CARISSIMI Y MARÍA ESTUARDO

Una de las principales maravillas que el Barroco musical nos ha legado son las composiciones llamadas lamentos. Son propias básicamente del Seicento, es decir, del siglo XVII, compuestas en italiano y con unas características que les dan forma y que refuerzan su sentido dramático. Se han conservado diversos ejemplos que nos proporcionan diferentes visiones del quejido, del gemido, en definitiva de la lamentación que en un determinado momento una persona declama, mostrando públicamente su desgracia, llorando con su canto y haciéndonos partícipes de su tragedia. Conocemos lamentos barrocos con temática variada. Los que más abundan corresponden a temas amorosos, pero también los hay políticos e incluso alguno en tono irónico y jocoso.

Hablaremos hoy de uno de los Lamentos más intensos y dramáticos. Se trata del Lamento di Maria Stuarda, también titulado Lamento della Regina di Scozia: el Lamento de María Estuardo o Lamento de la Reina de Escocia, compuesto probablemente entorno a 1620 por Giacomo Carissimi.

Retrato de María Estuardo, escuela anglo-escocesa, realizado aproximadamente hacia 1558-1560

Retrato de María Estuardo, escuela anglo-escocesa, realizado aproximadamente hacia 1558-1560

Carissimi, experto en adaptar perfectamente la música a las palabras, despliega en esta obra todos los recursos expresivos que su talento es capaz de destilar, para ofrecernos una composición donde el sentimiento humano hecho arte nos sobrecoge a cada instante. El Lamento di Maria Stuarda nos muestra justo el momento en el cual María Estuardo es conducida al patíbulo, donde será decapitada por orden de su prima Isabel I de Inglaterra.

El compositor quiere remarcar varios aspectos muy importantes: la dignidad de la reina a la hora de morir, la defensa de la religión católica, el amor de María a sus súbditos, la injusticia de su condena y su inocencia. Cada parte de la obra, la cual tiene una duración total de unos diez minutos aproximadamente, está dedicada a realzar de forma muy determinante los elementos anteriores. El Lamento empieza con estas palabras:

Ferma, lascia ch’io parli, sacrilego ministro!

Se ben fato­ inclemente

a morte indegna come rea mi destina,

vissi e moro innocente,

son del sangue Stuardo e son Regina.

Perche bendarmi i lumi?

¡Detente, deja que hable, ministro sacrílego!

Si bien el destino inclemente

una muerte indigna que como rea me destina,

vivo y muero inocente,

soy de sangre Estuardo y soy Reina.

¿Por qué vendarme los ojos?

Imaginemos la escena. María, rodeada de sus fieles damas, no deja que sus ojos sean vendados antes de su ejecución y declama su discurso, su lamento, proclamando su inocencia con elegancia máxima, reforzando de este modo su propia razón y mirando de frente a la muerte. Afronta su destino con fuerza y con valor: no se espera menos de una reina. Debemos dejar que el pensamiento barroco nos invada… Es tiempo de morir, matar y vivir por honor. Tiempo de gestos simbólicos. Tiempo de teatralizar absolutamente todos los sentimientos, ideas y deseos.

Retrato de Giacomo Carissimi

Retrato de Giacomo Carissimi

Carissimi da voz a María Estuardo, y con ella, da voz al propio Catolicismo y a la defensa que del mismo se hace desde la Iglesia de la época. Es política, es religión, es fe, es orgullo, es el sentimiento de una época. No olvidemos que el compositor es sacerdote y trabaja durante muchísimo tiempo como Maestro de Capilla en San Apolinar de Roma. Esta realidad, no obstante, no impide que Carissimi pueda ahondar en la pasión humana. Y lo hace de manera sublime, en esta obra, y en el resto de composiciones que de él nos han llegado. Sabe cómo mostrarnos la parte regia del personaje, pero también el aspecto humano de la reina: María tiene palabras de afecto para sus damas con las que espera reunirse en el Paraíso, palabras que suspiran por la ciudad de Londres en manos de los anglicanos, o palabras durísimas que describen cómo el hacha del justiciero le infligirá uno y mil golpes derramando su sangre sin remedio.

Condena de María Estuardo firmada por Isabel I de Inglaterra

Condena de María Estuardo firmada por Isabel I de Inglaterra

Una experiencia fantástica escuchar esta obra magnífica, que nos conduce a una de las formas intelectuales más elaboradas de la cantata barroca y que debe ayudarnos a disfrutar de las obras de arte del primer Barroco, repletas de simbología, pasión y visceralidad revestida de elegancia. No existen muchas versiones de la obra, puesto que es un tipo de música bastante desconocida y muy difícil de ejecutar, pero podemos indagar en la serie de tres CD que la casa Naxos dedica a los Lamenti Barocchi (el de María Estuardo está en el tercer volumen), dentro de la colección Early Music-Alte Musik.

 

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ANATOMÍA DE BOLONIA

Muchas virtudes genera la ciudad de Bolonia. Aparte de su deliciosa y variada pasta fresca, de la estupenda salsa boloñesa y de ser considerada una de las ciudades más influyentes de Italia, esconde maravillas inesperadas. Además, y no es poca cosa, su Universidad es la más antigua de Europa, en activo desde el siglo XI. En ella se llevaron a cabo los estudios más prestigiosos de Jurisprudencia y de Filosofía, Matemática, Medicina, Ciencias físicas y Ciencias Naturales.

Precisamente hacia el edificio que albergaba la originaria sede de los estudios universitarios dirigimos nuestra mirada de hoy. En la actualidad funciona como biblioteca pública, pero fue erigido en pleno casco antiguo boloñés con el fin de acoger en una única ubicación todos las disciplinas que la Universidad impartía y que, desde su creación, estaban dispersas en diferentes lugares de la ciudad.

Bolonia, Archiginnasio, Anatomía

Edificio del Archiginnasio de Bolonia visto desde el patio con pórticos de su interior

Este nuevo emplazamiento, cuya construcción finalizó en 1563, fue nada más y nada menos que un encargo papal. Pío IV ordenó su construcción bajo la supervisión del cardenal Carlo Borromeo, es decir, el futuro San Carlos Borromeo. Estas eminentes personalidades pensaron que un buen arquitecto para sacar adelante el proyecto sería Antonio Morandi, y no se equivocaron. El edificio es imponente, elegantísimo y adecuado a sus funciones. El arquitecto creó una nueva fachada y reorganizó su proyecto constructivo sobre edificaciones anteriores. Bajo los cánones renacentistas, la construcción responde a las características edilicias que dictó el arquitecto romano Vitruvio y que serían, sobretodo en el Renacimiento, las directrices seguidas por cualquier arquitecto que se preciara. Hablamos de la Solidez (Fortitudo), la Funcionalidad (Utilitas) y la Belleza (Venustas). La nueva edificación se bautizó con el nombre de Archiginnasio, denominación que todavía mantiene actualmente.

Entramos por el patio porticado y subimos las escaleras que vemos a nuestra izquierda. No podemos dejar de observar el hecho de que paredes, bóvedas y techos están completamente decoradas con escudos heráldicos y inscripciones en honor a insignes personajes de la casa. Se cuentan más de siete mil escudos que inmortalizan el paso por la Universidad boloñesa tanto de alumnos como de profesores, desde el siglo XVI hasta principios del XIX, cuando el edificio dejó de funcionar como sede de los estudios por nuevas necesidades prácticas.

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Pared con escudos heráldicos en el Archiginnasio boloñés

Una de las disciplinas que se estudiaba en el Archiginnasio era la medicina y para el aprendizaje de la misma era imprescindible, como lo es hoy, el estudio de la anatomía. Para enseñar a los alumnos la disección de cadáveres y todo lo que conlleva se construyó, en 1637, el alucinante Teatro Anatómico de la Universidad de Bolonia. Totalmente elaborada en madera y con forma de anfiteatro, la sala se nos presenta como un mundo aparte. Entramos en ella y no podemos escapar a la sensación de ser transportados directamente al seno de la curiosidad estudiantil ambientada en el siglo XVII: escalpelo en mano, nos viene a la memoria el famosísimo cuadro de Rembrandt y, de paso, un escalofrío al ponernos en situación…

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Teatro Anatómico de Bolonia. Realmente espectacular.

El artífice del Teatro fue el arquitecto Antonio Paolucci llamado Il Levanti y responde a los gustos intelectuales del momento y a la erudición que una sala de estas características debe desprender. De este modo, en lo alto y rodeando el anfiteatro, distinguimos bustos en madera de médicos anatomistas reputados que estudiaron en la Universidad boloñesa, mientras que a media altura contemplamos doce estatuas de médicos importantes, tanto antiguos como de la historia italiana conocida hasta entonces (Hipócrates, Galeno, Sbaraglia, Aranzio, Varignana,…). En medio de la sala, la sobrecogedora mesa de disección, con su blanco y duro mármol…
Otro elemento que requiere nuestra atención, sin duda es la Cátedra del Lector:

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Cátedra del Teatro Anatómico

Las estatuas que podemos ver son absolutamente magníficas. Impresionan sobremanera, ya que salta a la vista que son dos desollados esculpidos en madera (en el año 1734) y cuyo realismo no es apto para impresionables. Coronando la Cátedra: la personificación de la Anatomía.
Incluso el techo es digno de admiración. Observamos al dios Apolo (protector de la medicina) en el centro, acompañado por las personificaciones de catorce constelaciones: Géminis, Hidra, Perseo, Orión, Sagitario, Acuario, Andrómeda, Serpiente, Bootes, León, Auriga, Virgo, Hércules y Centauro. En la época, como en la Antigüedad, se relacionaba la astrología con el cuerpo humano. En tiempo de los primeros médicos conocidos, las predicciones astrológicas eran tenidas en cuenta antes de abordar las operaciones medicinales, los diagnósticos o los remedios a aplicar.

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Techo del Teatro, donde contemplamos a Apolo en el centro, rodeado de las Constelaciones

Como se puede constatar, ir a Bolonia y no disfrutar de este encuentro con la ciencia del pasado sería una verdadera lástima. Añadir que la capacidad destructiva humana propició, durante la Segunda Guerra Mundial, que un bombardeo en 1944, destruyera buena parte del Teatro Anatómico. Pero recalcar también que, gracias a la tenacidad constructiva humana, los boloñeses recogieron astilla a astilla y pedazo a pedazo de este extraordinario anfiteatro y lo reconstruyeron con todos los elementos originales. Casi nada.

LÁGRIMAS DE MONTEVERDI

Vamos a situarnos a principios del siglo XVII, en una de las ciudades más bellas, únicas e insólitas del mundo: Venecia. En agosto de 1613, y después de pasar lo que nosotros denominaríamos unas oposiciones, Claudio Monteverdi es elegido, por unanimidad, maestro de capilla de la basílica de San Marco de Venecia. Desde 1590 y hasta 1612, el compositor había estado al servicio de los Gonzaga en la corte de Mantua. Una relación profesional llena de desacuerdos y de fricciones, las cuales no afectaron en lo más mínimo, ni la inmensa y extraordinaria producción musical de esos años, ni la calidad indiscutible de la misma. Lo cierto, y las cartas personales escritas por el propio Monteverdi nos lo certifican, es que en Venecia es feliz. Puede trabajar serenamente, componer a su ritmo y ser pagado regularmente, además de tener a sus órdenes a un ayudante con el cargo de vicemaestro, a dos organistas, a más de treinta cantores y a más de veinte instrumentistas de cuerda y viento, lo que supone un número de músicos profesionales absolutamente elevado para las formaciones de la época.

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Claudio Monteverdi según un retrato de Bernardo Strozzi realizado en 1640

Es en 1614, en este favorable ambiente, y cuando Monteverdi tiene cuarenta y siete años, cuando publica su Sexto Libro de Madrigales. Pongámonos en antecedentes. El madrigal será el tipo de composición poético-musical escogida mayoritariamente para dar rienda suelta a la música vocal profana del momento. Surge del interés, a finales del Renacimiento, por recuperar la importancia y el entendimiento del texto que se canta, frente a la complejidad de la polifonía renacentista, donde la música es la protagonista, en detrimento de la palabra. El origen del madrigal en Italia viene dado por composiciones como las frottole (de moda desde finales del siglo XV hasta mediados del XVI), es decir, canciones estróficas donde voces e instrumentos suenan a la par, con armonías sencillas, en las que aquello que se dice es lo interesante. No obstante, esta simplicidad se verá superada rápidamente, sobre todo si tenemos en cuenta que el madrigal se cultivará en ámbitos cultos, refinados, y de una intelectualidad al alcance de pocos. Por este motivo, estos pensadores humanistas irán más allá en la búsqueda de la pureza de la palabra y recurrirán a las tragedias griegas antiguas donde el texto era lo fundamental aunque fuera recitado con música. El madrigal necesitará entonces una forma mucho más rica e interesante que la de la frottola. Habitualmente será escrito a cinco voces cantadas, con la posibilidad de ser dobladas, o no, por instrumentos, a elección de los intérpretes.

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Portada de la publicación en Venecia del Sexto Libro de Madrigales de Monteverdi

Y utilizará poesía no basada en una estructura de innumerables estrofas, sino en formas poéticas más breves y concentradas, como los sonetos, las octavas, etc., de manera que si una poesía, por ejemplo, se compone de cuatro partes, cada una de ellas será un madrigal. Añadiremos a todo esto el hecho de que Monteverdi escoge poesías de primer nivel. Desde Petrarca y Boccaccio hasta los mejores poetas contemporáneos como son Rinuccini, Guarini o Tasso, entre otros. Una suma de excelencias que procurará a nuestros oídos una música que mueve directamente las pasiones del alma.

Es a este llamamiento directo de los sentimientos al que apelamos cuando dirigimos nuestra atención a una de las obras que contiene el citado Sexto Libro de Madrigales. Se trata de la Sestina, subtitulada: Lagrime d’amante al sepolcro dell’amata (Lágrimas del amante sobre el sepulcro de su amada). La constatación de que el libro se publicara en 1614 no quiere decir que sus composiciones fuesen de ese año.

Es el caso de la Sestina, elaborada seguramente en 1608, cuando el compositor todavía trabajaba en Mantua. Es en febrero de ese año cuando ocurre una desgracia inesperada en la corte del duque Vincenzo Gonzaga. La joven y competentísima cantante romana Caterina Martinelli, también al servicio de la corte mantuana, enferma y fallece. La muerte de Caterina, muy apreciada por el duque Vincenzo y por Monteverdi -ya que probablemente tomó clases de canto con la esposa del compositor-, entristece enormemente a todo su entorno. El duque encarga al poeta Scipione Agnelli los versos de la Sestina y a Monteverdi su puesta en música.

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Partitura de una Salve Regina de Monteverdi, donde vemos la notación musical del siglo XVII y la misma pieza en notación musical de nuestros días

Llamamos Sestina a la composición, precisamente porque consta de seis partes que a su vez están constituidas por seis versos cada una de ellas, más un breve epílogo de tres versos. La temática y la dedicación de estas poesías nos la podemos imaginar: dolor, desesperación, impotencia, desgarro, tristeza extrema ante lo que ya no tiene marcha atrás: la muerte de la persona amada. Glauco, nuestro pastor enamorado, llora y se lamenta sobre la tumba de Corinna, el amor de su vida que yace en un frío sepulcro. Monteverdi es capaz de mostrarnos, con su talento, tal sentimiento, tal fuerza y tal dimensión de la tristeza hecha música que no puedo explicaros con palabras todo lo que llega a transmitir. Debéis escuchar la obra para comprender y dejaros llevar por los contrastes anímicos, viscerales y sublimes que ahondan de manera magistral en el sentimiento de cada uno de nosotros. Veréis en la Sestina, el naturalismo de Caravaggio, el cromatismo de Rubens, la perfección de las formas de Bernini… Experimentaréis el amor explicado musicalmente. Y si sois cantantes y alguna vez tenéis la oportunidad de interpretarla, notaréis como el dolor transformado en materia sonora fluye sin remedio por vuestras venas.

Podemos entender todavía mejor esta composición fuera de lo común si pensamos que Monteverdi la escribe para esta joven malograda, pero, según mi opinión, pensando y sintiendo otra muerte: a finales de septiembre de 1607 muere su esposa. Su amada esposa. Nos consta que el compositor estaba muy enamorado de ella y que jamás se recuperó de su falta. Escuchando, sintiendo, viviendo el universo musical completamente adaptado a las palabras que Monteverdi nos ofrece en la Sestina, creo que no nos equivocamos si pensamos que estamos llorando su pérdida con él.

Darà la notte il sol lume alla terra,

splenderà Cintia il di, prima che Glauco

di baciar, d’honorar lasci quel seno

che fu nido d’Amor, che dura tomba preme.

(Dará la noche el sol y la luz a la tierra,

resplandecerá Cintia (la Luna) en el día, antes que Glauco

deje de besar y de honrar ese seno

que fue nido de su Amor, y que la dura tumba aplasta.)

Sólo con leer estos conmovedores versos de la Sestina podemos figurarnos su increíble belleza total. Una recomendación: escuchad la versión del grupo Concerto Italiano publicada por Opus 111 en 1992.