EL CUADERNO MEDIEVAL

El departamento de manuscritos de la Biblioteca Nacional de Francia alberga uno de los testimonios medievales más singulares que ha llegado a nuestros días. Hablamos del cuaderno de Villard de Honnecourt, denominado Livre de portraiture. Un cuaderno realizado en el siglo XIII, donde podemos consultar un impresionante repertorio de dibujos, diseños y curiosidades artísticas. No sabemos exactamente qué profesión tenía Villard, el autor de esta maravilla, pero nos lo podemos imaginar analizando el contenido de su cuaderno. Sí sabemos que era oriundo de Honnecourt, una localidad del norte de Francia, en la región de la Picardía, ubicada en un emplazamiento donde podía tener noticias directas de las innovaciones artísticas del momento.

Imagen del cuaderno de Villard de Honnecourt

Su cuaderno, esta recopilación maravillosa de imágenes, pensamientos y datos, consta de 33 folios de 160x240mm, aunque los historiadores que lo han tratado aseguran que originariamente el número de folios era de 41. Si nos fijamos en la imagen anterior, salta a la vista que Villard es un exquisito dibujante. En ella observamos la precisión del diseño y la belleza de sus trazos. Se interesa, en este caso, por la ornamentación propia de la época. Sabemos también y es evidente por la evolución del contenido del cuaderno, que Villard viajó y viajó mucho. Por ejemplo, sabemos que estuvo en Reims, Laon, Lausanne, Cambrai, Chartres… y también en Hungría. Y lo sabemos porque él nos lo cuenta y porque sus dibujos lo demuestran. En su itinerancia deja constancia de lo que ve y, seguramente, de lo que está trabajando en ese momento. De sus anotaciones podemos deducir que era un entendido en las técnicas de construcción: ¿sería entonces un maestro de obras? También nos habla de máquinas de guerra: ¿sería un ingeniero de la época? Plasma con rigor elementos arquitectónicos concretos: ¿sería un simple observador con buena traza? Dibuja magníficamente figuras escultóricas: ¿sería escultor? Nos detalla ornamentos y peripecias geométricas: ¿sería pintor, copista, viajero curioso?…

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Dibujo de Villard, donde vemos su pericia tanto en el trazo artístico como en el técnico

Lo más probable es que sea todo eso y mucho más. El cuaderno contiene unos doscientos cincuenta dibujos, setenta y cuatro de los cuales están relacionados directamente con la arquitectura, es decir, un verdadero compendio gráfico de saber medieval.

Villard es consciente del valor de su cuaderno y de la utilidad que puede tener para quién lo consulte. En este sentido, nos deja escrito que quién lea su libro podrá tener apreciaciones técnicas directas sobre arquitectura, albañilería, carpintería, maquinaria, retrato, dibujo y todo bajo el rigor que la geometría requiere. Pero no acaban aquí sus conocimientos, incluso nos explica con pelos y señales cómo curar las heridas con una fórmula a base de hierbas y vino. Es un técnico experto, puesto que plasma en el cuaderno plantas enteras de edificios o diseños de partes concretas con una precisión y corrección propias de un especialista. Debemos tener en cuenta un dato importantísimo, junto con el tratado romano de Vitruvio, es la única fuente de información sobre técnicas constructivas conocida hasta el Renacimiento.

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Diferentes tipos de maquinaria diseñados por Villard

Nuestro artista viajero nos abre los ojos a los gustos de la época, los cuales no se limitan solamente al arte del momento, sino que van mucho más allá. A menudo y  equivocadamente se tacha al arte medieval de encerrado en sí mismo. No hay afirmación más desviada de la realidad. Villard nos lo confirma cuando en sus dibujos representa referencias e influencias al uso provenientes del arte antiguo romano, tan abundante y significativo en las regiones por las que transita.

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Rostros, proporciones, anotaciones…La geometría como configuración de todo lo existente

Seguramente el testimonio de Villard no fue una excepción de la época. Por la difusión de ciertas tendencias, estilos, motivos ornamentales, rasgos característicos o gustos específicos, es fácil pensar que las imágenes y las referencias viajaban con los artistas y que muchos de estos creadores llevaban consigo lo que denominaríamos libros de modelos, es decir recopilaciones de obra propia y de obra ajena que copiaban y transmitían por donde pasaban. De este modo podemos explicar fenómenos artísticos como los intercambios e influencias estilísticas que, por ejemplo, se evidencian en la pintura medieval. Sin estos modelos itinerantes sería imposible explicar modas, gustos y tendencias que se extendieron por toda Europa.

Arbotantes de la catedral de Reims, seguramente copiados por Villard directamente de los planos del arquitecto de la misma

Es imprescindible disfrutar del cuaderno de Villard si queremos entrar en las ideas de la época y sumergirnos en la manera de representar gráficamente este pensamiento medieval. Aquello que el autor escoge no es nunca irrelevante. Nada está elegido al azar, todo tiene su importancia, su por qué y su función. El libro es un tratado práctico, variadísimo, pensado y elaborado para ser usado, y precisamente es este hecho el que debe hacernos reflexionar sobre lo peculiar del arte medieval, muy alejado de lo oscuro, de lo tétrico y de lo monótono, como las apreciaciones románticas del mismo nos han querido vender.

GIOTTO Y MENABUOI EN PADUA

Si queremos poner a prueba qué cantidad de belleza son capaces de asumir nuestros ojos y cuanta emoción puede resistir nuestra alma, entonces debemos visitar Padua. La ciudad es bellísima, no solamente porque cuenta con monumentos extraordinarios sino porque además, pasear por sus calles porticadas, contemplando sus hermosos edificios, no tiene parangón.

Calle del centro de Padua

Dos de estos monumentos increíbles son sin lugar a duda la Cappella Scrovegni, situada cerca de la estación ferroviaria y el Baptisterio, ubicado al lado del Duomo.

La Cappella Scrovegni, también denominada Cappella dell’Arena por estar situada donde se alzaba el circo en época romana, es una pequeña edificación que encierra uno de los tesoros más preciados del arte medieval: un ciclo completo de frescos de Giotto. Si deseamos admirarla, lo mejor es concertar visita previa por internet. Cuando tenemos  la entrada en nuestro poder, primeramente pasamos a una sala donde debemos permanecer veinte minutos en una atmósfera protectora especial, que nos desintoxica, para proceder inmediatamente a visitar durante quince minutos esta maravilla del arte.

Giotto termina los frescos de la capilla en el 1306, después de dos años de trabajo. El ciclo cuenta visualmente las vidas de la Virgen María y de Cristo, respectivamente, con la inclusión del Juicio Final en el muro oeste de la edificación. Giotto recibe el encargo de las pinturas por parte de Enrico Scrovegni, un rico comerciante de Padua, cuyo padre había recaudado su fortuna por medio de la usura. Para sanear los remordimientos que Enrico siente al pensar de donde viene la riqueza de la familia, decide construir esta capilla para la redención de sus pecados y la edifica como capilla-panteón familiar, adyacente a su palacio residencial, hoy en día desaparecido.

Interior de la Cappella Scrovegni con los magníficos frescos de Giotto

Todos los frescos que podemos disfrutar en la capilla son una obra maestra, no sólo por la innovación técnica y formal que nos ofrecen sino también por el repertorio visual, expresivo y emocional que nos brindan. No en vano el gran maestro Miguel Ángel recurre a Giotto como modelo fundamental de su arte. Para muestra de ello, una imagen del Lamento por Cristo muerto con el que Giotto nos conmueve:

Si Giotto nos deja boquiabiertos con este despliegue de talento y belleza, Giusto de Menabuoi no queda atrás en los frescos que recubren el interior del Baptisterio paduano. Las pinturas, ejecutadas entre 1375 y 1378 son uno de los testimonios mejor conservados, más completos y de mejor calidad de la pintura del Trecento italiano. Pagando una entrada simbólica, podemos adentrarnos en el universo paralelo que significa visitar el Baptisterio y sumergirse en el arte de Menabuoi. De su pincel sale sin lugar a dudas, una pintura que sin fugarse de la influencia de Giotto, es capaz de imponer su personalidad y mostrar una originalidad, una huella expresiva y una infinidad de matices cromáticos realmente sublime.

Vista de la bóveda y parte de los muros con los extraordinarios frescos de Menabuoi

Poco sabemos de Menabuoi, solamente que nació en Florencia y que nos ha dejado, afortunadamente, estas muestras con las que alimentamos nuestras ansias de belleza.

Disfrutar de cada detalle, de cada gradación de color, de cada línea del dibujo de primera calidad de este artista, es algo de lo que no podemos prescindir si nos gusta apreciar el arte. ¿Hay posibilidad de dudarlo?

Escena de la expresiva Matanza de los Inocentes de Menabuoi

Es asignatura pendiente para los historiadores del arte estudiar a fondo este magnífico maestro, sus influencias, su entorno y su proyección posterior.