SAKRAMENTSHAUS

Düsseldorf es una ciudad para descubrir. Es la capital de la región de Renania del Norte-Westfalia y presenta una mezcla de antiguo y vanguardísticamente moderno realmente espectacular. Luce su cosmopolitismo sin reservas ofreciendo además la oportunidad de disfrutar paseando por sus señoriales avenidas y, sin duda, admirando rincones diferentes que hay que ir encontrando con ojos curiosos. Por si esto fuera poco, debemos destacar la típica cerveza de la ciudad, la oscura Altbier, intensa y muy recomendable.

Uno de estos singulares sitios que hay que no nos podemos perder es la basílica de San Lambertus. Los oriundos de la ciudad la denominan la «Iglesia Grande» y es considerada la madre de las iglesias de Düsseldorf. Famosa en su exterior por la particularmente retorcida aguja de su campanario, hoy nos interesa por un elemento que atesora en su interior.

La retorcida aguja del campanario de San Lambertus de Düsseldorf

La retorcida aguja del campanario de San Lambertus de Düsseldorf

Nuestro objetivo se encuentra en la columna situada al noroeste del coro, el cual está ubicado en la nave central, detrás del altar. Se trata de un tabernáculo gótico, un sagrario con forma interesantísima, que se eleva hasta la bóveda del templo y que sorprende totalmente al toparse con él durante la visita. Realmente es espectacular. Es la obra más valiosa de San Lambertus y rápidamente nos damos cuenta del por qué. Contemplamos ante nuestra mirada una estructura arquitectónica adosada a la columna citada, completamente ornamentada y de proporciones exquisitas. Su denominación genérica en lengua alemana es Sakramentshaus, y su función ya la hemos señalado. Es un sagrario gótico, destinado a custodiar la sagrada forma. Datado entre 1475 y 1478, los estudiosos lo consideran la obra gótica tardía más importante de la zona del Bajo Rhin. De hecho, el trabajo de ornamentación del tabernáculo es realmente minucioso, de gran calidad tanto en las figuras como en los ornamentos y de talla verdaderamente elegante.

Vista general del extraordinario tabernáculo o Sakramentshaus

Vista general del extraordinario tabernáculo o Sakramentshaus

Esculpido en piedra arenosa francesa, está coronado con la preciosa figura de un pelícano alimentando a sus hijos con la propia sangre de su pecho desgarrado. El pelícano es uno de los símbolos que representan a Cristo como salvador que sacrifica su propia vida para dar la vida eterna a los creyentes, ya que se consideraba que este pájaro se auto infringía heridas para nutrir a sus propios hijos.

Perspectiva del tabernáculo con la figura del pelícano coronando la estructura

Perspectiva del tabernáculo con la figura del pelícano coronando la estructura

En tierras alemanas este tipo de construcciones para salvaguardar las hostias consagradas se realizaron sobre todo desde finales del siglo XIV. Posteriormente, a partir del Concilio de Trento (1545-1563) se instauró la necesidad de que estas sagradas formas estuvieran directamente en el altar. Es desde ese momento que las Sakramentshaus dejaron de tener sentido. Por este motivo, este tipo de obras son datables en una época muy concreta, y muy valiosas porque no son muchas las conservadas.

El tabernáculo de San Lambertus es en realidad un pabellón de tres pisos con planta pentagonal. Consta de cuatro columnas totalmente adornadas con talla de piedra que son soportadas por leones, los cuales sostienen en sus patas escudos y blasones de las ciudades de Düsselorf, Jülich y Nassau. El piso central, con rejas de forja, es el destinado a guardar las sagradas formas, como si fuera una gran vitrina fortificada.

Detalle de la Sakramentshaus donde vemos perfectamente la reja de forja mencionada

Detalle de la Sakramentshaus donde vemos perfectamente la reja de forja mencionada

En la base de la estructura podemos contemplar cuatro plafones figurativos de estupenda factura: Adán y Eva en el Paraíso, los mismos personajes cometiendo el Pecado Original, Cristo en el Monte de los Olivos y el Milagro de San Huberto.

Plafón de Adán y Eva cometiendo el Pecado Original

Plafón de Adán y Eva cometiendo el Pecado Original

En la imagen podemos apreciar la belleza de estas esculturas y la destreza magnífica que demuestra el escultor que las elaboró. Fijémonos también en toda la detalladísima tarea ornamental que enmarca la escena. Sin duda, una maravilla. El otro plafón que os quiero mostrar con detenimiento es el siguiente:

Plafón del Milagro de San Huberto

Plafón del Milagro de San Huberto

Nos presenta el Milagro que propició San Huberto de Lieja. Huberto era un noble merovingio que vivió entre los siglos VII y VIII. Hijo del duque de Aquitania, estaba destinado a heredar el ducado de su padre. Se casó con Floribana, hija del conde de Lovaina, a la que amaba profundamente. Como casi todos los nobles de la época, era amante de la caza, actividad que en esos tiempos no solamente servía para la función alimenticia sino que también era una manera de mantenerse en forma para las necesidades militares de estas familias, que conquistaban y mantenían territorios a base de escaramuzas, batallas y guerras. Huberto enviudó y desesperado por la pérdida de su esposa decidió retirarse a los bosques, apartarse de las creencias cristianas y vivir de lo que cazaba. Un Viernes Santo, cuando perseguía a un hermoso ciervo, éste se detuvo de golpe, se volvió hacia Huberto y le mostró un Crucifijo entre su cornamenta (imagen que vemos esculpida en la escena de nuestro plafón). Cristo habló a Huberto, que cayó de rodillas ante el prodigio, y le dijo que dejara las armas, que volviera a ser un buen creyente y que fuera a buscar a San Lamberto, el cual guiaría sus pasos dese ese momento (recordemos que San Lamberto es el titular de la basílica donde se encuentra este tabernáculo). Así lo hizo, renunció al ducado de Aquitania en favor de su hermano Eudo y fue ordenado obispo y sucesor de San Lamberto después de la muerte en martirio de éste.

Está clarísimo que el tabernáculo de Düsseldorf es una obra maestra para conocer, disfrutar y proteger. Admirarla y dejaos llevar por el sofisticado poder del gótico…

 

EL REFINADO REQUIEM

Nos situamos en Francia. Corte del rey Luis XV. Año 1723. Un compositor de talento incansable escribe una misa de difuntos que nos transporta al Barroco más sofisticado y a la espiritualidad hecha música. No podemos dejar de preguntarnos por qué los Requiem, las Misas de Difuntos, inspiran composiciones tan absolutamente geniales a los músicos capaces de componer de la nada. El sentido divino, transcendente, misterioso del ruego humano se funde con el dolor, la incertidumbre y el amor hacia los que nos dejan. Es sin duda el caso del Requiem de André Campra.

André Campra en un grabado de la época

André Campra en un grabado de la época

Una misa de este tipo está conformada por unas partes muy concretas que la determinan y que la hacen única, preparada e inducida a pedir el descanso eterno de los fallecidos. Campra escoge la distribución habitual para componer su bellísima misa, con sus indicaciones en francés para situarnos un poco en el clima que el compositor pretende crear:

I.Prélude – Requiem aeternam
II.Te decet hymnus in Sion (gracieux)
III.Da capo – Requiem aeternam
IV.Kyrie (gracieux)
V.Graduel – Requiem aeternam
VI.Et lux perpetua (plus lent)
VII.In memoria aeterna (rondement)
VIII.Offertoire – Domine Jesu Christe (lent)
IX.Libera eas
X.Sed signifer sanctus Michaël (gracieux et léger)
XI. Hostias et preces (lent)
XII.Sanctus (léger)
XIII.Agnus Dei (lent)
XIV.Lux aeterna (léger)
XV.Requiem aeternam
XVI.Et lux perpetua (gracieux)

Los Requiem, o Missa pro defunctis o Missa defunctorum, son propios del Catolicismo y, como decíamos, un ruego para la salvación de las almas, llevado a cabo antes del entierro del difunto o en su recuerdo. Hay ciertas partes de la misa habitual que se suprimen, como el Gloria, el Credo o el Aleluya, mientras se añaden otras fórmulas dedicadas a pedir la Luz Eterna para los fallecidos, así como el Descanso Eterno: Dona eis requiem. Se sabe que durante muchos siglos los Requiem fueron realizados en canto gregoriano, hasta que en el siglo XV se generalizó la composición polifónica para musicarlos. El Concilio de Trento (1545-1563) fue el encargado de regular el texto del Requiem para unificar y concretar sus partes.

Recomiendo absolutamente escuchar y disfrutar de esta obra en su totalidad. Dejarse seducir por la sonoridad extraordinaria del Barroco musical francés, muy distinto del italiano o del español, y con unas características que nos remiten a las artes plásticas del mismo periodo y del mismo país. Francia nos muestra una época barroca refinadísima, delicada y a la vez repleta de ornamentación, es decir, es un arte complejo en la forma, pero de una calidad y de un sentido estético de tal belleza y fuerza que nos arrastra sin remedio a sus redes. El Requiem de Campra es así. Y escucharlo nos brinda la oportunidad de adentrarnos en una atmósfera completamente única. Para que podamos hacernos una idea de la equivalencia hecha materia de lo que es la obra de Campra, os propongo que observéis estas imágenes. La música de la que hablamos es así. Refinamiento, suntuosidad de formas y elegancia:

G. Boffrand y C.J. Natoire, Sala de la Princesa, 1735, Hôtel de Soubise en París.

G. Boffrand y C.J. Natoire, Sala de la Princesa, 1735, Hôtel de Soubise en París.

 

Francois de Cuvilliés, Salón de los Espejos, 1734, Amalienburg en Munich

Francois de Cuvilliés, Salón de los Espejos, 1734, Amalienburg en Munich

André Campra fue un fenómeno de su tiempo. Trabajó para los más altos estamentos franceses. Maestro de Música de Notre-Dame de París, director de la Ópera de París, Maestro de Capilla de la Chapelle Royale en Versalles…

Chapelle Royale del castillo de Versalles

Chapelle Royale del castillo de Versalles

Un verdadero talento al que debemos conocer y que además es considerado el creador de las célebres Ópera-Ballet tal y como las apreciamos hoy en día, de las cuales hablaremos en otra ocasión, pero que distinguen un género único y fabuloso del periodo barroco, donde música, ballet y teatro se unen para configurar un conjunto artístico singular.

Recomiendo la versión dirigida por John Eliot Gardiner, solistas y Monteverdi Choir, con los English Baroque Soloists, editada por Erato.

 

NATIVIDADES

En el Baptisterio de Pisa podemos sorprendernos con una obra verdaderamente excepcional: el púlpito de Nicola Pisano, el cual significa una renovación en el concepto escultórico del momento que permitirá la evolución –sin duda alguna- de la escultura italiana posterior. Nicola piensa el púlpito como una arquitectura independiente dentro del espacio del Baptisterio. Solamente este hecho es totalmente vanguardista en la época en que nos situamos. Hasta entonces, los púlpitos se erigen adosados a columnas o bien dependientes de otros elementos arquitectónicos que los sustentan o acompañan. Nicola no lo concibe como un anexo sino como una estructura con entidad propia. Incluso le da una forma geométrica innovadora que contrasta con los púlpitos realizados hasta el momento y permite que repose sobre seis imponentes magníficas columnas, tres de las cuales son sostenidas por fieros leones, más una elegante columna central.

El púlpito de Nicola Pisano en el Baptisterio de Pisa, fechado en 1260

El púlpito de Nicola Pisano en el Baptisterio de Pisa, fechado en 1260

 

Es una obra riquísima en ornamentación, simbolismo y figuración, fruto de un proyecto intelectual concreto, de un programa teológico perfectamente elaborado, muy pensado y cargado de contenido trascendente. Entre todos estos elementos destacan cinco paneles esculpidos: la Anunciación, la Natividad y Anuncio a los pastores, la Adoración de los Reyes Magos, la Presentación de Jesús al templo, la Crucifixión y el Juicio Final.

Nicola Pisano introduce en su ejecución escultórica un aspecto alucinante y altamente sugerente. Se fija en los sarcófagos romanos clásicos que están en el camposanto de la catedral de Pisa. Absorbe esos modelos antiguos y los refleja en su obra con toda libertad. Y no satisfecho con esta novedad que implica respeto y veneración al pasado, es capaz de imprimir en los gestos, los rostros y la disposición de las figuras una auténtica revolución. Nicola esculpe con delicado dramatismo, con una gestualidad que demuestra los sentimientos, con expresiones faciales que relatan realismo. Este hecho abrirá las puertas a la forma de sentir, pensar y demostrar lo humano, lo espiritual y lo divino del arte gótico. Fijémonos en el panel de la Anunciación, la Natividad y Anuncio a los pastores:

Observemos el dinamismo de las escenas, la variedad de elementos y la síntesis de conceptos

Observemos el dinamismo de las escenas, la variedad de elementos y la síntesis de conceptos

 

En la parte superior izquierda podemos ver la Anunciación con un bellísimo y contundente ángel que conturba a María, la cual parece una matrona romana. En la parte superior derecha observamos el Anuncio a los pastores, esquemático y sintético, que nos sitúa en el contexto de la escena central, es decir, la Natividad. Disfrutemos de esta maravilla escultórica.

Es una Natividad de tipo bizantino, con todas las características que la distinguen. Nos situamos en el momento posterior al parto. El Niño aparece envuelto (en realidad está recubierto por una mortaja en presagio del sacrificio vital al cual está predestinado), al lado de su Madre y reposando en un pesebre. María está recostada en su lecho, descansando del parto, meditabunda, y con la apariencia antigua de la que hemos hablado. Realmente es una figura bellísima, esculpida con una maestría y destreza innegables, que desprende una serenidad conmovedora. En la parte inferior izquierda vemos a San José, prudentemente separado de todo y de todos, como es habitual en el arte de la época. Y en primer plano, las parteras lavando al Niño según cuentan los Evangelios Apócrifos: el Proto-Evangelio de Santiago y el Pseudo-Mateo, el cual nos dice además sus nombres: Zelomi y Salomé.

Este tipo de escenificación de la Natividad triunfará durante décadas y décadas por su plasticidad, carga simbólica y humanidad:

Giotto, Natividad pintada en la Cappella Scrovegni de Padua donde comprobamos la forma de representación bizantina de la escena

Giotto, Natividad pintada en la Cappella Scrovegni de Padua donde comprobamos la forma de representación bizantina de la escena

 

La forma bizantina de la Natividad será la más representada hasta el siglo XV, cuando se empezarán a adoptar representaciones que nos mostrarán la escena dejando de lado el realismo del parto para dar paso a valorar la escena propiamente como una Adoración:

Hugo van der Goes, Natividad del Tríptico Portinari, c. 1476, custodiado en los Uffizi de Florencia

Hugo van der Goes, Natividad del Tríptico Portinari, c. 1476, custodiado en los Uffizi de Florencia

       

María y el resto de personajes ya no forman parte del contexto cotidiano del parto. Ahora se centran en adorar al Niño, verdadero protagonista de la Historia. Feliz Navidad…

 

EL CUADERNO MEDIEVAL

El departamento de manuscritos de la Biblioteca Nacional de Francia alberga uno de los testimonios medievales más singulares que ha llegado a nuestros días. Hablamos del cuaderno de Villard de Honnecourt, denominado Livre de portraiture. Un cuaderno realizado en el siglo XIII, donde podemos consultar un impresionante repertorio de dibujos, diseños y curiosidades artísticas. No sabemos exactamente qué profesión tenía Villard, el autor de esta maravilla, pero nos lo podemos imaginar analizando el contenido de su cuaderno. Sí sabemos que era oriundo de Honnecourt, una localidad del norte de Francia, en la región de la Picardía, ubicada en un emplazamiento donde podía tener noticias directas de las innovaciones artísticas del momento.

Imagen del cuaderno de Villard de Honnecourt

Su cuaderno, esta recopilación maravillosa de imágenes, pensamientos y datos, consta de 33 folios de 160x240mm, aunque los historiadores que lo han tratado aseguran que originariamente el número de folios era de 41. Si nos fijamos en la imagen anterior, salta a la vista que Villard es un exquisito dibujante. En ella observamos la precisión del diseño y la belleza de sus trazos. Se interesa, en este caso, por la ornamentación propia de la época. Sabemos también y es evidente por la evolución del contenido del cuaderno, que Villard viajó y viajó mucho. Por ejemplo, sabemos que estuvo en Reims, Laon, Lausanne, Cambrai, Chartres… y también en Hungría. Y lo sabemos porque él nos lo cuenta y porque sus dibujos lo demuestran. En su itinerancia deja constancia de lo que ve y, seguramente, de lo que está trabajando en ese momento. De sus anotaciones podemos deducir que era un entendido en las técnicas de construcción: ¿sería entonces un maestro de obras? También nos habla de máquinas de guerra: ¿sería un ingeniero de la época? Plasma con rigor elementos arquitectónicos concretos: ¿sería un simple observador con buena traza? Dibuja magníficamente figuras escultóricas: ¿sería escultor? Nos detalla ornamentos y peripecias geométricas: ¿sería pintor, copista, viajero curioso?…

Villard de Honnecourt, dibujo, diseño

Dibujo de Villard, donde vemos su pericia tanto en el trazo artístico como en el técnico

Lo más probable es que sea todo eso y mucho más. El cuaderno contiene unos doscientos cincuenta dibujos, setenta y cuatro de los cuales están relacionados directamente con la arquitectura, es decir, un verdadero compendio gráfico de saber medieval.

Villard es consciente del valor de su cuaderno y de la utilidad que puede tener para quién lo consulte. En este sentido, nos deja escrito que quién lea su libro podrá tener apreciaciones técnicas directas sobre arquitectura, albañilería, carpintería, maquinaria, retrato, dibujo y todo bajo el rigor que la geometría requiere. Pero no acaban aquí sus conocimientos, incluso nos explica con pelos y señales cómo curar las heridas con una fórmula a base de hierbas y vino. Es un técnico experto, puesto que plasma en el cuaderno plantas enteras de edificios o diseños de partes concretas con una precisión y corrección propias de un especialista. Debemos tener en cuenta un dato importantísimo, junto con el tratado romano de Vitruvio, es la única fuente de información sobre técnicas constructivas conocida hasta el Renacimiento.

máquinas, Villard de Honnecourt, diseños

Diferentes tipos de maquinaria diseñados por Villard

Nuestro artista viajero nos abre los ojos a los gustos de la época, los cuales no se limitan solamente al arte del momento, sino que van mucho más allá. A menudo y  equivocadamente se tacha al arte medieval de encerrado en sí mismo. No hay afirmación más desviada de la realidad. Villard nos lo confirma cuando en sus dibujos representa referencias e influencias al uso provenientes del arte antiguo romano, tan abundante y significativo en las regiones por las que transita.

Villard, proporciones, geometría

Rostros, proporciones, anotaciones…La geometría como configuración de todo lo existente

Seguramente el testimonio de Villard no fue una excepción de la época. Por la difusión de ciertas tendencias, estilos, motivos ornamentales, rasgos característicos o gustos específicos, es fácil pensar que las imágenes y las referencias viajaban con los artistas y que muchos de estos creadores llevaban consigo lo que denominaríamos libros de modelos, es decir recopilaciones de obra propia y de obra ajena que copiaban y transmitían por donde pasaban. De este modo podemos explicar fenómenos artísticos como los intercambios e influencias estilísticas que, por ejemplo, se evidencian en la pintura medieval. Sin estos modelos itinerantes sería imposible explicar modas, gustos y tendencias que se extendieron por toda Europa.

Arbotantes de la catedral de Reims, seguramente copiados por Villard directamente de los planos del arquitecto de la misma

Es imprescindible disfrutar del cuaderno de Villard si queremos entrar en las ideas de la época y sumergirnos en la manera de representar gráficamente este pensamiento medieval. Aquello que el autor escoge no es nunca irrelevante. Nada está elegido al azar, todo tiene su importancia, su por qué y su función. El libro es un tratado práctico, variadísimo, pensado y elaborado para ser usado, y precisamente es este hecho el que debe hacernos reflexionar sobre lo peculiar del arte medieval, muy alejado de lo oscuro, de lo tétrico y de lo monótono, como las apreciaciones románticas del mismo nos han querido vender.

UN TESORO DE VERONA

Si visitamos el norte de Italia, Verona es una de las ciudades que no debemos dejar escapar. No solamente porque la elegancia de sus calles nos atrae constantemente, sino porque además podemos dar con sorprendentes vestigios romanos, y no hablamos únicamente de la famosa Arena. La ciudad alberga numerosos tesoros derivados de sus esplendores históricos. Una de esas maravillas es sin lugar a dudas la iglesia de Sant’Anastasia.

Sant'Anastasia de Verona: fachada gótica. Gótico meridional

Fachada principal de Sant’Anastasia, única parte no concluida de la iglesia

La edificación empezó a construirse en 1290 y es un impresionante ejemplo del Gótico meridional italiano. Está ubicada en pleno casco histórico de Verona y se erigió gracias a la familia gobernante del momento, los Scaligeri, y con la colaboración de otras familias potentes de la ciudad. Se sitúa donde habían existido anteriormente dos iglesias dedicadas a Santa Anastasia y a San Remigio, las cuales eran cuidadas y dirigidas por frailes dominicos. Cuando se tomó la decisión de alzar una sola iglesia, los mismos frailes pidieron que fuera erigida en honor a uno de los mártires más famosos de la Orden Dominica: San Pedro de Verona, oriundo de la ciudad y canonizado en 1253, es decir, en fecha cercana a la citada de 1290. Los veroneses, sin embargo, debido a la devoción que profesaban a Santa Anastasia, siguieron denominando a la iglesia por esta advocación. Las obras de construcción se prolongaron hasta el 1500. De enormes dimensiones, es la iglesia más grande de la ciudad, con tres naves sostenidas por doce columnas de mármol rosso di Verona (un preciosísimo mármol que se obtiene en las montañas cercanas a la ciudad, el cual posee un sugerente color rosado y una textura de apariencia mantecosa totalmente singular).

Sant'Anastasia de Verona, Gótico meridional, mármol rosso de Verona, bóvedas decoradas

El alucinante interior de Sant’Anastasia con sus bóvedas de crucería laboriosamente decoradas

Como podemos apreciar, el interior de Sant’Anastasia es una verdadera gozada. Nos adentramos en un espacio gótico por excelencia, generoso, dinámico, muy diferente al Gótico septentrional, con la particularidad de las decoraciones que lo embellecen, dándonos una sensación de luminosidad y de recubrimiento del espacio que, al contrario de saturarnos, lo que hace es invitarnos a respirar con placidez. Fijémonos un poquito más de cerca en estos motivos ornamentales:

Sant'Anastasia de Verona, bóvedas ornamentadas, santos, iluminaciones

Decoraciones de una de las bóvedas de Sant’Anastasia con retratos de santos y ornamentaciones principalmente vegetales

Al vernos inseridos en este entorno absoluta y minuciosamente ornamentado, parece que nos hemos infiltrado en el interior de un manuscrito repleto de iluminaciones, como si formásemos parte de las páginas de un pergamino medieval. La sensación es realmente impresionante.

La iglesia custodia multitud de obras de arte diferentes, pero hay un rinconcito elevado que requiere nuestra atención. Hablamos del detalladísimo fresco San Giorgio e la principessa de Pisanello:

Pisanello, Sant'Anastasia, San Giorgio e la principessa, obra maestra

Antonio di Puccio Pisano, llamado il Pisanello, nos muestra su maestría en el fresco pintado en Sant’Anastasia

El fresco, en un primer momento, formó parte de la decoración íntegra de la capilla Pellegrini de la misma iglesia, encargada hacia 1434. Desgraciadamente, problemas de humedades echaron a perder los muros de dicha capilla destruyendo las pinturas.  Solamente se pudo salvar este fragmento, considerado la obra maestra del pintor. De este modo, se trasladó esta parte superviviente donde la vemos hoy, encima de uno de los arcos del transepto. La pintura nos muestra el momento clave en que san Jorge se dispone a montar su caballo blanco e ir a dar muerte al dragón, bajo la mirada impasible y refinada de la princesa, que vemos de perfil. La calidad de la ejecución de Pisanello es extraordinaria, sobre todo si observamos la textura de ropajes y armaduras, incidiendo  además en el realismo con que pinta los caballos en escorzo, una habilidad al alcance de pocos. Distinguimos, al fondo de la composición, la aparición de una ciudad de cuento, con torres y arquitecturas variadas, que confieren al paisaje una sofisticación especial. En la parte superior izquierda vemos, no sin perplejidad, dos ejecutados colgados del cuello. ¿Pisanello nos quiere mostrar aún más realismo? ¿Tiene la voluntad de integrar en su paisaje una imagen habitual en la cotidianeidad de las ciudades de la época? ¿Puede haber algún simbolismo oculto en la representación de los ajusticiados?…

Como hemos apuntado anteriormente, podríamos detenernos continuamente dentro de Sant’Anastasia y no pararíamos de descubrir elementos y detalles que nos llamarían la atención. De este modo, si al entrar a la iglesia no hemos reparado en ello, seguro que al disponernos a salir, casi nos tropezaremos con unos callados personajes de naturaleza pétrea. Son sin duda una auténtica maravilla: los jorobados que sostienen las pilas del agua bendita.

Jorobados de Sant'Anastasia de Verona, sufrientes esculpidos, pila de agua bendita

Escultura, sufrientes esculpidos, Sant'Anastasia, pila de agua bendita

Jorobados de Sant’Anastasia. Podemos apreciar el color y textura del mármol rosso de Verona

Estos sufrientes esculpidos, como podemos observar estupendamente realizados, soportan perennemente sobre su espalda un peso descomunal. Nos acordaremos entonces, que según la tradición, debemos tocar precisamente su joroba para que nos dé suerte: así que no podemos dejar de hacerlo antes de abandonar este fenomenal monumento veronés.