MEDUSA DE MEDUSAS

Las tres hermanas Gorgonas fueron bellas y cautivadoras en un pasado, pero su vanidad las llevó a desafiar la paciencia de los dioses y a convertirse en tres horripilantes monstruos destinados a aterrorizar al mundo entero. Su apariencia agradable, grácil, atractiva, se transformó en un rostro desdibujado por la crueldad, en cabellos convertidos en inquietas serpientes y en brazos esbeltos metamorfoseados en garras de bronce. No dudaban en usar su facultad de petrificar a quién osara mirarlas, sembrando de este modo el pánico a su alrededor. Solamente una de ellas, Medusa, era mortal ya que su sacrilegio frente a la diosa Atenea fue demasiado grave…  Y esa mortalidad fue fatal porque Perseo se encaminó en su busca para matarla. Con ayuda divina (Hermes le prestó sus sandalias aladas) pudo cortarle la cabeza a Medusa y para no convertirse en piedra, utilizó su escudo como espejo, con lo cual la propia Gorgona probó su misma medicina. Del recién cortado cuello de la fiera mitológica nacieron el caballo alado Pegaso y el gigante Criasor. Perseo regaló la cabeza de Medusa a Atenea y ésta la colocó en su escudo para ahuyentar a los enemigos. Perseo, además, guardó la sangre de Medusa sabiendo que la de su arteria izquierda era un veneno mortal y la de su derecha era un bálsamo capaz de resucitar a los muertos.

Benvenuto Cellini realiza en bronce este alucinante Perseo (1545-1554) encargado por Cosme I de Medici después de conseguir el gobierno de la ciudad

Benvenuto Cellini realiza en bronce este alucinante Perseo (1545-1554) encargado por Cosme I de Medici después de conseguir el gobierno de la ciudad

 

Siempre se ha relacionado el poder, la fuerza, la potencia de los gobernantes a la hazaña de Perseo. Es por este motivo que el acto que Atenea llevó a cabo ubicando la cabeza de Medusa en su escudo se perpetuó en el tiempo y muchos poderosos gobernantes y conquistadores adoptaron el gesto de llevar en sus atuendos la cabeza de Medusa para amedrentar a sus contrarios:

En el Mosaico de Issos (200 a. C.) vemos a Alejandro Magno con la cabeza de Medusa en el pecho. Este impresionante mosaico se puede visitar en el Museo Arqueológico de Nápoles y proviene de la Casa del Fauno de la ciudad de Pompeya

En el Mosaico de Issos (200 a. C.) vemos a Alejandro Magno con la cabeza de Medusa en el pecho. Este impresionante mosaico se puede visitar en el Museo Arqueológico de Nápoles y proviene de la Casa del Fauno de la ciudad de Pompeya

 

Escudo de Carlos V donde podemos ver esta magnífica representación de Medusa. Se encuentra custodiado en la Real Armería del Palacio de Oriente de Madrid y fue realizado por Filippo y Francesco Negroli con acero repujado y cincelado, damasquinado en oro y plata y pavonado (Milán, 1541)

Escudo de Carlos V donde podemos ver esta magnífica representación de Medusa. Se encuentra custodiado en la Real Armería del Palacio de Oriente de Madrid y fue realizado por Filippo y Francesco Negroli con acero repujado y cincelado, damasquinado en oro y plata y pavonado (Milán, 1541)

Según mi parecer, la representación de la Gorgona que más se acerca a esa realidad mitológica que forma parte de nuestra cultura, sin duda es la que pinta Caravaggio, la Medusa de Medusas, por su naturalismo, por su intensidad, por su magistral ejecución, por su sorprendente capacidad expresiva, por su inquietante contundencia. No quieres mirarla, pero no puedes dejar de hacerlo, quizá porque sabes que ya no se te petrificará la sangre, aunque siempre queda la duda… Oyes su grito de horror y el corazón se te dispara sin remedio. Verla, por mucho que esté en la vitrina de un museo (en este caso en los Uffizi de Florencia), pone nervioso a cualquiera que se cruce con ella.

 

Caravaggio, Cabeza de Medusa, 1597. La pintura está ejecutada sobre tela transportada a una tabla de álamo en forma de círculo

Caravaggio, Cabeza de Medusa, 1597. La pintura está ejecutada sobre tela transportada a una tabla de álamo en forma de círculo

 

Como decíamos, la cabeza de Medusa fue utilizada frecuentemente para adornar los escudos, y de hecho, nuestra pintura de Caravaggio es precisamente eso, una rodela, es decir un tipo de escudo circular. Seguramente este escudo fue realizado para utilizarse como emblema del comitente.

Esta pintura fue encargada por el cardenal Francesco Maria del Monte, el protector y mecenas de Caravaggio, para ser obsequiada al Gran Duque Ferdinando I de Toscana. Probablemente como símbolo de poder y también porque la derrota de Medusa significaba gráficamente la victoria de la virtud sobre el pecado. Las motivaciones de este encargo han suscitado opiniones diferentes. Unas defienden la visión del regalo de respeto a un personaje de poder, las otras prefieren especular sobre las aficiones a la alquimia que tanto el Gran Duque como el cardenal supuestamente compartían. Desde antiguo, el mito de Medusa se asociaba a poderes ocultos y ritos mágicos.

Retrato del cardenal Francesco Maria del Monte, realizado por Ottavio Leoni, 1616, John and Mable Ringling Museum of Art de Sarasota, Estados Unidos

Retrato del cardenal Francesco Maria del Monte, realizado por Ottavio Leoni, 1616, John and Mable Ringling Museum of Art de Sarasota, Estados Unidos

 

Existen dos versiones de la pintura de Caravaggio. Una primera, en colección privada, firmada por el pintor y conocida por Medusa Murtola, porque el poeta Gaspare Murtola escribió sobre ella, y la segunda versión, la que vemos en la imagen que muestro de la obra, un poco más grande de tamaño y un año posterior a la primera.

Incontestable es el hecho de que la Medusa de Caravaggio no dejó indiferente a nadie. Además de Murtola, uno de los más grandes poetas barrocos italianos, Giovanni Battista Marino escribió lo siguiente refiriéndose a la obra: «Esa fiera Gorgona y cruel a la que horriblemente colúmenes viperinos dan escuálida pompa, y espantosa tiene la crin». En efecto, la contemplación de la pintura, con sus ojos casi saliéndose de las órbitas, la boca desencajada de dolor y las serpientes vivas, muy vivas ante nuestra mirada, nos confirman la idea de que el buen arte no caduca. Sobrecogió al pasado, nos sobrecoge a nosotros y lo seguirá haciendo a través del tiempo.

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EL LLANTO PÉTREO

Cerca de la ciudad francesa de Dijon encontramos la Cartuja de Champmol. Dijon era la capital del antiguo Ducado de Borgoña, el cual fue poderosísimo desde el siglo IX hasta finales del siglo XV. Uno de los potentes Duques de Borgoña, Felipe II el Atrevido –perteneciente a la dinastía Valois- fundó la Cartuja en 1383, con la intención de edificar un panteón dinástico, es decir un lugar de sepultura para él y sus descendientes. La iglesia de la Cartuja fue consagrada en el año 1388 y en su interior albergaba una de las maravillas escultóricas más sorprendentes que nos ha legado el arte medieval, y que hoy podemos admirar boquiabiertos en el Museo Arqueológico de Dijon. Hablamos, precisamente, del sepulcro del fundador, de Felipe el Atrevido (cuyo apodo se ganó por la valentía demostrada en la Batalla de Poitiers, acaecida en 1356), el cual muere en 1404 después de cuarenta años de gobierno del Ducado.

Retrato de Felipe II el Atrevido, Duque de Borgoña

Retrato de Felipe II el Atrevido, Duque de Borgoña

Claus Sluter se encargó de materializar la proeza artística que tratamos. El escultor moriría antes de finalizar el sepulcro cuya definitiva conclusión la efectuaría el sobrino de Sluter, Claus de Werwe. Sabemos muy poco de Sluter. Seguramente era flamenco, quizá de la ciudad de Haarlem, pero su procedencia no está determinada. Según la documentación existente, Sluter entra al servicio de Felipe el Atrevido en 1385 y sucede a Jean de Marville como escultor principal a la muerte de éste, sucedida en 1389. En este año, el sepulcro del Duque ya está empezado, pero sólo en su estructura arquitectónica, así que Sluter se encarga de proyectar la magnífica consecución escultórica que podemos disfrutar. A la muerte del Duque, recordemos que fue en 1404, solamente estaban esculpidas dos figuras de las cuarenta que componen la tumba, por tanto había mucho trabajo que hacer. El hijo de Felipe el Atrevido, Juan sin Miedo (1371-1419), mantendrá a Sluter como escultor de la corte borgoñona. Sluter muere en 1406 aproximadamente y, como hemos dicho, su sobrino continúa el encargo hasta finalizarlo en 1410, según los parámetros, diseño y maneras marcados por su tío.

Vista general del sepulcro de Felipe II el Atrevido, situado actualmente en el Museo de Dijon

Vista general del sepulcro de Felipe II el Atrevido, situado actualmente en el Museo de Dijon

Una de las esquinas del sepulcro

Una de las esquinas del sepulcro

Es evidente que estamos ante una de las obras maestras de la escultura gótica y no hace falta decir que el estilo de Sluter influenció a todos los artistas del siglo XV que quisieron estar a la vanguardia de la creación. El escultor desarrolla su trabajo en el marco del Gótico Internacional más sofisticado, donde el sentimiento personal se manifiesta sin filtros para demostrar la devoción, el dolor y la condición humana.

Bajo la escultura yacente de Felipe el Atrevido, lo que debemos observar es la increíble procesión de monjes y personajes llorosos, afligidos, completamente dolidos por la muerte del Duque. Observad qué alucinante realización escultórica en las siguientes imágenes:

Dos monjes dolientes del sepulcro de Felipe el Atrevido

Dos monjes dolientes del sepulcro de Felipe el Atrevido

Podemos apreciar el recorrido espectacular que los afligidos monjes realizan por la arquitectura del sepulcro

Podemos apreciar el recorrido espectacular que los afligidos monjes realizan por la arquitectura del sepulcro

Como vemos, el estilo de Sluter no es en absoluto corriente. El realismo con el que ejecuta sus figuras creará escuela e imitadores en cantidad durante muchas décadas. Impresiona irremediablemente la extraordinaria manera de tratar el sentimiento hecho piedra, en este caso el llanto pétreo, que el escultor es capaz de arrancar con su trabajo. El volumen con el que desarrolla las esculturas, la veracidad de sus gestos, la textura, calidad, contundencia y movimiento de los ropajes, la expresión dolorosa y de impotencia de los rostros, la individualidad de cada personaje, nos indican que estamos delante de una obra sublime, sin lugar a dudas.

Una de las figuras del sepulcro aislada para su restauración. Observemos qué maravilla en todos sus aspectos

Una de las figuras del sepulcro aislada para su restauración. Observemos qué maravilla en todos sus aspectos

Es imposible no caer en la cuenta de que Sluter tiene muy claros sus referentes. Por supuesto me refiero a la mirada hacia la Antigüedad, hacia la época clásica, que se nos manifiesta precisamente en ese realismo exuberante del que hemos hablado anteriormente. De cada uno de los personajes se desprende una espiritualidad que no dejó, ni deja, ni dejará indiferente a quién contemple la obra. Verdaderamente Sluter nos avanza ese realismo conmovedor que más tarde encontraremos en el arte flamenco más elevado, como el de Van Eyck o en el arte italiano más inquietantemente vivo, como el de Jacopo della Quercia o Donatello.

Monjes y sus impresionantes ropajes en procesión

Monjes y sus impresionantes ropajes en procesión

Imagen de la procesión pétrea

Imagen de la procesión pétrea

Los acólitos del sepulcro de Felipe el Atrevido

Los acólitos del sepulcro de Felipe el Atrevido

El sepulcro sufrió desmantelamientos y percances hasta su restauración y se sabe que tres de las figuras se perdieron, otra está en un museo en Cleveland y tenemos conocimiento de una quinta en una colección privada en Francia.

Lo que es indiscutible es que vale la pena plantearse ir hasta Dijon para contemplar esta belleza que la Edad Media nos ha legado y que ha sobrevivido hasta hoy, para suerte nuestra.