mientras los perezosos son desmembrados sin piedad.  Increíbles escenas que podemos ver aquí con detalle:

El terrorífico y magnífico Infierno de Torcello

El terrorífico y magnífico Infierno de Torcello

Bajo el grupo de salvados disfrutamos de la placidez del Paraíso, donde las puertas del mismo se abren para los elegidos, recibidos por la propia Madre de Dios, San Pedro, San Miguel, San Juan Bautista y Abraham. El contraste con la representación del Infierno es brutal y magistralmente resuelta para demostrar, en la mentalidad de la época, la intención clarísima de las doctrinas de la Iglesia.

Sobre la puerta y entre estas dos escenas de Paraíso e Infierno, gozamos de la visión de una luneta donde se nos presenta María en actitud orante, enseñándonos las manos en un gesto habitual que denota la oración. Ella, situada encima de la puerta por donde saldríamos de la iglesia, recuerda a los creyentes que es la intercesora por excelencia ante Dios.

Es imposible no quedarse perplejo ante semejante obra de arte. Podríamos recurrir a ella en innumerables ocasiones y siempre descubriríamos detalles y curiosidades que nos sorprenderían sin cesar. Os recomiendo encarecidamente que si viajáis a la insuperable Venecia, no dejéis de visitar Torcello.

 

STABAT MATER DOLOROSA

Uno de los compositores más sorprendentes que el Barroco italiano nos ha regalado es Alessandro Scarlatti. De talento e inspiración realmente prolíficos, fue conocido y reconocido en su época sobre todo por sus óperas, cantatas y oratorios y trabajó siempre a alto nivel, llegando a ser incluso maestro de capilla de la reina Cristina de Suecia en la ciudad de Roma, donde la monarca residió y murió. Pero no vamos a centrarnos en la biografía de Scarlatti ni en los cargos importantísimos que desempeñó en la Ciudad Eterna o en Nápoles, sino que dirigiremos nuestra mirada a una de sus obras más refinadas, bellas y conmovedoras: el Stabat Mater que compuso en 1723 para la Orden de los Cavalieri della Vergine dei Dolori della Confraternità di San Luigi al Palazzo de la ciudad de Nápoles. Esta confraternidad con devoción a los Dolores de María, celebraba anualmente y en tiempo de Cuaresma, una reunión litúrgica donde se interpretaba este himno absolutamente desgarrador. Se trata de la descripción del dolor de María al pie de la Cruz, mientras ve morir en sufrimiento a su Hijo.

Retrato anónimo de Alessandro Scarlatti, custodiado en el Civico Museo Bibliografico Musicale de Bolonia

Retrato anónimo de Alessandro Scarlatti, custodiado en el Civico Museo Bibliografico Musicale de Bolonia

Posiblemente, los recursos modestos de la Orden propiciaron que nuestro Stabat Mater se escribiera para un número reducido de músicos: dos cantantes (soprano y alto), dos violines y continuo (violonchelo y órgano). La duración de la obra es de aproximadamente 45 minutos y está dividida en 18 movimientos, los cuales configuran la totalidad del texto del himno. Durante veinte años se interpretó esta composición creada por Scarlatti, hasta que la misma confraternidad encargó a Giovanni Battista Pergolesi su celebrísimo Stabat Mater en sustitución –por motivos de gusto de la época-del que nos ocupa. Lo cierto es que la partitura de Scarlatti tiene todo lo que una obra barroca tiene que tener en cuanto a elementos formales, incluyendo un talento extraordinario para crear el clima idóneo, dramático e intenso que requiere lo que se está diciendo.
El texto del himno Stabat Mater Dolorosa, es uno de los siete grandes himnos de la tradición cristiana y se basa en una de las profecías que aparecen en el Nuevo Testamento, en concreto en el Evangelio según San Lucas (2:35):
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción,
y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos»
.
Seguramente, el himno –escrito en latín- fue elaborado en el siglo XIII y no está clara su atribución, aunque hay diferentes candidatos a su autoría. Se habla del papa Inocencio III, de San Buenaventura y de Jacopone da Todi (el que más adeptos tiene como candidato a autor), entre otros.

Maestro de Santa Catalina, La Crucifixión, finales del siglo XV, Museo Nacional del Prado

Maestro de Santa Catalina, La Crucifixión, finales del siglo XV, Museo Nacional del Prado

La primera estrofa ya nos sitúa en el escenario trágico donde se desarrolla la escena y el tejido musical que Scarlatti compone para describirlo es absolutamente sublime. La sensibilidad, la delicadeza y a la vez el contenido dramático que imprime el compositor al texto nos deja completamente perplejos y nos invita, sin lugar a dudas, a continuar escuchando el resto de la obra para descubrir cada matiz, cada sensación, cada énfasis, cada sugerencia, cada maravilla musical que nos propone. Transcribo la versión del himno medieval completo, con su traducción literal, para apreciar el sentimiento pasional del mismo, muy propio del pensamiento gótico en el cual la devoción espiritual se vive en primera persona:

Stabat Mater dolorosa
Iuxta crucem lacrimosa,
Dum pendebat filius.
Cuius animam gementem
Contristantem et dolentem
Pertransivit gladius.

O quam tristis et afflicta
Fuit illa benedicta
Mater unigeniti
Quae maerebat et dolebat.
Et tremebat, cum videbat
Nati poenas incliti.

Quis est homo qui non fleret,
Matrem Christi si videret
In tanto supplicio?
Quis non posset contristari,
Piam matrem contemplari
Dolentem cum filio?

Pro peccatis suae gentis
Jesum vidit in tormentis
Et flagellis subditum.
Vidit suum dulcem natum
Morientem desolatum
Dum emisit spiritum.

Eja mater fons amoris,
Me sentire vim doloris
Fac ut tecum lugeam.
Fac ut ardeat cor meum
In amando Christum Deum,
Ut sibi complaceam.

Sancta mater, istud agas,
Crucifixi fige plagas
Cordi meo valide.
Tui nati vulnerati
Iam dignati pro me pati,
Poenas mecum divide!

Fac me vere tecum flere,
Crucifixo condolere,
Donec ego vixero.
Juxta crucem tecum stare
Te libenter sociare
In planctu desidero.

Virgo virginum praeclara,
Mihi jam non sis amara,
Fac me tecum plangere.
Fac ut portem Christi mortem,
Passionis eius sortem
Et plagas recolere.

Fac me plagis vulnerari,
Cruce hac inebriari
Ob amorem filii,
Inflammatus et accensus,
Per te virgo sim defensus
In die judicii.

Fac me cruce custodiri,
Morte Christi praemuniri,
Confoveri gratia.
Quando corpus morietur
Fac ut animae donetur
Paradisi gloria.
Amen.

Estaba la Madre dolorosa
junto a la Cruz llorosa
en que pendía su Hijo.
Su alma gimiente,
contristada y doliente
atravesó la espada.
¡Oh, cuán triste y afligida
estuvo aquella bendita
Madre del Unigénito.
Languidecía y se dolía
la piadosa Madre que veía
las penas de su excelso Hijo.
¿Qué hombre no lloraría
si a la Madre de Cristo viera
en tanto suplicio?
¿Quién no se entristecería
a la Madre contemplando
a su doliente Hijo?
Por los pecados de su gente
vio a Jesús en los tormentos
y doblegado por los azotes.
Vio a su dulce Hijo
muriendo desolado
al entregar su Espíritu.
Madre, fuente de amor,
hazme sentir tu dolor,
contigo quiero llorar.
Haz que mi corazón arda
en el amor de mi Dios
y en cumplir su voluntad.
Santa Madre, yo te ruego
que me traspases las llagas
del Crucificado en el corazón.
De tu Hijo malherido
que por mí tanto sufrió
reparte conmigo las penas
Déjame llorar contigo
condolerme por tu Hijo
mientras yo esté vivo.
Junto a la Cruz contigo estar
y contigo asociarme
en el llanto es mi deseo.
Virgen de Vírgenes preclara
no te amargues ya conmigo
déjame llorar contigo.
Haz que llore la muerte de Cristo
hazme socio de su Pasión,
haz que me quede con sus llagas.
Haz que me hieran sus llagas
haz que con la Cruz me embriague
y con la Sangre de tu Hijo.
Para que no me queme en las llamas
defiéndeme tú, Virgen santa,
en el día del juicio.
Cuando, Cristo, haya de irme,
concédeme que tu Madre me guíe
a la palma de la victoria.
Y cuando mi cuerpo muera,
haz que a mi alma se conceda
del Paraíso la gloria.
Amén.

En la Historia de la Música este impresionante himno ha sido puesto en música multitud de veces y en muchos estilos musicales diferentes. La proposición es que os impregnéis de esta música que refleja con tal veracidad el sentido de las palabras e ilustra el sentir de un tiempo histórico tan fascinante. Realmente Scarlatti une la forma textual gótica con la manera de pensar la música del Barroco. La mezcla es inigualable. Os propongo disfrutar de la obra en una de las versiones más sorprendentemente dramáticas que existen: el cd editado por la casa NAIVE (OP 30441), con Gemma Bertagnoli y Sara Mingardo como solistas vocales, bajo la dirección de Rinaldo Alessandrini y su Concerto Italiano, donde podemos sumergirnos en los dos Stabat Mater, el de Scarlatti y el de Pergolesi.

Autógrafo de Cantata Pastorale de Alessandro Scarlatti

Autógrafo de Cantata Pastorale de Alessandro Scarlatti

NATIVIDADES

En el Baptisterio de Pisa podemos sorprendernos con una obra verdaderamente excepcional: el púlpito de Nicola Pisano, el cual significa una renovación en el concepto escultórico del momento que permitirá la evolución –sin duda alguna- de la escultura italiana posterior. Nicola piensa el púlpito como una arquitectura independiente dentro del espacio del Baptisterio. Solamente este hecho es totalmente vanguardista en la época en que nos situamos. Hasta entonces, los púlpitos se erigen adosados a columnas o bien dependientes de otros elementos arquitectónicos que los sustentan o acompañan. Nicola no lo concibe como un anexo sino como una estructura con entidad propia. Incluso le da una forma geométrica innovadora que contrasta con los púlpitos realizados hasta el momento y permite que repose sobre seis imponentes magníficas columnas, tres de las cuales son sostenidas por fieros leones, más una elegante columna central.

El púlpito de Nicola Pisano en el Baptisterio de Pisa, fechado en 1260

El púlpito de Nicola Pisano en el Baptisterio de Pisa, fechado en 1260

 

Es una obra riquísima en ornamentación, simbolismo y figuración, fruto de un proyecto intelectual concreto, de un programa teológico perfectamente elaborado, muy pensado y cargado de contenido trascendente. Entre todos estos elementos destacan cinco paneles esculpidos: la Anunciación, la Natividad y Anuncio a los pastores, la Adoración de los Reyes Magos, la Presentación de Jesús al templo, la Crucifixión y el Juicio Final.

Nicola Pisano introduce en su ejecución escultórica un aspecto alucinante y altamente sugerente. Se fija en los sarcófagos romanos clásicos que están en el camposanto de la catedral de Pisa. Absorbe esos modelos antiguos y los refleja en su obra con toda libertad. Y no satisfecho con esta novedad que implica respeto y veneración al pasado, es capaz de imprimir en los gestos, los rostros y la disposición de las figuras una auténtica revolución. Nicola esculpe con delicado dramatismo, con una gestualidad que demuestra los sentimientos, con expresiones faciales que relatan realismo. Este hecho abrirá las puertas a la forma de sentir, pensar y demostrar lo humano, lo espiritual y lo divino del arte gótico. Fijémonos en el panel de la Anunciación, la Natividad y Anuncio a los pastores:

Observemos el dinamismo de las escenas, la variedad de elementos y la síntesis de conceptos

Observemos el dinamismo de las escenas, la variedad de elementos y la síntesis de conceptos

 

En la parte superior izquierda podemos ver la Anunciación con un bellísimo y contundente ángel que conturba a María, la cual parece una matrona romana. En la parte superior derecha observamos el Anuncio a los pastores, esquemático y sintético, que nos sitúa en el contexto de la escena central, es decir, la Natividad. Disfrutemos de esta maravilla escultórica.

Es una Natividad de tipo bizantino, con todas las características que la distinguen. Nos situamos en el momento posterior al parto. El Niño aparece envuelto (en realidad está recubierto por una mortaja en presagio del sacrificio vital al cual está predestinado), al lado de su Madre y reposando en un pesebre. María está recostada en su lecho, descansando del parto, meditabunda, y con la apariencia antigua de la que hemos hablado. Realmente es una figura bellísima, esculpida con una maestría y destreza innegables, que desprende una serenidad conmovedora. En la parte inferior izquierda vemos a San José, prudentemente separado de todo y de todos, como es habitual en el arte de la época. Y en primer plano, las parteras lavando al Niño según cuentan los Evangelios Apócrifos: el Proto-Evangelio de Santiago y el Pseudo-Mateo, el cual nos dice además sus nombres: Zelomi y Salomé.

Este tipo de escenificación de la Natividad triunfará durante décadas y décadas por su plasticidad, carga simbólica y humanidad:

Giotto, Natividad pintada en la Cappella Scrovegni de Padua donde comprobamos la forma de representación bizantina de la escena

Giotto, Natividad pintada en la Cappella Scrovegni de Padua donde comprobamos la forma de representación bizantina de la escena

 

La forma bizantina de la Natividad será la más representada hasta el siglo XV, cuando se empezarán a adoptar representaciones que nos mostrarán la escena dejando de lado el realismo del parto para dar paso a valorar la escena propiamente como una Adoración:

Hugo van der Goes, Natividad del Tríptico Portinari, c. 1476, custodiado en los Uffizi de Florencia

Hugo van der Goes, Natividad del Tríptico Portinari, c. 1476, custodiado en los Uffizi de Florencia

       

María y el resto de personajes ya no forman parte del contexto cotidiano del parto. Ahora se centran en adorar al Niño, verdadero protagonista de la Historia. Feliz Navidad…