LA INSACIABLE BÚSQUEDA DEL GRIAL

Desde que Chrétien de Troyes hablara de él a finales del siglo XII, el Grial ha sido objeto y objetivo de decenas y decenas de búsquedas, historias, leyendas, pesquisas y elucubraciones. Todavía hoy en día no sabemos qué es exactamente. El Grial se ha tratado tanto como algo filosófico, inmaterial, como algo físico, material. Vamos a ocuparnos de su apariencia física más representada: la forma de cáliz, es decir el recipiente en el que Jesús instauró la Eucaristía en la Última Cena, al consagrar el vino en él como recordatorio de su propia sangre. La apariencia más representada de éste elemento, ha sido principalmente la de una gran copa, más o menos rica en materiales, y siempre venerada.

Hace relativamente poco, el papa Francisco ha concedido el Año Jubilar, cada cinco años, a un cáliz concreto: el que se custodia en la catedral de Valencia. Hay muy pocas reliquias que gozan de este privilegio. Está documentado que el cáliz ya circulaba por el mundo en el siglo III. Fue en ese momento cuando el papa Sixto II ordenó a su diácono, San Lorenzo, la ocultación del cáliz para que no fuera destruido en las furibundas persecuciones que el emperador Valeriano lanzaba contra los cristianos.

Cáliz de la catedral de Valencia

Cáliz de la catedral de Valencia

Supuestamente, el cáliz habría sido encontrado en la tumba de San Lorenzo, abierta por mandato del papa Pelagio II en el siglo VI. Ésta acción es descrita por el papa Gregorio Magno, sucesor del papa Pelagio. Sería el propio Gregorio Magno quién habría regalado el cáliz al rey visigodo Recaredo a finales de ese mismo siglo VI, y por ese motivo la reliquia habría llegado a la Península Ibérica. Es una teoría. Hay otras que explican por vías diferentes la llegada de la reliquia a la ciudad del Turia.

El cáliz que nos ocupa está compuesto por diferentes partes. La reliquia en sí, es un vaso de ágata (una variedad cristalizada del cuarzo, muy apreciada en la Antigüedad) de 17cm de altura y 9,5cm de diámetro, al que posteriormente se le añadieron otros elementos.

Taza de ágata que conforma la reliquia del Grial de Valencia

Taza de ágata que conforma la reliquia del Grial de Valencia

Esta especie de copa se considera elaborada entre los años 100 y 50 a. C. y se reconoce su origen oriental. Los elementos añadidos son las magníficas asas ornamentadas y el pie de oro delicadamente labrado y enriquecido. Éste consta de un eje central hexagonal, con un abultado nudo circular en su mitad, el cual se apoya en un soporte en forma de plato invertido bellamente ornado con veintiocho perlas, dos rubís y dos esmeraldas.

La peculiaridad de esta pieza, consideremos o no que pueda ser el codiciado Grial, es significativa. Es una pequeña joya que encierra, sin duda, muchas historias por descubrir. Y ahora que se le ha otorgado este privilegio devocional, esperemos que siga despertando el interés de historiadores y filósofos. Ya interesó a artistas de primera línea como Juan de Juanes, el cual en uno de sus cuadros más espléndidos, la Última Cena (c. 1562), pinta el cáliz de Valencia ocupando el lugar que le corresponde:

Juan de Juanes, Última Cena, c. 1562, Museo Nacional del Prado, Madrid

Juan de Juanes, Última Cena, c. 1562, Museo Nacional del Prado, Madrid

Desde luego, y como ocurre con tantas otras reliquias, hay cantidad de Santos Griales repartidos por el mundo. En Europa están contabilizados unos doscientos… Y además, los más devotos creyentes de unos y otros están convencidos que el suyo es el auténtico. De este modo, al Grial valenciano le salieron competidores desde hace siglos. Seguramente el rival más aventajado es el cáliz que se conserva en la colegiata de San Isidoro de León, el denominado Cáliz de Doña Urraca, donado por la infanta doña Urraca, hija del rey Fernando I de León, hacia la mitad del siglo XI.

Cáliz de Doña Urraca custodiado en San Isidoro de León

Cáliz de Doña Urraca custodiado en San Isidoro de León

Podemos apreciar, incluso con las evidentes diferencias de ornamentación del cáliz, que se trata de una pieza similar a la de Valencia. La reliquia sigue siendo una copa de ágata revestida y ornamentada con elementos de oro y piedras preciosas. Es obvio que esta tipología de reliquia para designar la copa sagrada tuvo mucha fortuna ya desde antiguo. Lo fascinante es que hoy podemos disfrutar de estas estupendas obras de orfebrería y acercarnos a ellas con ojos ansiosos de historia, independientemente de si creemos que son lo que representan. Dejémonos llevar por el espíritu caballeresco y votivo de Chrétien de Troyes y disfrutemos de estas maravillas y sus enigmáticas historias…

Miniatura representando el grial en una de las historias de Chrétien de Troyes

Miniatura representando el grial en una de las historias de Chrétien de Troyes

 

 

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ANATOMÍA DE BOLONIA

Muchas virtudes genera la ciudad de Bolonia. Aparte de su deliciosa y variada pasta fresca, de la estupenda salsa boloñesa y de ser considerada una de las ciudades más influyentes de Italia, esconde maravillas inesperadas. Además, y no es poca cosa, su Universidad es la más antigua de Europa, en activo desde el siglo XI. En ella se llevaron a cabo los estudios más prestigiosos de Jurisprudencia y de Filosofía, Matemática, Medicina, Ciencias físicas y Ciencias Naturales.

Precisamente hacia el edificio que albergaba la originaria sede de los estudios universitarios dirigimos nuestra mirada de hoy. En la actualidad funciona como biblioteca pública, pero fue erigido en pleno casco antiguo boloñés con el fin de acoger en una única ubicación todos las disciplinas que la Universidad impartía y que, desde su creación, estaban dispersas en diferentes lugares de la ciudad.

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Edificio del Archiginnasio de Bolonia visto desde el patio con pórticos de su interior

Este nuevo emplazamiento, cuya construcción finalizó en 1563, fue nada más y nada menos que un encargo papal. Pío IV ordenó su construcción bajo la supervisión del cardenal Carlo Borromeo, es decir, el futuro San Carlos Borromeo. Estas eminentes personalidades pensaron que un buen arquitecto para sacar adelante el proyecto sería Antonio Morandi, y no se equivocaron. El edificio es imponente, elegantísimo y adecuado a sus funciones. El arquitecto creó una nueva fachada y reorganizó su proyecto constructivo sobre edificaciones anteriores. Bajo los cánones renacentistas, la construcción responde a las características edilicias que dictó el arquitecto romano Vitruvio y que serían, sobretodo en el Renacimiento, las directrices seguidas por cualquier arquitecto que se preciara. Hablamos de la Solidez (Fortitudo), la Funcionalidad (Utilitas) y la Belleza (Venustas). La nueva edificación se bautizó con el nombre de Archiginnasio, denominación que todavía mantiene actualmente.

Entramos por el patio porticado y subimos las escaleras que vemos a nuestra izquierda. No podemos dejar de observar el hecho de que paredes, bóvedas y techos están completamente decoradas con escudos heráldicos y inscripciones en honor a insignes personajes de la casa. Se cuentan más de siete mil escudos que inmortalizan el paso por la Universidad boloñesa tanto de alumnos como de profesores, desde el siglo XVI hasta principios del XIX, cuando el edificio dejó de funcionar como sede de los estudios por nuevas necesidades prácticas.

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Pared con escudos heráldicos en el Archiginnasio boloñés

Una de las disciplinas que se estudiaba en el Archiginnasio era la medicina y para el aprendizaje de la misma era imprescindible, como lo es hoy, el estudio de la anatomía. Para enseñar a los alumnos la disección de cadáveres y todo lo que conlleva se construyó, en 1637, el alucinante Teatro Anatómico de la Universidad de Bolonia. Totalmente elaborada en madera y con forma de anfiteatro, la sala se nos presenta como un mundo aparte. Entramos en ella y no podemos escapar a la sensación de ser transportados directamente al seno de la curiosidad estudiantil ambientada en el siglo XVII: escalpelo en mano, nos viene a la memoria el famosísimo cuadro de Rembrandt y, de paso, un escalofrío al ponernos en situación…

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Teatro Anatómico de Bolonia. Realmente espectacular.

El artífice del Teatro fue el arquitecto Antonio Paolucci llamado Il Levanti y responde a los gustos intelectuales del momento y a la erudición que una sala de estas características debe desprender. De este modo, en lo alto y rodeando el anfiteatro, distinguimos bustos en madera de médicos anatomistas reputados que estudiaron en la Universidad boloñesa, mientras que a media altura contemplamos doce estatuas de médicos importantes, tanto antiguos como de la historia italiana conocida hasta entonces (Hipócrates, Galeno, Sbaraglia, Aranzio, Varignana,…). En medio de la sala, la sobrecogedora mesa de disección, con su blanco y duro mármol…
Otro elemento que requiere nuestra atención, sin duda es la Cátedra del Lector:

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Cátedra del Teatro Anatómico

Las estatuas que podemos ver son absolutamente magníficas. Impresionan sobremanera, ya que salta a la vista que son dos desollados esculpidos en madera (en el año 1734) y cuyo realismo no es apto para impresionables. Coronando la Cátedra: la personificación de la Anatomía.
Incluso el techo es digno de admiración. Observamos al dios Apolo (protector de la medicina) en el centro, acompañado por las personificaciones de catorce constelaciones: Géminis, Hidra, Perseo, Orión, Sagitario, Acuario, Andrómeda, Serpiente, Bootes, León, Auriga, Virgo, Hércules y Centauro. En la época, como en la Antigüedad, se relacionaba la astrología con el cuerpo humano. En tiempo de los primeros médicos conocidos, las predicciones astrológicas eran tenidas en cuenta antes de abordar las operaciones medicinales, los diagnósticos o los remedios a aplicar.

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Techo del Teatro, donde contemplamos a Apolo en el centro, rodeado de las Constelaciones

Como se puede constatar, ir a Bolonia y no disfrutar de este encuentro con la ciencia del pasado sería una verdadera lástima. Añadir que la capacidad destructiva humana propició, durante la Segunda Guerra Mundial, que un bombardeo en 1944, destruyera buena parte del Teatro Anatómico. Pero recalcar también que, gracias a la tenacidad constructiva humana, los boloñeses recogieron astilla a astilla y pedazo a pedazo de este extraordinario anfiteatro y lo reconstruyeron con todos los elementos originales. Casi nada.