EL REFINADO REQUIEM

Nos situamos en Francia. Corte del rey Luis XV. Año 1723. Un compositor de talento incansable escribe una misa de difuntos que nos transporta al Barroco más sofisticado y a la espiritualidad hecha música. No podemos dejar de preguntarnos por qué los Requiem, las Misas de Difuntos, inspiran composiciones tan absolutamente geniales a los músicos capaces de componer de la nada. El sentido divino, transcendente, misterioso del ruego humano se funde con el dolor, la incertidumbre y el amor hacia los que nos dejan. Es sin duda el caso del Requiem de André Campra.

André Campra en un grabado de la época

André Campra en un grabado de la época

Una misa de este tipo está conformada por unas partes muy concretas que la determinan y que la hacen única, preparada e inducida a pedir el descanso eterno de los fallecidos. Campra escoge la distribución habitual para componer su bellísima misa, con sus indicaciones en francés para situarnos un poco en el clima que el compositor pretende crear:

I.Prélude – Requiem aeternam
II.Te decet hymnus in Sion (gracieux)
III.Da capo – Requiem aeternam
IV.Kyrie (gracieux)
V.Graduel – Requiem aeternam
VI.Et lux perpetua (plus lent)
VII.In memoria aeterna (rondement)
VIII.Offertoire – Domine Jesu Christe (lent)
IX.Libera eas
X.Sed signifer sanctus Michaël (gracieux et léger)
XI. Hostias et preces (lent)
XII.Sanctus (léger)
XIII.Agnus Dei (lent)
XIV.Lux aeterna (léger)
XV.Requiem aeternam
XVI.Et lux perpetua (gracieux)

Los Requiem, o Missa pro defunctis o Missa defunctorum, son propios del Catolicismo y, como decíamos, un ruego para la salvación de las almas, llevado a cabo antes del entierro del difunto o en su recuerdo. Hay ciertas partes de la misa habitual que se suprimen, como el Gloria, el Credo o el Aleluya, mientras se añaden otras fórmulas dedicadas a pedir la Luz Eterna para los fallecidos, así como el Descanso Eterno: Dona eis requiem. Se sabe que durante muchos siglos los Requiem fueron realizados en canto gregoriano, hasta que en el siglo XV se generalizó la composición polifónica para musicarlos. El Concilio de Trento (1545-1563) fue el encargado de regular el texto del Requiem para unificar y concretar sus partes.

Recomiendo absolutamente escuchar y disfrutar de esta obra en su totalidad. Dejarse seducir por la sonoridad extraordinaria del Barroco musical francés, muy distinto del italiano o del español, y con unas características que nos remiten a las artes plásticas del mismo periodo y del mismo país. Francia nos muestra una época barroca refinadísima, delicada y a la vez repleta de ornamentación, es decir, es un arte complejo en la forma, pero de una calidad y de un sentido estético de tal belleza y fuerza que nos arrastra sin remedio a sus redes. El Requiem de Campra es así. Y escucharlo nos brinda la oportunidad de adentrarnos en una atmósfera completamente única. Para que podamos hacernos una idea de la equivalencia hecha materia de lo que es la obra de Campra, os propongo que observéis estas imágenes. La música de la que hablamos es así. Refinamiento, suntuosidad de formas y elegancia:

G. Boffrand y C.J. Natoire, Sala de la Princesa, 1735, Hôtel de Soubise en París.

G. Boffrand y C.J. Natoire, Sala de la Princesa, 1735, Hôtel de Soubise en París.

 

Francois de Cuvilliés, Salón de los Espejos, 1734, Amalienburg en Munich

Francois de Cuvilliés, Salón de los Espejos, 1734, Amalienburg en Munich

André Campra fue un fenómeno de su tiempo. Trabajó para los más altos estamentos franceses. Maestro de Música de Notre-Dame de París, director de la Ópera de París, Maestro de Capilla de la Chapelle Royale en Versalles…

Chapelle Royale del castillo de Versalles

Chapelle Royale del castillo de Versalles

Un verdadero talento al que debemos conocer y que además es considerado el creador de las célebres Ópera-Ballet tal y como las apreciamos hoy en día, de las cuales hablaremos en otra ocasión, pero que distinguen un género único y fabuloso del periodo barroco, donde música, ballet y teatro se unen para configurar un conjunto artístico singular.

Recomiendo la versión dirigida por John Eliot Gardiner, solistas y Monteverdi Choir, con los English Baroque Soloists, editada por Erato.

 

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CARISSIMI Y MARÍA ESTUARDO

Una de las principales maravillas que el Barroco musical nos ha legado son las composiciones llamadas lamentos. Son propias básicamente del Seicento, es decir, del siglo XVII, compuestas en italiano y con unas características que les dan forma y que refuerzan su sentido dramático. Se han conservado diversos ejemplos que nos proporcionan diferentes visiones del quejido, del gemido, en definitiva de la lamentación que en un determinado momento una persona declama, mostrando públicamente su desgracia, llorando con su canto y haciéndonos partícipes de su tragedia. Conocemos lamentos barrocos con temática variada. Los que más abundan corresponden a temas amorosos, pero también los hay políticos e incluso alguno en tono irónico y jocoso.

Hablaremos hoy de uno de los Lamentos más intensos y dramáticos. Se trata del Lamento di Maria Stuarda, también titulado Lamento della Regina di Scozia: el Lamento de María Estuardo o Lamento de la Reina de Escocia, compuesto probablemente entorno a 1620 por Giacomo Carissimi.

Retrato de María Estuardo, escuela anglo-escocesa, realizado aproximadamente hacia 1558-1560

Retrato de María Estuardo, escuela anglo-escocesa, realizado aproximadamente hacia 1558-1560

Carissimi, experto en adaptar perfectamente la música a las palabras, despliega en esta obra todos los recursos expresivos que su talento es capaz de destilar, para ofrecernos una composición donde el sentimiento humano hecho arte nos sobrecoge a cada instante. El Lamento di Maria Stuarda nos muestra justo el momento en el cual María Estuardo es conducida al patíbulo, donde será decapitada por orden de su prima Isabel I de Inglaterra.

El compositor quiere remarcar varios aspectos muy importantes: la dignidad de la reina a la hora de morir, la defensa de la religión católica, el amor de María a sus súbditos, la injusticia de su condena y su inocencia. Cada parte de la obra, la cual tiene una duración total de unos diez minutos aproximadamente, está dedicada a realzar de forma muy determinante los elementos anteriores. El Lamento empieza con estas palabras:

Ferma, lascia ch’io parli, sacrilego ministro!

Se ben fato­ inclemente

a morte indegna come rea mi destina,

vissi e moro innocente,

son del sangue Stuardo e son Regina.

Perche bendarmi i lumi?

¡Detente, deja que hable, ministro sacrílego!

Si bien el destino inclemente

una muerte indigna que como rea me destina,

vivo y muero inocente,

soy de sangre Estuardo y soy Reina.

¿Por qué vendarme los ojos?

Imaginemos la escena. María, rodeada de sus fieles damas, no deja que sus ojos sean vendados antes de su ejecución y declama su discurso, su lamento, proclamando su inocencia con elegancia máxima, reforzando de este modo su propia razón y mirando de frente a la muerte. Afronta su destino con fuerza y con valor: no se espera menos de una reina. Debemos dejar que el pensamiento barroco nos invada… Es tiempo de morir, matar y vivir por honor. Tiempo de gestos simbólicos. Tiempo de teatralizar absolutamente todos los sentimientos, ideas y deseos.

Retrato de Giacomo Carissimi

Retrato de Giacomo Carissimi

Carissimi da voz a María Estuardo, y con ella, da voz al propio Catolicismo y a la defensa que del mismo se hace desde la Iglesia de la época. Es política, es religión, es fe, es orgullo, es el sentimiento de una época. No olvidemos que el compositor es sacerdote y trabaja durante muchísimo tiempo como Maestro de Capilla en San Apolinar de Roma. Esta realidad, no obstante, no impide que Carissimi pueda ahondar en la pasión humana. Y lo hace de manera sublime, en esta obra, y en el resto de composiciones que de él nos han llegado. Sabe cómo mostrarnos la parte regia del personaje, pero también el aspecto humano de la reina: María tiene palabras de afecto para sus damas con las que espera reunirse en el Paraíso, palabras que suspiran por la ciudad de Londres en manos de los anglicanos, o palabras durísimas que describen cómo el hacha del justiciero le infligirá uno y mil golpes derramando su sangre sin remedio.

Condena de María Estuardo firmada por Isabel I de Inglaterra

Condena de María Estuardo firmada por Isabel I de Inglaterra

Una experiencia fantástica escuchar esta obra magnífica, que nos conduce a una de las formas intelectuales más elaboradas de la cantata barroca y que debe ayudarnos a disfrutar de las obras de arte del primer Barroco, repletas de simbología, pasión y visceralidad revestida de elegancia. No existen muchas versiones de la obra, puesto que es un tipo de música bastante desconocida y muy difícil de ejecutar, pero podemos indagar en la serie de tres CD que la casa Naxos dedica a los Lamenti Barocchi (el de María Estuardo está en el tercer volumen), dentro de la colección Early Music-Alte Musik.

 

LÁGRIMAS DE MONTEVERDI

Vamos a situarnos a principios del siglo XVII, en una de las ciudades más bellas, únicas e insólitas del mundo: Venecia. En agosto de 1613, y después de pasar lo que nosotros denominaríamos unas oposiciones, Claudio Monteverdi es elegido, por unanimidad, maestro de capilla de la basílica de San Marco de Venecia. Desde 1590 y hasta 1612, el compositor había estado al servicio de los Gonzaga en la corte de Mantua. Una relación profesional llena de desacuerdos y de fricciones, las cuales no afectaron en lo más mínimo, ni la inmensa y extraordinaria producción musical de esos años, ni la calidad indiscutible de la misma. Lo cierto, y las cartas personales escritas por el propio Monteverdi nos lo certifican, es que en Venecia es feliz. Puede trabajar serenamente, componer a su ritmo y ser pagado regularmente, además de tener a sus órdenes a un ayudante con el cargo de vicemaestro, a dos organistas, a más de treinta cantores y a más de veinte instrumentistas de cuerda y viento, lo que supone un número de músicos profesionales absolutamente elevado para las formaciones de la época.

Monteverdi, Sestina, 1614, Sexto Libro de Madrigales

Claudio Monteverdi según un retrato de Bernardo Strozzi realizado en 1640

Es en 1614, en este favorable ambiente, y cuando Monteverdi tiene cuarenta y siete años, cuando publica su Sexto Libro de Madrigales. Pongámonos en antecedentes. El madrigal será el tipo de composición poético-musical escogida mayoritariamente para dar rienda suelta a la música vocal profana del momento. Surge del interés, a finales del Renacimiento, por recuperar la importancia y el entendimiento del texto que se canta, frente a la complejidad de la polifonía renacentista, donde la música es la protagonista, en detrimento de la palabra. El origen del madrigal en Italia viene dado por composiciones como las frottole (de moda desde finales del siglo XV hasta mediados del XVI), es decir, canciones estróficas donde voces e instrumentos suenan a la par, con armonías sencillas, en las que aquello que se dice es lo interesante. No obstante, esta simplicidad se verá superada rápidamente, sobre todo si tenemos en cuenta que el madrigal se cultivará en ámbitos cultos, refinados, y de una intelectualidad al alcance de pocos. Por este motivo, estos pensadores humanistas irán más allá en la búsqueda de la pureza de la palabra y recurrirán a las tragedias griegas antiguas donde el texto era lo fundamental aunque fuera recitado con música. El madrigal necesitará entonces una forma mucho más rica e interesante que la de la frottola. Habitualmente será escrito a cinco voces cantadas, con la posibilidad de ser dobladas, o no, por instrumentos, a elección de los intérpretes.

Monteverdi, madrigales, Sexto Libro

Portada de la publicación en Venecia del Sexto Libro de Madrigales de Monteverdi

Y utilizará poesía no basada en una estructura de innumerables estrofas, sino en formas poéticas más breves y concentradas, como los sonetos, las octavas, etc., de manera que si una poesía, por ejemplo, se compone de cuatro partes, cada una de ellas será un madrigal. Añadiremos a todo esto el hecho de que Monteverdi escoge poesías de primer nivel. Desde Petrarca y Boccaccio hasta los mejores poetas contemporáneos como son Rinuccini, Guarini o Tasso, entre otros. Una suma de excelencias que procurará a nuestros oídos una música que mueve directamente las pasiones del alma.

Es a este llamamiento directo de los sentimientos al que apelamos cuando dirigimos nuestra atención a una de las obras que contiene el citado Sexto Libro de Madrigales. Se trata de la Sestina, subtitulada: Lagrime d’amante al sepolcro dell’amata (Lágrimas del amante sobre el sepulcro de su amada). La constatación de que el libro se publicara en 1614 no quiere decir que sus composiciones fuesen de ese año.

Es el caso de la Sestina, elaborada seguramente en 1608, cuando el compositor todavía trabajaba en Mantua. Es en febrero de ese año cuando ocurre una desgracia inesperada en la corte del duque Vincenzo Gonzaga. La joven y competentísima cantante romana Caterina Martinelli, también al servicio de la corte mantuana, enferma y fallece. La muerte de Caterina, muy apreciada por el duque Vincenzo y por Monteverdi -ya que probablemente tomó clases de canto con la esposa del compositor-, entristece enormemente a todo su entorno. El duque encarga al poeta Scipione Agnelli los versos de la Sestina y a Monteverdi su puesta en música.

Monteverdi, notación, facsímil

Partitura de una Salve Regina de Monteverdi, donde vemos la notación musical del siglo XVII y la misma pieza en notación musical de nuestros días

Llamamos Sestina a la composición, precisamente porque consta de seis partes que a su vez están constituidas por seis versos cada una de ellas, más un breve epílogo de tres versos. La temática y la dedicación de estas poesías nos la podemos imaginar: dolor, desesperación, impotencia, desgarro, tristeza extrema ante lo que ya no tiene marcha atrás: la muerte de la persona amada. Glauco, nuestro pastor enamorado, llora y se lamenta sobre la tumba de Corinna, el amor de su vida que yace en un frío sepulcro. Monteverdi es capaz de mostrarnos, con su talento, tal sentimiento, tal fuerza y tal dimensión de la tristeza hecha música que no puedo explicaros con palabras todo lo que llega a transmitir. Debéis escuchar la obra para comprender y dejaros llevar por los contrastes anímicos, viscerales y sublimes que ahondan de manera magistral en el sentimiento de cada uno de nosotros. Veréis en la Sestina, el naturalismo de Caravaggio, el cromatismo de Rubens, la perfección de las formas de Bernini… Experimentaréis el amor explicado musicalmente. Y si sois cantantes y alguna vez tenéis la oportunidad de interpretarla, notaréis como el dolor transformado en materia sonora fluye sin remedio por vuestras venas.

Podemos entender todavía mejor esta composición fuera de lo común si pensamos que Monteverdi la escribe para esta joven malograda, pero, según mi opinión, pensando y sintiendo otra muerte: a finales de septiembre de 1607 muere su esposa. Su amada esposa. Nos consta que el compositor estaba muy enamorado de ella y que jamás se recuperó de su falta. Escuchando, sintiendo, viviendo el universo musical completamente adaptado a las palabras que Monteverdi nos ofrece en la Sestina, creo que no nos equivocamos si pensamos que estamos llorando su pérdida con él.

Darà la notte il sol lume alla terra,

splenderà Cintia il di, prima che Glauco

di baciar, d’honorar lasci quel seno

che fu nido d’Amor, che dura tomba preme.

(Dará la noche el sol y la luz a la tierra,

resplandecerá Cintia (la Luna) en el día, antes que Glauco

deje de besar y de honrar ese seno

que fue nido de su Amor, y que la dura tumba aplasta.)

Sólo con leer estos conmovedores versos de la Sestina podemos figurarnos su increíble belleza total. Una recomendación: escuchad la versión del grupo Concerto Italiano publicada por Opus 111 en 1992.

 

… A PROPÓSITO DE FERRARA

Situémonos a finales del siglo XVI, en una Ferrara potente y próspera, concretamente en la corte de la familia d’Este, los gobernantes de esta localidad de la Emilia-Romagna. Desde 1559, Alfonso II d’Este, duque de Ferrara, Módena y Reggio dirige la ciudad y será, junto a su tercera esposa Margherita Gonzaga d’Este, quién propiciará el prodigio que relataremos a continuación.

 

Castillo estense, la residencia en Ferrara de la familia d’Este. Podemos ver en la imagen el monumento al controvertido ferrarés Savonarola

El papel de las mujeres en la interpretación de la música en aquellos tiempos estaba relegado a los ambientes privados y era una forma de proceder que se extendió durante siglos. Recordemos, por ejemplo, que los roles femeninos de las óperas barrocas de temática mitológica, histórica, heroica, etc., eran desempeñados por los castrati, cantantes castrados con aptitudes vocales particularmente espectaculares y especiales. Esta dinámica se rompió temporalmente en la corte ferraresa de los Este. La historia no está muy de acuerdo en quién fue el verdadero impulsor del fenómeno que narraremos. Unas fuentes dicen que debemos el hecho al citado Alfonso II y otras recalcan que la idea salió de la capacidad emprendedora de su esposa Margherita. El caso es que en torno a 1580 en Ferrara se hizo realidad el Concerto delle Donne, el concierto de las damas, en plena corte estense.

Consistía básicamente en conciertos ofrecidos públicamente por tres cantantes femeninas, acompañadas por instrumentos y otras muchas veces por cantantes masculinos, que ofrecían recitales de altísimo nivel, los cuales aportaron prestigio internacional a la corte de los d’Este y que generaron composiciones a la carta, virtuosísimas y con un estilo de creación vocal único e inconfundible.

Tres damas renacentistas interpretando música. Bien podrían ser nuestras prestigiosas concertistas

 Sabemos quiénes eran estas famosas damas: Laura Peperara, Anna Guarini y Livia d’Arco y podemos constatar que oficialmente figuraban en la corte como damas de compañía de Margherita Gonzaga. Tenemos noticia de sus aptitudes vocales e instrumentales, ya que aparte de cantar, Laura tocaba el arpa, Anna el laúd y Livia la viola. Las crónicas cuentan que ensayaban y cantaban unas seis horas al día y que su personalidad en la corte estense estaba envuelta de misterio y encanto.

Trabajaban en la corte otros músicos y compositores que contribuyeron al buen hacer de las damas. Entre ellos destacaron Ippolito Fiorini y el más influyente: Luzzasco Luzzaschi, el cual compuso específicamente para el Concerto delle Donne, creando el exclusivo estilo vocal del que hemos hablado anteriormente, y que consistía en una exigencia vocal extrema, con multitud de ornamentos para ser cantados pulcramente y con el uso de las disonancias expresivas que más adelante el compositor Claudio Monteverdi llevaría a lo sublime.

Partitura de Luzzasco Luzzaschi para el Concerto delle Donne, con la composición O dolcezz’amarissime d’amore

Es legendaria la belleza de las voces de estas tres intérpretes, así como su elegancia, su maestría y virtuosismo y su magnetismo personal. Tal fue la fama que adquirieron, que poetas de primer orden como Torquatto Tasso, Gian Battista Guarini (por cierto, padre de una de nuestras tres damas, Anna Guarini), Ridolfo Arlotti o Ottavio Rinuccini les dedicaron poesía, básicamente madrigalística, la cual fue puesta en música por compositores de primer nivel como Orazio Vecchi, Luca Marenzio, Alessandro Striggio, Marc’Antonio Ingegneri, Giaches de Wert o Carlo Gesualdo.

Luzzasco Luzzaschi

Este experimento artístico proporcionó un cambio en la consideración de las mujeres respecto a la música. Se crearon grupos a imagen y semejanza en otras ciudades italianas como Florencia e incluso en el sur de Alemania, y lo más interesante de todo, las damas empezaron a poder estudiar y practicar música de forma pública en las cortes influyentes de la época.

Portada de una publicación de Luzzasco Luzzaschi para la corte de Alfonso II d’Este

 Os invito a que escuchéis composiciones escritas para el Concerto delle Donne, que disfrutéis y os dejéis llevar por el universo sonoro que nos regalan y transportan a otros gustos, a diferentes realidades sonoras por descubrir y para gozar. Piezas como Aura soave, O dolcezz’amarissime d’amore, O primavera gioventù dell’anno, Occhi del pianto mio, T’amo mia vita… de Luzzasco Luzzaschi, no os las podéis perder…

Se hace camino al andar…

Miguel Ángel estaba convencido que sus esculturas vivían dentro de los bloques de mármol. Él solamente era un canal, el instrumento que permitiría a esas obras liberarse de la prisión pétrea que las contenía. No hay idea más bella, más humilde y más absolutamente sublime. El talento natural de ese hombre que podía moldear el mármol a su antojo se convierte en la simple acción de retirar el material sobrante. Dan ganas de echar mano de la física cuántica, buscar el tiempo paralelo en que vivió este artista florentino y meterse, ni que fuera durante tres minutos, en su pensamiento para poder ver a través de sus ojos la escultura escondida en un vetusto bloque de mármol.

Ideas, pensamientos, historias contrastadas, arte de tiempos pasados, música medieval, renacentista, barroca, sugerencias arquitectónicas, seducciones sonoras, detalles artísticos, el gusto por lo bello, nombres conocidos y desconocidos…

Empezamos este camino hacia una nueva experiencia que contiene aquello que nunca desfallece…la belleza del arte en todas sus facetas. Y Machado dictamina, se hace camino al andar… Así que, iniciamos nuestras andanzas